
Introducción.
Cuarenta años después de su ingreso en la Unión Europea en 1986, España se encuentra en una encrucijada histórica de proporciones mayores. Lo que entonces se presentó como un camino irreversible hacia la modernización, la estabilidad democrática (entendiendo por democracia, la homologada por el Partido Demócrata de EEUU) y la prosperidad económica se ha transformado, para muchos observadores, en una camisa de fuerza geopolítica y económica que limita gravemente nuestro potencial como nación soberana. Un gobierno verdaderamente responsable, que antepusiera los intereses nacionales de los españoles por encima de las directrices de los grandes oligarcas de EEUU, Israel y Alemania, debería plantearse con seriedad la salida ordenada de la UE —un Spexit realista— y el ingreso en los BRICS, la alianza que hoy representa la única opción con un futuro dinámico y multipolar en el tablero global.
Cifras que engañan.
Es innegable que los indicadores macroeconómicos muestran, a primera vista, una aparente mejora desde la adhesión de España a la antigua Comunidad Económica Europea. El PIB nominal español pasó de unos 244.000 millones de dólares en 1986 a alrededor de 1,73 billones de dólares en 2024, mientras que el empleo se ha expandido notablemente en términos absolutos. Sin embargo, estas cifras ocultan una realidad mucho más preocupante y estructural. Desde 1986, España ha experimentado una profunda desindustrialización: de ser la octava potencia industrial mundial ha pasado a convertirse en una economía fuertemente terciarizada, con un peso excesivo del turismo, los servicios y la construcción. Esta transformación se ha financiado en gran medida con deuda pública que no ha dejado de crecer, y con una dependencia cada vez mayor de las transferencias y el ahorro externo. El campo español está arruinado por la competencia desleal y las regulaciones comunitarias, mientras que la soberanía monetaria se perdió con la adopción del euro, privándonos de herramientas esenciales como la devaluación competitiva o una política cambiaria propia.
Como señaló en su día el exministro de Asuntos Exteriores José Manuel García-Margallo, «España es un país macro-dependiente del ahorro externo, sin peso relevante en las instituciones públicas internacionales, que forma parte de una divisa sobre la que no tiene control». Esta dependencia nos deja expuestos a las decisiones tomadas en Washington, Tel Aviv, Fráncfort o Bruselas, donde los intereses de los grandes oligarcas suelen prevalecer.
La desindustrialización tiene un precio.
Más allá de las cifras agregadas, la pérdida de tejido industrial ha tenido consecuencias profundas y duraderas. Sectores tradicionales como la siderurgia, la construcción naval, la aeronáutica, la automoción clásica o la química pesada han perdido peso relativo, mientras que la economía se ha inclinado hacia actividades de bajo valor añadido y altamente estacionales, como el turismo de masas. Esta terciarización extrema ha generado un mercado laboral precario, con altos niveles de temporalidad y una brecha creciente entre regiones prósperas y zonas interiores o rurales en declive. La falta de una industria fuerte también reduce nuestra capacidad de innovación tecnológica autónoma y nos hace vulnerables a las cadenas de suministro globales controladas por terceros.
En momentos de crisis —como la pandemia o las tensiones geopolíticas actuales— esta dependencia se traduce en inflación importada, escasez de productos esenciales y mayor dificultad para salir de la precarización laboral, que empuja a los jóvenes autóctonos a opositar para conseguir puestos de trabajo estatales que ni cotizan a la Seguridad Social ni, en términos marxistas, aportan valor o plusvalor a la sociedad. La pertenencia a la UE, lejos de protegernos, ha acelerado este proceso de especialización forzada en servicios, beneficiando principalmente a las economías más industrializadas.
Los BRICS: El futuro de España y de la Iberofonía.
Mientras la UE se estanca en debates estériles, en una burocracia opaca y con privilegios que recuerdan a la nobleza del Antiguo Régimen, al otro lado los BRICS (actualmente integrados por Brasil, Rusia, India, China, Suráfrica y nuevos miembros como Irán, Egipto, Etiopía, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita e Indonesia) representan ya casi la mitad de la población mundial y han superado en términos de PIB en paridad de poder adquisitivo (PPA) al G7 en los últimos años. Este bloque controla la mayoría de los recursos naturales y energéticos del planeta y se ha consagrado como una alternativa real, pragmática y en expansión al orden económico mundial, dominado por EEUU. Estudios como el de la Universidad de Valladolid subrayan que, en un contexto de tensiones geopolíticas y reconfiguración de las cadenas de valor globales, los BRICS ofrecen oportunidades estratégicas para empresas españolas en sectores como servicios avanzados, construcción, infraestructuras y energías renovables. Lejos de ser un club ideológico cerrado, los BRICS funcionan como una plataforma flexible de cooperación económica y comercial basada en el respeto a la soberanía de cada miembro.
La Iberofonía como puente estratégico hacia los BRICS.
España no llegaría sola a los BRICS. Contamos con un activo único: La Iberofonía, esa vasta comunidad cultural, lingüística y económica que abarca España, Portugal y Andorra en Europa, y también Iberoamérica, Iberoáfrica, Iberoasia e Iberooceanía, en aquellos países donde el español o el portugués siguen siendo las lenguas de la nación, además de ser las dos únicas lenguas civilizatorias mutuamente comprensibles en un alto porcentaje. Países como México, Brasil, Argentina, Colombia o incluso naciones africanas como Angola y Mozambique, y otras con fuerte presencia hispana, podrían servir de puente natural.
Un acercamiento soberano a los BRICS permitiría a España reforzar lazos con economías emergentes que comparten desafíos similares: desarrollo de infraestructuras, transición energética y defensa de intereses frente a los bloques dominantes. La red de relaciones históricas y culturales de España en Iberoamérica e Iberoáfrica se convertiría en un valor añadido estratégico, en lugar de ser un simple receptor de directivas burocráticas.
La China que mira a España y a la Iberofonía: Una relación comercial de 461 años, ahora en auge.
La relación comercial entre España y China no es nueva: se remonta al Galeón de Manila en 1565 y ha sido históricamente fructífera. Hoy, sin embargo, está condicionada por las reglas restrictivas impuestas por la UE y, especialmente, por EEUU. Aun así, el gobierno español del PSOE ha mostrado señales de pragmatismo. La nueva Estrategia Asia-Pacífico presentada en 2026 plantea avanzar en una agenda bilateral positiva y ambiciosa con China, reforzando la asociación estratégica integral.
Los datos son claros: China se ha consolidado como uno de los principales proveedores de España, superando en importancia a socios tradicionales en ciertos rubros. Las exportaciones españolas de porcino hacia China superaron los 1.500 millones de euros en 2024, y en el primer semestre de 2025 las exportaciones agroalimentarias totales ya rozaban los 900 millones. China ve en España un socio clave para productos agrícolas de calidad, tecnología y turismo de alto nivel.
La visita del rey Felipe VI a Pekín en noviembre de 2025 y los encuentros de alto nivel simbolizan esta búsqueda de equilibrio. Temas como la instalación de fábricas de vehículos eléctricos chinos en España, la inversión en movilidad verde y la reducción del déficit comercial destacan en la agenda. Mientras la UE nos impone barreras para eliminar la competencia para el sector industrial de Alemania y Francia, España explora vías para reindustrializarse por libre, gracias a capital, conocimiento y tecnología china.
Rusia: El socio en potencia al que las sanciones nos cierran.
La pertenencia a la UE se convierte aquí en un obstáculo directo. Las sanciones impuestas tras el conflicto en Ucrania han destruido el comercio bilateral: las exportaciones españolas a Rusia cayeron de 2.200 millones de euros en 2021 a apenas 783 millones en 2024, un desplome superior al 64 %. El número de empresas exportadoras pasó de 670 a solo 158 en pocos años. Esta pérdida carece de sentido estratégico para un país como España, que podría beneficiarse de los recursos energéticos rusos y de un mercado amplio para productos agroalimentarios, maquinaria y turismo. Otros socios europeos mantienen márgenes de maniobra mayores; España, en cambio, paga un precio desproporcionado por una subordinación (en términos de Marcelo Gullo) que no responde a nuestros intereses.
La sumisión geopolítica de España a la OTAN.
tablero diseñado principalmente en Washington y Londres. España asume compromisos militares y geopolíticos sin capacidad real de influir en las decisiones clave. Fabricamos lo que nos mandan. Esta sumisión resulta especialmente dolorosa cuando Francia o Alemania preservan mayor autonomía en sus relaciones con Moscú o Pekín.
Un gobierno prudente priorizaría la neutralidad activa y la capacidad de comerciar con todas las potencias, en lugar del alineamiento automático que perjudica nuestros sectores exportadores, nuestra seguridad energética y alimentaria y empobrece a nuestra población.
La insostenibilidad de un europeísmo protestante y racista: La Europa de las naciones étnicas.
El proyecto europeo, nacido como espacio de paz tras la Segunda Guerra Mundial, ha perjudicado a los países de tradición católica del sur de Europa, convirtiéndolos en unos apéndices calvinistas de rito católico, que rompe con labor asistencial del Estado católico tradicional, desprecia a los desfavorecidos y a los pobres, desprecia la DSI y nos deriva hacia un indigenismo europeísta racista que privilegia supuestas identidades étnicas y culturales autóctonas frente a las foráneas. En España, esto se manifiesta en los nacionalismos periféricos (catalanismo, vasquismo, galleguismo, canarismo) que utilizan narrativas de opresión y desprecio a los desfavorecidos para justificar una segregación institucional y privilegios, a menudo en detrimento de la población castellanohablante peninsular con la excusa de no ser lo suficientemente socialistas de quinta generación (en terminología de Gustavo Bueno) o no lo suficientemente celtas o germánicos.
Esta deriva balcanizante contrasta con la retórica oficial de diversidad y erosiona la cohesión nacional. «Sí a los magrebíes y senegaleses, no a los castellanohablantes» que dicen los separatistas europeístas. Económicamente, el europeísmo acrítico nos ha costado más de 150.000 millones de euros en fondos de cohesión a cambio de desindustrializarnos en favor de las economías de Francia, Alemania y del norte de Europa. El último Eurobarómetro muestra que el 74 % de los españoles cree que afronta mejor el futuro dentro de la UE, pero esta percepción refleja décadas de adoctrinamiento más que una evaluación objetiva de costes y beneficios. El precedente del Brexit demuestra que tales opiniones pueden cambiar cuando se confrontan con la realidad.
Escenarios posibles tras un SPEXIT: Oportunidades y riesgos.
Una salida ordenada de la UE no sería sencilla, pero es factible, como demostró el Reino Unido. España podría negociar acuerdos bilaterales de comercio, recuperar control sobre su política monetaria y fiscal, y atraer inversiones directas de los BRICS sin las cortapisas regulatorias actuales. Estas oportunidades incluirían: acceso preferente a mercados de alto crecimiento, reindustrialización mediante alianzas con China e India en renovables y movilidad eléctrica, y fortalecimiento de la posición estratégica como puente entre España y el Sur Global. Riesgos existirían —ajustes iniciales en comercio intracomunitario, incertidumbre jurídica—, pero podrían mitigarse con una hoja de ruta gradual y pactos previos con los BRICS. España aportaría al bloque BRICS su posición geográfica, su experiencia en energías renovables (quinto país mundial en nuevos proyectos) y su red cultural iberoamericana. A cambio, ganaría soberanía y acceso a recursos y mercados dinámicos.
La vía española: Del SPEXIT hacia los BRICS.
La S de los BRICS se refiere a Suráfrica pero bien podría evocar al Spexit. Un gobierno responsable diseñaría una hoja de ruta clara: negociación simultánea de una salida ordenada de la UE y condiciones ventajosas de ingreso en los BRICS. El precedente británico muestra que, pese a las complejidades, es posible readaptarse.
El valor de la Soberanía.
La pertenencia acrítica a la UE y la OTAN nos ha convertido en un actor secundario, ninguneado internacionalmente y sin capacidad real para decidir su destino. El siglo XXI pertenece a las alianzas flexibles como los BRICS y a espacios culturales como la Iberofonía. España debe estar donde pueda desarrollarse cultural, económica, tecnológica y militarmente. La inercia europeísta nos ancla en un presente sin futuro. Solo una política exterior valiente, que rompa con dogmas obsoletos y busque nuevas alianzas basadas en intereses mutuos, garantizará la prosperidad de las próximas generaciones.
Recuperar el timón.
Cuarenta años después de 1986, el espejismo europeo se desvanece ante la evidencia de un mundo en rápido cambio. Los BRICS no son una utopía ni una solución mágica, sino que representan dinamismo, recursos y una visión menos ideologizada de la cooperación internacional. España tiene la oportunidad histórica de dejar de ser un apéndice burocrático del Partido Demócrata de EEUU y del SPD de Alemania para convertirse en actor soberano.
Los BRICS nos miran y el mundo nos espera. La pregunta ya no es si nosotros miraremos hacia otro lado, sino si tendremos el coraje de tomar el timón o seguiremos siendo esclavos de los perdedores.
Enlaces de interés:
1. Bosch Notary Barcelona. Who is considered a foreigner in Spain? https://notariaboschbarcelona.com/en/Who-is-considered-a-foreigner-in-Spain/
2. Universidad de Valladolid. La inversión extranjera directa bilateral entre España y los BRICS+. https://uvadoc.uva.es/handle/10324/77066
3. Euronews. Spanish investments dipped sharply since full-scale invasion of Ukraine. https://www.euronews.com/business/2025/11/10/spanish-investments-dipped-sharply-since-full-scale-invasion-of-ukraine
4. Taipei Times. Spain courts China in new strategy as US ties grow sour. https://www.taipeitimes.com/News/world/archives/2026/02/21/2003852656
5. Agenda Pública. Carlos Cuerpo: "Europe must reduce its strategic dependencies and quicken the pace of integration". https://agendapublica.es/noticia/20243/carlos-cuerpo-europe-must-reduce-its-strategic-dependencies-and-quicken-pace-of-integration
6. Universidad de La Laguna. Spexit: supuesto de una España fuera de la Unión Europea. http://riull.ull.es/xmlui/handle/915/33087
7. El Español. España y los BRICS: un debate inexistente. https://www.elespanol.com/invertia/opinion/20250127/espana-brics-debate-inexistente/919538045_13.html
8. Toutiao.以肉为“锚”,延展新兴产业,强化西班牙-中国贸易韧性. https://www.toutiao.com/article/7587657623878386226/
9. Sur in English. Spain marks 40 years in the European Union. https://www.surinenglish.com/spain/spain-marks-years-the-european-union-20260109133540-nt.html


