RELACIONES HISPANO-SIRIAS DESDE EL ASCENSO Y CAÍDA DEL BAAZISMO
Continuidad, soberanía y pragmatismo (1970-2025)

Resumen:
Este artículo analiza las relaciones hispano-sirias (1970-2025), caracterizadas por un pragmatismo estructural basado en la soberanía baazista y la preferencia española por marcos multilaterales. La relación transitó desde una etapa fundacional estable hasta su punto álgido en 2010, con la visita de Bashar al-Assad a España. El conflicto de 2011 congeló el vínculo, aunque España evitó la ruptura total. La caída de Assad en diciembre de 2024 y la reapertura de la embajada española en 2025 abren un nuevo escenario. El artículo defiende que el baazismo, pese a sus limitaciones, supo articular un modelo de convivencia multiconfesional que protegió a las minorías cristianas e impulsó una economía planificadora con educación y sanidad universales. Su caída no ha traído democracia, sino caos geopolítico y resurgimiento del sectarismo en una región históricamente tan polarizada. España podría desempeñar un papel de interlocutor pragmático en la futura normalización.
Palabras clave:
Baazismo, Soberanía, Pragmatismo, España, Siria, Multiconfensionalidad.
1. Introducción
Las relaciones entre España y Siria constituyen un caso de estudio particularmente revelador para analizar las dinámicas de continuidad y cambio en la política exterior de ambos Estados desde 1970 hasta la actualidad. A lo largo de más de cinco décadas, esta relación ha atravesado distintos contextos estructurales: la Guerra Fría, la transición democrática española, la consolidación del Estado sirio bajo el liderazgo de Hafez al-Assad, el relevo generacional con Bashar al-Assad, la guerra iniciada en 2011 y los recientes procesos de reconfiguración regional. Pese a estas transformaciones profundas, el vínculo bilateral ha mostrado una notable persistencia de ciertos patrones: pragmatismo diplomático, ausencia de confrontación directa y una relación condicionada por marcos multilaterales más amplios, especialmente el europeo.
El estudio de esta relación resulta relevante por varias razones. En primer lugar, Siria ha ocupado una posición geopolítica central en Oriente Medio, tanto por su localización estratégica como por su papel en el conflicto árabe-israelí, su relación con potencias regionales y su inserción en las dinámicas de la I Guerra Fría y el orden internacional posterior. En segundo lugar, España, particularmente desde su ingreso en la entonces CEE en 1986, ha desarrollado una política exterior que combina su vocación europeísta con una proyección específica hacia el Mediterráneo. El análisis del vínculo hispano-sirio permite, por tanto, explorar cómo un Estado perfil medio (como España), una puerta a África, Europa y América (por sus vínculos con Hispanoamérica), el cual articula su política mediterránea frente a un Estado árabe que ha hecho de la soberanía y la autonomía estratégica sus pilares centrales en su identidad política.
Desde el punto de vista teórico, este artículo se apoya en tres ejes conceptuales principales. El primero es el nacionalismo árabe en su formulación baazista como proyecto estatal. El baazismo, más allá de su dimensión ideológica, puede analizarse como una doctrina de construcción estatal articulada en torno a tres pilares fundamentales: unidad, libertad y socialismo. El concepto de unidad (wahda) concibe a los pueblos árabes como una única nación con una misión eterna, fragmentada artificialmente por los acuerdos coloniales Sykes-Picot. La libertad (hurriyya) se entiende como emancipación nacional frente a la dominación extranjera, aunque en la práctica el sistema desarrolló un fuerte control estatal. El socialismo árabe (ishtirakiyya) rechaza el marxismo por considerarlo materialista y ateo, adoptando una formulación adaptada a las condiciones árabes. Bajo el liderazgo de Hafez al-Assad y posteriormente de Bashar al-Assad, este marco ideológico se tradujo en una política exterior que priorizó la autonomía estratégica y la preservación de la soberanía frente a presiones externas. Comprender esta lógica resulta fundamental para interpretar la forma en que Siria gestionó sus relaciones con actores europeos, incluida España.
El segundo eje teórico procede de la disciplina de las Relaciones Internacionales, particularmente de las nociones de soberanía, no-alineamiento relativo y política mediterránea. Aunque Siria estuvo formalmente vinculada al bloque soviético durante la Guerra Fría, su política exterior combinó alineamientos estratégicos con una retórica constante de independencia nacional. España, por su parte, transitó desde una posición de aislamiento internacional durante el franquismo hacia una plena integración europea y atlántica, lo que redefinió sustancialmente sus márgenes de maniobra. El análisis de las relaciones bilaterales exige, por tanto, considerar no solo las afinidades o divergencias ideológicas, sino también las restricciones estructurales impuestas por la pertenencia española a la Unión Europea y su inserción en el marco transatlántico.
El tercer eje conceptual se refiere a la europeización (o subyugación al poder anglo-germánico) de la política exterior española. Desde mediados de los años ochenta, la acción exterior de España ha estado crecientemente condicionada por las posiciones comunes de la Unión Europea, especialmente en lo relativo a sanciones, política de vecindad y gestión de crisis regionales. En el caso sirio, esta dimensión resulta determinante para comprender las oscilaciones entre diálogo, distanciamiento diplomático y participación en regímenes de sanciones. La política hacia Siria no puede analizarse únicamente como decisión bilateral, sino como producto de una estructura multinivel en la que confluyen intereses nacionales, compromisos europeos y dinámicas internacionales.
Este análisis se complementa con herramientas del constructivismo, en tanto se presta atención a las identidades políticas, narrativas de soberanía y percepciones mutuas que han influido en la conducta estatal. Asimismo, se incorporan elementos de lectura postcolonial para contextualizar la insistencia siria en la autonomía nacional frente a lo que se percibe como dinámicas de intervención o tutela externa.
Más allá de coyunturas específicas y de episodios de tensión, las relaciones entre España y Siria han estado marcadas por un patrón de pragmatismo estructural. Dicho patrón se explica por la convergencia entre, por un lado, la centralidad de la soberanía en la concepción baazista del Estado sirio y, por otro, la preferencia española por marcos multilaterales y soluciones diplomáticas en el espacio mediterráneo. Analizar esta interacción permite no solo comprender la evolución bilateral, sino también aportar elementos al debate más amplio sobre las relaciones euro-mediterráneas en contextos de conflicto y transformación política.
I. Recorrido histórico las relaciones entre España y Siria.
1. La etapa fundacional: la Siria de Hafez al-Assad y la España tardofranquista (1970–1975)
La consolidación de Hafez al-Assad en el poder tras el denominado “Movimiento Correctivo” de 1970 marcó un punto de inflexión en la política siria. Bajo su liderazgo, Siria experimentó un proceso de estabilización institucional tras años de inestabilidad interna dentro del partido Baaz y de sucesivos golpes de Estado. El nuevo régimen consolidó un modelo estatal centralizado, sustentado en la ideología baazista —socialismo árabe, unidad nacional y soberanía— y en una estructura de seguridad que buscaba garantizar la cohesión interna en un entorno regional altamente volátil.
En el plano internacional, la Siria baazista se insertó en la lógica bipolar de la Guerra Fría, manteniendo una relación estratégica con la Unión Soviética. No obstante, dicha relación no implicó una subordinación absoluta, sino una forma de alineamiento pragmático orientado a reforzar la autonomía regional siria frente a Israel y frente a presiones occidentales. La defensa de la soberanía estatal y la centralidad del conflicto árabe-israelí definieron gran parte de la proyección exterior de Damasco durante esta etapa.
En paralelo, la España de los últimos años del franquismo atravesaba su propia fase de redefinición internacional. Aunque el franquismo había logrado progresivamente romper el aislamiento inicial de la posguerra mediante acuerdos bilaterales —especialmente con EEUU—, su legitimidad en el entorno europeo seguía siendo limitada. En este contexto, el mundo árabe ofrecía a Madrid un espacio diplomático relativamente receptivo, menos condicionado por los estándares políticos europeos y más abierto a relaciones basadas en intereses estratégicos y económicos.
La convergencia entre la Siria de Hafez al-Assad y la España franquista no respondió a afinidades ideológicas profundas —el baazismo y el nacionalcatolicismo representaban tradiciones políticas distintas—, sino a un pragmatismo mutuo. Ambos Estados compartían, sin embargo, una preocupación común por afirmar su autonomía frente a presiones externas. Mientras Siria defendía su independencia frente a Israel y a la influencia occidental en Oriente Medio, España intentaba diversificar sus alianzas para reducir su dependencia política del eje atlántico y mejorar su posición internacional.
Durante los años 70, las relaciones bilaterales se caracterizaron por su baja intensidad, pero estabilidad. Se mantuvieron relaciones diplomáticas formales y contactos institucionales regulares, aunque sin alcanzar un nivel estratégico destacado. No existieron conflictos significativos entre ambos países, ni episodios de confrontación diplomática reseñables. Esta ausencia de fricción puede interpretarse como resultado de la distancia geopolítica directa —España no era un actor decisivo en Oriente Medio— y de la voluntad de ambos gobiernos de evitar alineamientos que pudieran comprometer sus respectivas prioridades.
Un elemento relevante en esta etapa es la cuestión palestina. España, que mantenía relaciones complejas con Israel y que no reconocería oficialmente al Estado israelí hasta 1986, adoptó posiciones relativamente cercanas a las sensibilidades árabes en foros internacionales. Siria, como actor central del frente árabe, percibía positivamente cualquier postura europea que no se alineara automáticamente con la política israelí o estadounidense. Esta coincidencia parcial reforzó la percepción de España como interlocutor aceptable dentro del espacio europeo.
Esta fase fundacional sentó las bases para una continuidad diplomática que sobreviviría al cambio de régimen en España tras la muerte de Franco en 1975. La lógica de pragmatismo estructural constituiría un rasgo persistente en las décadas posteriores, incluso cuando España iniciara su transición democrática y redefiniera profundamente su inserción internacional.
2. La España democrática y la continuidad con la Siria de Hafez al-Assad (1975–2000)
La muerte de Franco en 1975 y el posterior proceso de transición ‘democrática’ transformaron de manera sustancial la política exterior española. La nueva Constitución de 1978 redefinió los principios rectores del Estado, consolidando un sistema parlamentario y estableciendo una clara orientación hacia Europa occidental. La adhesión a la CEE en 1986 y la progresiva integración en las estructuras atlánticas modificaron los márgenes de actuación internacional de España. Sin embargo, este giro estructural no implicó una ruptura abrupta con Siria, sino más bien una reconfiguración de la relación dentro de nuevos parámetros normativos y multilaterales.
Durante esta etapa, la Siria de Hafez al-Assad mantuvo una notable estabilidad interna en comparación con otros Estados de la región. El régimen consolidó su control institucional y desarrolló una política exterior caracterizada por el realismo estratégico. Siria participó activamente en los equilibrios regionales, intervino en el Líbano, mantuvo una posición firme frente a Israel y desempeñó un papel relevante en el conflicto árabe-israelí, especialmente tras los acuerdos de Camp David y durante las negociaciones de paz de los años noventa.
Desde la perspectiva española, la consolidación democrática vino acompañada de una redefinición del espacio mediterráneo como área prioritaria de interés estratégico. La política exterior española comenzó a articularse en torno a la idea de “proyección mediterránea”, entendiendo el sur como un espacio de interdependencia política, económica y de seguridad. En este marco, Siria se percibía no solo como un actor regional complejo, sino como un Estado imprescindible para cualquier arquitectura de estabilidad en Oriente Medio.
Un elemento central en esta etapa fue la celebración en 1995 del Proceso de Barcelona, impulsado en gran medida por España. Este proceso dio origen a la Asociación Euromediterránea, cuyo objetivo era fomentar la cooperación política, económica y cultural entre la Unión Europea y los países del sur del Mediterráneo. Siria participó en esta iniciativa, aunque con reservas respecto a los condicionamientos políticos y económicos asociados al marco europeo. No obstante, su inclusión en el proceso confirmó que, pese a diferencias ideológicas, Damasco era considerado un interlocutor legítimo dentro de la política mediterránea europea.
La relación bilateral entre España y Siria se caracterizó por una combinación de diálogo político sostenido y prudencia diplomática. España, alineada con las posiciones comunes europeas, defendía principios como el respeto a los derechos humanos y la resolución pacífica de conflictos, pero evitó adoptar un enfoque confrontacional hacia Damasco. Esta postura puede interpretarse como parte de una tradición diplomática española que privilegia la mediación y el diálogo frente al aislamiento.
Desde la perspectiva siria, España representaba un actor europeo de perfil medio, sin carga histórica colonial en Oriente Medio y con una política exterior relativamente autónoma dentro de los márgenes comunitarios. La ausencia de una relación conflictiva directa permitió mantener un canal diplomático estable, incluso en momentos de tensión regional, como la guerra del Golfo de 1991 o las negociaciones intermitentes entre Siria e Israel en la década de 1990.
Pese a la democratización española y la persistencia de un régimen autoritario en Siria, la relación no se fundamentaba en afinidades ideológicas, sino en intereses estratégicos y en una lectura compartida del Mediterráneo como espacio de diálogo. Esta convergencia funcional permitió que la transición política española no alterara sustancialmente el vínculo bilateral.
3. El relevo generacional y la etapa inicial de Bashar al-Assad (2000–2011): expectativas de reforma y continuidad estructural
La muerte de Hafez al-Assad en junio de 2000 y la sucesión presidencial de su hijo, Bashar al-Assad, marcaron un momento de inflexión tanto en la política interna siria como en su proyección internacional. El relevo generacional estuvo acompañado de una narrativa de modernización que generó expectativas significativas en Europa y, en particular, en los países del espacio mediterráneo. Formado como oftalmólogo y con experiencia en el Reino Unido, el nuevo presidente fue percibido inicialmente como un líder potencialmente reformista, capaz de introducir ajustes graduales en el sistema político y de impulsar reformas económicas.
En el plano interno, los primeros meses de su mandato estuvieron asociados a lo que se denominó “Primavera de Damasco”, un breve período de apertura limitada del debate público. Sin embargo, este proceso fue rápidamente contenido por el propio aparato estatal, lo que evidenció que, más allá del cambio generacional, la estructura fundamental del Estado baazista —centralización del poder, primacía del partido y control de los aparatos de seguridad— se mantenía intacta. Desde una perspectiva institucional, la continuidad prevaleció sobre la ruptura.
En el ámbito económico, la década del 2000 estuvo marcada por intentos de liberalización parcial y por la introducción de reformas orientadas a dinamizar el sector privado. Estas transformaciones, aunque limitadas y graduales, respondían a la necesidad de adaptar el modelo sirio a un entorno global cada vez más interdependiente. La apertura económica selectiva generó nuevas oportunidades de interacción con actores europeos, incluida España, en sectores como infraestructuras, energía y cooperación técnica.
Desde la perspectiva española, la llegada de Bashar al-Assad fue interpretada como una oportunidad para profundizar el diálogo político y económico en el marco de la política mediterránea de la Unión Europea. A comienzos de la década, la UE impulsaba negociaciones para un Acuerdo de Asociación con Siria, en el contexto de la Política Europea de Vecindad. España, tradicionalmente favorable a mantener canales abiertos con los países del sur del Mediterráneo, apoyó este enfoque de compromiso condicionado.
La relación bilateral durante el período 2000–2011 puede caracterizarse como una fase de interacción moderadamente activa y relativamente estable. Se mantuvieron contactos diplomáticos de alto nivel, se desarrollaron intercambios culturales y se promovieron iniciativas de cooperación técnica. Aunque el volumen comercial entre ambos países siguió siendo limitado en comparación con otros socios europeos, la tendencia fue creciente, favorecida por la percepción de estabilidad interna siria y por la voluntad europea de integrar progresivamente a Damasco en marcos de cooperación regional.
No obstante, esta etapa también estuvo marcada por tensiones regionales que condicionaron la percepción europea del régimen sirio. El asesinato del ex primer ministro libanés Rafic Hariri en 2005 y las acusaciones internacionales dirigidas contra Siria afectaron su imagen exterior. Asimismo, la alianza estratégica con Irán y el apoyo a actores como Hezbolá situaron a Damasco en una posición ambivalente respecto a Occidente. A pesar de ello, España mantuvo una postura de prudencia diplomática, evitando adoptar posiciones maximalistas y favoreciendo el diálogo como instrumento de gestión de desacuerdos.
Este período revela una dualidad estructural. Por un lado, Europa —incluida España— proyectaba sobre el liderazgo de Bashar al-Assad expectativas de transformación política y económica. Por otro, el Estado sirio operaba bajo una lógica de reforma controlada, en la que cualquier apertura debía preservar la estabilidad institucional y la soberanía decisional. Esta divergencia de expectativas no generó una ruptura inmediata, pero sí estableció un marco de ambigüedad que se haría más evidente en la década siguiente.
La clave interpretativa de esta etapa radica en la coexistencia entre cambio discursivo y continuidad estructural. El relevo generacional permitió renovar la interlocución internacional de Siria y ampliar sus márgenes de cooperación con Europa. Sin embargo, el núcleo del modelo político —la centralidad del Estado, la primacía de la estabilidad y la defensa de la autonomía estratégica— permaneció inalterado. Esta etapa coincidió con la competencia entre baazismo y nasserismo por la hegemonía del nacionalismo árabe. Ambos compartían el socialismo árabe, el antiimperialismo y el secularismo, pero divergían en su organización: el nasserismo se articuló en torno a la figura carismática de Nasser, mientras el baazismo desarrolló un partido único con estructura de cuadros y una formulación ideológica más sistemática, obra de Michel Aflaq y Salah al-Din al-Bitar. La efímera República Árabe Unida (1958-1961) supuso su máxima convergencia, pero su fracaso dio paso a una fase de ruptura y radicalización del baazismo sirio. Esta herencia común explica la persistente centralidad de la soberanía en el discurso político sirio, rasgo que condicionó la percepción siria de España como interlocutor sin cargas coloniales. España supo aprovechar este contexto para presentarse como un actor neutral y mediador.
4. La ruptura: Primavera Árabe, guerra civil y aislamiento diplomático (2011–2023)
El año 2011 supuso la mayor transformación estructural en la historia contemporánea de las relaciones entre España y Siria. Las protestas que comenzaron en marzo de ese año, en el contexto regional de la denominada Primavera Árabe, marcaron el inicio de un proceso que rápidamente superó la fase de movilización social y derivó en un conflicto armado complejo, prolongado e internacionalizado.
Desde la perspectiva del Estado sirio, las protestas iniciales fueron interpretadas como el punto de partida de una dinámica de desestabilización progresiva impulsada por actores externos y por estructuras insurgentes que buscaban la fragmentación territorial y, por ende, suponiendo una amenaza existencial. La evolución del conflicto —caracterizada por la proliferación de milicias armadas, la irrupción de organizaciones yihadistas y la intervención de potencias regionales e internacionales— reforzó esta interpretación oficial basada en la defensa de la soberanía y la unidad nacional.
Para España, el escenario emergente planteó un dilema complejo. Como Estado miembro de la Unión Europea, Madrid se alineó con la posición común adoptada en Bruselas. A partir de 2011, la UE impuso un régimen progresivo de sanciones contra el gobierno sirio, incluyendo medidas restrictivas individuales, embargos sectoriales y limitaciones financieras. España apoyó estas decisiones, integrándose plenamente en la estrategia europea de presión política.
Sin embargo, la política española no adoptó un perfil de confrontación activa. A diferencia de otras potencias occidentales, España no desempeñó un papel protagonista en iniciativas de intervención directa ni en programas de apoyo militar a actores armados. La postura española se caracterizó por la cautela y por una clara preferencia por la vía diplomática multilateral. Esta actitud respondió tanto a la tradición mediterránea de su política exterior como a una lectura prudente de los riesgos de una mayor implicación en un conflicto altamente fragmentado.
En el plano bilateral, la relación política sufrió una reducción drástica. Los contactos de alto nivel desaparecieron prácticamente, y el intercambio institucional quedó limitado a mínimos canales formales. No obstante, no se produjo una ruptura diplomática total. España mantuvo representación diplomática en Damasco durante buena parte del conflicto, aunque con personal reducido y funciones restringidas. Esta decisión refleja una diferencia relevante entre aislamiento político y ruptura absoluta: el vínculo quedó congelado, pero no extinguido.
España se movió dentro de esta tensión estructural como un actor moderado. Su política combinó el alineamiento formal con el marco sancionador europeo y la ausencia de intervencionismo directo. No promovió iniciativas unilaterales de ruptura definitiva, ni lideró posiciones maximalistas dentro del bloque europeo. Este equilibrio puede interpretarse como una estrategia de bajo perfil destinada a preservar márgenes futuros de interlocución sin romper la coherencia comunitaria. Siria conservó una estructura estatal central que siguió ejerciendo autoridad en amplias zonas del país, condicionando el debate europeo sobre la eficacia de un aislamiento prolongado.
Este periodo representa la fase de mayor distanciamiento político en la historia de las relaciones hispano-sirias. La lógica de cooperación pragmática que había caracterizado décadas anteriores fue sustituida por una política de presión económica, reducción del diálogo político y énfasis humanitario. Sin embargo, la ausencia de ruptura total y la actitud cautelosa de España dentro del bloque europeo sugieren que el vínculo quedó suspendido más que cancelado.
5. Reconfiguración regional y perspectivas de normalización (2023–2025).
A partir de 2023, el entorno estratégico de Siria comenzó a experimentar transformaciones significativas que han abierto un nuevo marco interpretativo para sus relaciones exteriores, incluida la relación con España. El elemento más relevante de este proceso fue la readmisión de Siria en la Liga Árabe en mayo de 2023, tras más de una década de suspensión. Este acontecimiento marcó un cambio cualitativo en la dinámica regional: la tendencia a la reintegración progresiva de Damasco en los marcos institucionales árabes.
Este movimiento respondió a una lógica pragmática compartida por varios Estados de la región, que comenzaron a priorizar la estabilidad, la gestión de flujos migratorios, la cooperación en materia de seguridad y la contención de economías ilícitas frente a la política de aislamiento. Simbolizó el reconocimiento de una realidad política consolidada: el Estado sirio no había colapsado y seguía siendo un actor central en el equilibrio regional.
El 8 de diciembre de 2024, una ofensiva de fuerzas opositoras lideradas por Hayat Tahrir al-Sham (HTS) y actores regionales con intereses contrarios a la soberanía siria logró tomar Damasco, aprovechando el desgaste y una insurrección interna dentro del ejército árabe sirio. El Estado sirio, que durante trece años había resistido la embestida del terrorismo internacional y la intervención extranjera, sufrió un golpe que supone una interrupción forzada de su continuidad como nación política, a expensas de un posible conflicto expansionista de Turquía e Israel.
La preservación de la estructura estatal durante más de una década de conflicto, pese a la presión de múltiples potencias y milicias, constituye un testimonio de la resiliencia del modelo baazista. El vacío institucional generado por la retirada temporal de las autoridades legítimas fue rápidamente ocupado por grupos que, aunque han adoptado un discurso de unidad nacional, mantienen vínculos con agendas que no responden a los intereses históricos del pueblo sirio. Reconfiguró por completo el mapa político del país y de la región.
En este contexto, España comenzó a adaptar su política hacia Siria. A lo largo de 2025, el Gobierno español, en consonancia con la posición común de la Unión Europea, inició un proceso de reapertura gradual de sus relaciones con las nuevas autoridades sirias. El momento más significativo de este proceso fue la reunión del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, con Al Jolani, celebrada en Damasco. Durante este encuentro, Albares reiteró el apoyo español a la transición política siria y defendió el levantamiento gradual de las sanciones, siempre condicionado a que el nuevo gobierno cumpla con sus compromisos de respeto a los derechos humanos y garantice un proceso político inclusivo. España anunció también un paquete de ayuda humanitaria de nueve millones de euros para Siria en 2025.
El proceso de reconfiguración regional y la caída del baazismo sirio ha abierto un nuevo escenario en el que la normalización de las relaciones entre España y Siria, no planteándose en términos de un retorno a la situación anterior a 2011, sino de una nueva relación con un Estado sirio que afronta el desafío de reinventarse institucionalmente.
II. Recorrido diplomático entre España y Siria.
1. El diálogo de alto nivel en las relaciones hispano-sirias.
Las visitas diplomáticas de alto nivel han constituido uno de los principales indicadores del estado de las relaciones bilaterales entre España y Siria. Aunque el volumen de contactos oficiales nunca alcanzó la intensidad observada entre Siria y otras potencias europeas como Francia, Alemania o Italia, los encuentros entre representantes de ambos Estados reflejan una evolución caracterizada por el pragmatismo, la cooperación mediterránea y, posteriormente, por el progresivo distanciamiento derivado del conflicto sirio iniciado en 2011.
A lo largo de más de cinco décadas, el intercambio de visitas oficiales entre España y Siria ha constituido un termómetro fiable de la temperatura de sus relaciones bilaterales. Desde los contactos iniciales en la etapa tardofranquista hasta la reciente reapertura de la embajada española en Damasco en 2025, estos encuentros han reflejado tanto la voluntad de ambos Estados de mantener canales abiertos como las tensiones y coyunturas que han condicionado su vínculo. España y Siria han intercambiado un total de seis visitas oficiales de alto nivel, protagonizadas por jefes de Estado y de Gobierno, además de numerosos desplazamientos ministeriales que han mantenido vivo el diálogo incluso en períodos de distanciamiento.
Durante la etapa de Hafez al-Assad, la relación se mantuvo discreta pero constante, con contactos ministeriales y parlamentarios que consolidaron un canal diplomático estable, en el marco de una política mediterránea española cada vez más activa. La década de 1990 representó un período de mayor acercamiento político. La celebración en Madrid de la Conferencia de Paz sobre Oriente Próximo de 1991 otorgó a España una posición destacada como actor diplomático en la región. Siria participó activamente en aquella conferencia mediante una delegación encabezada por su ministro de Asuntos Exteriores, Farouk al-Sharaa, quien desempeñó un papel fundamental en las negociaciones multilaterales con Israel. Aunque la conferencia no constituyó una visita bilateral en sentido estricto, supuso un importante punto de contacto entre la diplomacia española y la siria, consolidando la imagen de España como mediador fiable en el escenario mediterráneo.
La llegada de Bashar al-Assad a la presidencia siria en el año 2000 abrió una nueva etapa caracterizada por un incremento de los contactos políticos. La percepción inicial de que el nuevo presidente impulsaría un proceso de modernización política y económica favoreció una mayor interacción con los Estados miembros de la Unión Europea, entre ellos España. España se convertiría en su primer destino occidental y, con ello, en la puerta de Europa para la Siria baazista. Durante los primeros años del siglo XXI se intensificaron las visitas de ministros, secretarios de Estado y responsables económicos, centradas principalmente en cooperación económica, comercio, patrimonio histórico y diálogo político. El momento de mayor intensidad de las relaciones bilaterales se alcanzó durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, con la visita oficial que Bashar al-Assad realizó a España en julio de 2010, considerada el punto más alto de las relaciones diplomáticas entre ambos países.
No obstante, este período de acercamiento concluyó abruptamente con el estallido del conflicto sirio en 2011. La política exterior española pasó a alinearse plenamente con la posición común de la Unión Europea, condenando la evolución de la situación interna y apoyando la adopción de sanciones económicas y diplomáticas. Como consecuencia, cesaron prácticamente todas las visitas oficiales de alto nivel entre ambos gobiernos. Los contactos políticos quedaron reducidos a cuestiones consulares, coordinación humanitaria y participación en foros multilaterales. Entre 2011 y 2023 no se registraron visitas oficiales de presidentes del Gobierno, jefes de Estado o ministros de Asuntos Exteriores entre ambos países.
La evolución regional posterior a 2023, marcada por la reincorporación de Siria a la Liga Árabe y, especialmente, por la caída del gobierno de Bashar al-Assad en diciembre de 2024, ha reabierto el debate sobre la conveniencia de restablecer progresivamente contactos diplomáticos de mayor nivel. Durante los primeros meses de 2025, España reabrió su embajada en Damasco, cerrada desde 2012, y comenzaron a restablecerse los contactos diplomáticos de alto nivel con las nuevas autoridades sirias. Aunque la normalización de las relaciones sigue siendo parcial y está condicionada por la evolución interna del país y por la posición común de la Unión Europea, el restablecimiento de los canales diplomáticos refleja la voluntad de ambas partes de recuperar una interlocución directa basada en intereses compartidos de estabilidad, seguridad y cooperación mediterránea.
En perspectiva histórica, las visitas diplomáticas entre España y Siria reflejan con claridad la evolución general de las relaciones bilaterales. Los períodos de mayor frecuencia de encuentros oficiales coincidieron con etapas de estabilidad regional y voluntad de cooperación, mientras que la interrupción de estos contactos respondió fundamentalmente al cambio del contexto geopolítico tras 2011. Así, el análisis de la diplomacia de alto nivel confirma que la relación hispano-siria ha estado profundamente condicionada por la situación estratégica de Oriente Próximo y por la inserción de España en la política exterior común de la Unión Europea, sin perder por ello la tradición española de considerar el diálogo como un instrumento esencial de la acción exterior en el Mediterráneo.
2. Visitas de autoridades sirias a España
Las visitas oficiales de autoridades sirias a España constituyen uno de los elementos más significativos para comprender la evolución de las relaciones bilaterales entre ambos países. Aunque el volumen de estos desplazamientos nunca fue especialmente elevado, cada uno de ellos estuvo estrechamente vinculado al contexto político internacional y reflejó el grado de confianza existente entre Madrid y Damasco en cada momento histórico. A diferencia de otras relaciones diplomáticas caracterizadas por una intensa agenda institucional, el caso hispano-sirio se distinguió por un diálogo de alto nivel relativamente selectivo, pero de una considerable relevancia política y simbólica.
Tras la consolidación del régimen baazista, las relaciones con España comenzaron a adquirir una mayor estabilidad, especialmente a partir de la transición democrática española. Durante las décadas de 1970 y 1980 no se produjeron visitas oficiales del presidente sirio a territorio español, aunque sí fueron frecuentes los contactos entre delegaciones ministeriales, diplomáticos y representantes parlamentarios. En aquellos años, Damasco observaba con interés el progresivo protagonismo internacional de España, mientras que Madrid impulsaba una política exterior orientada a reforzar sus vínculos con el Mediterráneo y el mundo árabe.
Un momento especialmente relevante tuvo lugar con motivo de la Conferencia de Paz sobre Oriente Próximo celebrada en Madrid en octubre de 1991. Aunque la presencia siria respondió a un marco multilateral y no constituyó una visita bilateral en sentido estricto, la participación de una delegación encabezada por el ministro de Asuntos Exteriores, Farouk al-Sharaa supuso un importante impulso para las relaciones entre ambos países. España asumía entonces un papel destacado como mediador en uno de los procesos diplomáticos más importantes de la posguerra fría, circunstancia que fue valorada positivamente por Siria.
La llegada de Bashar al-Assad a la presidencia de Siria en julio de 2000 inauguró una nueva etapa en la política exterior siria, marcada por un esfuerzo de apertura diplomática hacia Europa. Durante aquella visita, Bashar al-Assad fue recibido por el rey Juan Carlos I en el Palacio de la Zarzuela y mantuvo una reunión de trabajo con el presidente del Gobierno, José María Aznar, en el Palacio de la Moncloa. Las conversaciones se centraron en el proceso de paz en Oriente Próximo, la evolución de las relaciones entre Siria y la Unión Europea, la cooperación económica bilateral y la estabilidad regional. La rueda de prensa conjunta ofrecida al término del encuentro se vio ensombrecida por las duras declaraciones del presidente sirio, quien afirmó que "el racismo de los israelíes ha superado al nazismo" (L'Orient-Le Jour, 2001), justificando sus palabras citando supuestas declaraciones de un ministro israelí sobre la necesidad de vaciar Palestina de palestinos para preservar la pureza de la raza judía. Aznar, por su parte, reiteró su preocupación por la situación en Oriente Próximo y llamó al cese de las acciones violentas y al establecimiento de medidas de confianza entre las partes. La visita estuvo acompañada por una numerosa delegación gubernamental integrada por varios ministros, lo que evidenciaba la importancia estratégica que Damasco atribuía al fortalecimiento de las relaciones con España. En este contexto se produjo la primera visita oficial del nuevo presidente a España los días 2 y 3 de mayo de 2001, un viaje que adquirió una extraordinaria importancia internacional al tratarse de su primera visita oficial a un país occidental desde su llegada al poder. La elección de España como primer destino europeo no fue casual. Damasco consideraba que el Gobierno español mantenía una posición relativamente independiente dentro de la Unión Europea y que podía desempeñar un papel relevante en el fortalecimiento de las relaciones entre Siria y las instituciones comunitarias.
Durante aquella visita, Bashar al-Assad fue recibido por el rey Juan Carlos I en el Palacio de la Zarzuela y mantuvo una reunión de trabajo con el presidente del Gobierno, José María Aznar, en el Palacio de la Moncloa. Las conversaciones se centraron en el proceso de paz en Oriente Próximo, la evolución de las relaciones entre Siria y la Unión Europea, la cooperación económica bilateral y la estabilidad regional. La visita estuvo acompañada por una numerosa delegación gubernamental integrada por varios ministros, lo que evidenciaba la importancia estratégica que Damasco atribuía al fortalecimiento de las relaciones con España.
El viaje tuvo además una notable dimensión cultural. Bashar al-Assad se desplazó hasta Córdoba para inaugurar, junto a los Reyes de España, la exposición El esplendor de los Omeyas cordobeses, celebrada en el conjunto arqueológico de Medina Azahara. Este acto poseía un fuerte contenido simbólico, al poner de relieve el legado histórico compartido entre el mundo árabe y la Península Ibérica y reforzar la idea de España como un puente natural entre Europa y el Mediterráneo oriental. El discurso que pronunció en aquella ocasión —en el que recorrió más de cuatro mil años de historia compartida, desde los fenicios hasta el esplendor omeya andalusí, y subrayó que "el lazo levantino-andalusí que devino en árabe-andalusí debe continuar y profundizarse a través de las relaciones hispano-sirias y árabe-europeas"— sirvió para proyectar una imagen de entendimiento cultural y de voluntad de diálogo que complementaba el acercamiento político de aquellos años.
Las relaciones bilaterales alcanzaron su momento de mayor intensidad durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. La política mediterránea impulsada por el Ejecutivo español, junto con iniciativas como la Alianza de Civilizaciones, favoreció un clima de mayor interlocución con los países árabes y permitió una aproximación más estrecha con Siria. Este proceso culminó con la visita oficial que Bashar al-Assad realizó a España en julio de 2010.
Durante esta visita, el presidente sirio fue recibido nuevamente por el rey Juan Carlos I y mantuvo varias reuniones con José Luis Rodríguez Zapatero. La rueda de prensa ofrecida por Bashar al-Assad durante esa visita constituye una fuente de primera mano excepcional para comprender el clima de plena confianza que caracterizaba entonces las relaciones bilaterales. En sus declaraciones, Assad agradeció al presidente Zapatero "sus cálidas palabras y sus posturas objetivas", y destacó la "relación tradicional y sólida" entre ambos países, basada en una "confianza mutua entre ambos gobiernos". El presidente sirio reconoció explícitamente la credibilidad política de España, fundada en dos pilares: el papel desempeñado por el Rey Juan Carlos I —con quien Assad se había reunido en "un encuentro importante y cálido"— y las posturas adoptadas por Zapatero en circunstancias difíciles. Assad mencionó expresamente "su posición sobre la guerra de Irak y su decisión de retirar las tropas españolas que participaban en ella", calificando esta decisión como un ejemplo de política basada en principios, capaz de superar cualquier consideración que pudiera frenar a un político. Esta valoración revela que Siria no veía a España como un actor secundario dentro de la UE, sino como un país con autonomía de criterio y capacidad de acción independiente.
El contenido de la rueda de prensa confirmó que el eje central de la visita era el proceso de paz en Oriente Medio. Assad situó a Siria "en el corazón de esta región tanto geográfica como políticamente" y vinculó la visita a España con el legado de la Conferencia de Madrid de 1991. Para Assad, España no fue "un simple escenario para una conferencia", sino que tiene "grandes responsabilidades hacia la paz", tanto por su interés político como por razones humanitarias. El presidente sirio reiteró la postura tradicional de Damasco —"no puede haber paz mientras haya ocupación, ni puede haber paz sin la restitución de los derechos legítimos"— y exigió "la devolución íntegra del territorio ocupado, los Altos del Golán, a Siria, sin excepción alguna", subrayando que "no puede haber una paz auténtica si no es global" y vinculando así la vía siria con la palestina. Assad denunció el bloqueo a Gaza y solicitó a Zapatero que intercediera para levantarlo, y confirmó que el Acuerdo de Asociación UE-Siria se encontraba "en su fase final de estudio". Elogió al ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, como "una de las figuras más capacitadas de la Unión Europea" para el proceso de paz, y reconoció que España "no formó parte de los intentos de aislar o debilitar a Siria impulsados por otros países europeos", manteniendo "una relación directa y rechazó ese aislamiento". Assad concluyó observando que las discrepancias entre los Estados europeos se habían reducido, y pidió a España que actuase para "pasar de esa visión unificada a la acción concreta".
La visita de 2010 tuvo igualmente un importante componente económico. Diversas empresas españolas manifestaron su interés por participar en proyectos de infraestructuras, energía, transporte y desarrollo urbano en Siria, mientras que ambos gobiernos exploraron nuevas posibilidades de cooperación científica, universitaria y cultural. Aunque muchos de estos proyectos no llegaron a materializarse debido a los acontecimientos posteriores, reflejaban el elevado nivel de confianza política alcanzado en aquel momento.
El estallido del conflicto sirio en 2011 supuso un cambio radical en esta dinámica. La política exterior española pasó a alinearse plenamente con la posición común de la Unión Europea, apoyando la adopción de sanciones contra el Gobierno sirio y reduciendo al mínimo los contactos políticos de alto nivel. Como consecuencia, cesaron las visitas oficiales de autoridades sirias a España y el diálogo bilateral quedó prácticamente limitado a cuestiones consulares y humanitarias. La clausura temporal de la Embajada de España en Damasco y el deterioro general de las relaciones entre Siria y los Estados europeos marcaron el final de una etapa caracterizada por una creciente aproximación diplomática. Desde entonces, las autoridades sirias no han vuelto a realizar visitas oficiales a España en el marco bilateral.
3. Visitas de autoridades españolas a Siria.
Las visitas de autoridades españolas a Siria constituyen un elemento fundamental para comprender la evolución de las relaciones bilaterales entre ambos países durante las últimas décadas. A través de estos desplazamientos oficiales puede observarse la progresiva consolidación del diálogo político entre Madrid y Damasco, así como las prioridades que marcaron la política exterior española hacia Oriente Próximo.
Durante la presidencia de Hafez al-Assad, las visitas españolas estuvieron protagonizadas principalmente por ministros de Asuntos Exteriores, altos funcionarios y delegaciones parlamentarias. Los contactos institucionales durante los años ochenta y noventa estuvieron orientados al fortalecimiento de las relaciones políticas y comerciales, así como al intercambio de posiciones sobre los principales conflictos regionales. Siria era considerada un actor imprescindible para cualquier iniciativa de paz en Oriente Próximo debido a su influencia en el conflicto árabe-israelí y en la política libanesa. Por ello, los responsables españoles aprovecharon sus visitas a Damasco para mantener consultas periódicas con el presidente Hafez al-Assad y con el ministro de Asuntos Exteriores, Farouk al-Sharaa.
La celebración de la Conferencia de Paz de Madrid en 1991 reforzó notablemente la importancia de estos contactos. Aunque el protagonismo correspondió a las delegaciones participantes en la conferencia, el Gobierno español intensificó posteriormente su actividad diplomática en Oriente Próximo con el objetivo de mantener vivo el proceso negociador iniciado en la capital española. Las visitas oficiales a Siria pasaron a formar parte de esta estrategia de seguimiento diplomático, consolidando el prestigio internacional adquirido por España como país anfitrión del principal foro de negociación árabe-israelí de la posguerra fría.
La llegada de Bashar al-Assad a la presidencia en el año 2000 abrió una nueva etapa de aproximación entre España y Siria. El relevo generacional al frente del Estado sirio despertó expectativas de modernización económica y administrativa, circunstancia que favoreció una mayor implicación europea en las relaciones con Damasco. Durante el Gobierno de José María Aznar se produjo un incremento de los contactos políticos con Siria. Diversos ministros y responsables diplomáticos españoles visitaron Damasco para preparar la presidencia española del Consejo de la Unión Europea durante el primer semestre de 2002 y para impulsar el diálogo entre Siria y las instituciones comunitarias. Estas visitas abordaron cuestiones relacionadas con el Acuerdo de Asociación entre Siria y la Unión Europea, la cooperación económica, la seguridad regional y el proceso de paz en Oriente Próximo.
La etapa de mayor intensidad diplomática se desarrolló durante los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero. La política mediterránea impulsada por el Ejecutivo socialista, junto con la iniciativa de la Alianza de Civilizaciones, propició un acercamiento aún mayor a los países árabes y situó a Siria entre los interlocutores prioritarios de la diplomacia española en la región. En estos años se sucedieron las visitas de ministros de Asuntos Exteriores, secretarios de Estado, representantes económicos y delegaciones parlamentarias, que abordaron una amplia agenda de cooperación política, económica y cultural. Especial relevancia tuvo la visita del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, quien mantenía una amplia experiencia diplomática en Oriente Próximo tras haber sido enviado especial de la Unión Europea para el proceso de paz árabe-israelí. Sus desplazamientos a Damasco reflejaban la voluntad española de mantener un diálogo directo con las autoridades sirias en cuestiones como el conflicto palestino-israelí, la situación del Líbano, la estabilidad de Irak y la cooperación euromediterránea.
Las visitas españolas no se limitaron al ámbito estrictamente político. Durante la primera década del siglo XXI también se promovieron misiones empresariales y encuentros institucionales destinados a fortalecer las relaciones económicas. Empresas españolas vinculadas a los sectores de las infraestructuras, la energía, el transporte, el turismo y las telecomunicaciones exploraron oportunidades de inversión en Siria, respaldadas por el creciente interés de ambos gobiernos por diversificar la cooperación bilateral. Paralelamente, se desarrollaron iniciativas culturales y universitarias orientadas a reforzar el conocimiento mutuo y la colaboración científica.
El estallido del conflicto sirio en 2011 alteró radicalmente esta dinámica. España, en consonancia con la posición común de la Unión Europea, suspendió las visitas oficiales de alto nivel y redujo considerablemente los contactos políticos con Damasco. La actividad diplomática pasó a concentrarse en cuestiones humanitarias, protección consular y coordinación con las instituciones europeas y las Naciones Unidas. Desde entonces, ningún presidente del Gobierno español ni ningún ministro de Asuntos Exteriores ha realizado una visita oficial bilateral a Siria. La política española ha estado condicionada por el marco sancionador europeo y por la evolución del conflicto, limitando la interlocución con las autoridades sirias a espacios multilaterales.
La evolución política registrada a partir de 2024 ha abierto un nuevo escenario. En enero de 2025, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, realizó una visita oficial a Siria que supuso la reapertura de la embajada española en Damasco, cerrada desde 2012. Albares se reunió con el nuevo líder de la administración transitoria, Al Jolani, y enmarcó su viaje en un "mensaje de apoyo" a la nueva Siria, aunque estableciendo "líneas rojas" claras: el futuro del país debe ser "inclusivo" y debe garantizar los derechos de las mujeres y de las minorías étnicas y religiosas. Esta visita situó a España en una posición activa dentro del proceso de normalización europea con Siria, aunque la plena normalización sigue condicionada por la evolución política interna del país.
4. Significado y evolución del diálogo de alto nivel.
El análisis de las visitas diplomáticas entre España y Siria permite identificar una evolución marcada por las transformaciones del contexto internacional y por la adaptación de la política exterior de ambos Estados a las distintas coyunturas geopolíticas. Más allá de la frecuencia de los encuentros oficiales, el diálogo de alto nivel constituye un indicador privilegiado del grado de confianza política existente entre Madrid y Damasco.
La primera etapa, comprendida entre finales de la década de 1970 y finales de los años noventa, estuvo marcada por la construcción gradual de una relación diplomática basada en el pragmatismo y el respeto mutuo. Aunque las visitas oficiales fueron relativamente limitadas, permitieron consolidar un canal permanente de comunicación entre ambos gobiernos. Siria percibía a España como un interlocutor europeo sin un pasado colonial directo en Oriente Próximo y con una posición tradicionalmente favorable al diálogo en el conflicto árabe-israelí. La participación siria en la Conferencia de Madrid de 1991 reforzó esta percepción y otorgó a España un papel de mayor relevancia diplomática en la región.
La segunda etapa, desarrollada entre 2000 y 2010, constituyó el momento de mayor intensidad en las relaciones políticas entre ambos países. La llegada de Bashar al-Assad a la presidencia coincidió con una fase de mayor aproximación entre Siria y la Unión Europea, caracterizada por la negociación del Acuerdo de Asociación y por la profundización del Proceso de Barcelona. En este contexto, España desempeñó un papel particularmente activo en el fortalecimiento del diálogo político con Damasco. Las visitas recíprocas de ministros, parlamentarios y altos funcionarios adquirieron una mayor frecuencia y culminaron con la visita oficial de Bashar al-Assad a España en 2010, que simbolizó el punto más alto de las relaciones bilaterales desde el establecimiento del régimen baazista.
La tercera etapa se inicia tras la caída del gobierno de Bashar al-Assad en diciembre de 2024 y la apertura de un nuevo proceso político en Siria. Durante los primeros meses de 2025, España reabrió su embajada en Damasco y comenzaron a restablecerse los contactos diplomáticos de alto nivel con las nuevas autoridades sirias. Este proceso se enmarca en un contexto regional profundamente transformado, caracterizado por la reintegración progresiva de Siria en el entorno árabe y por una revisión gradual de las políticas de aislamiento mantenidas durante más de una década. Aunque la normalización de las relaciones sigue siendo parcial y está condicionada por la evolución interna del país y por la posición común de la Unión Europea, el restablecimiento de los canales diplomáticos refleja la voluntad de ambas partes de recuperar una interlocución directa basada en intereses compartidos de estabilidad, seguridad y cooperación mediterránea.
Desde una perspectiva funcional, las visitas diplomáticas han desempeñado un papel que trasciende ampliamente el ámbito protocolario. Han constituido instrumentos esenciales para coordinar posiciones respecto al proceso de paz en Oriente Próximo, impulsar la cooperación económica y comercial, fomentar los intercambios culturales y educativos y fortalecer la colaboración en ámbitos como el patrimonio histórico y la cooperación técnica. En momentos de crisis, estas visitas también han servido para preservar canales de comunicación política que permitieran gestionar las diferencias sin llegar a una ruptura irreversible de las relaciones bilaterales.
La evolución del diálogo de alto nivel pone de manifiesto que las relaciones bilaterales han estado vinculadas a la transformación del entorno internacional y a la política mediterránea europea. Las visitas oficiales han actuado como instrumentos de construcción de confianza, de cooperación y de gestión diplomática de las diferencias.
III. La dimensión económica de las relaciones hispano-sirias (1970-2025).
La dimensión económica ha constituido uno de los pilares más constantes de las relaciones bilaterales. Aunque el volumen de los intercambios comerciales nunca alcanzó la importancia de otros socios mediterráneos de España, la evolución del comercio refleja con claridad las distintas etapas políticas. Los períodos de mayor acercamiento diplomático coincidieron con incrementos del comercio, mientras que las crisis políticas provocaron su contracción.
Durante los años setenta y ochenta, el comercio fue reducido. La economía siria, bajo planificación estatal baazista, ofrecía escasas oportunidades para la inversión extranjera. España concentraba su comercio en Europa y América Latina. La progresiva apertura económica siria iniciada a finales de los ochenta y el fortalecimiento de la política mediterránea española favorecieron un incremento gradual de los intercambios. La adhesión de España a la CEE en 1986 y el lanzamiento del Proceso de Barcelona en 1995 otorgaron un nuevo impulso a las relaciones económicas con Siria, intensificándose las misiones comerciales organizadas por instituciones españolas.
La etapa de mayor crecimiento se desarrolló entre 2000 y 2010. La llegada de Bashar al-Assad a la presidencia coincidió con un proceso de liberalización económica limitada destinado a atraer inversión extranjera y modernizar sectores productivos sin abandonar el protagonismo del Estado. Este contexto generó un clima de mayor confianza entre los operadores económicos españoles, favoreciendo un incremento sostenido de las exportaciones. El punto culminante se alcanzó en 2008, cuando las ventas españolas al mercado sirio superaron los 200 millones de euros, máximo histórico. Siria era considerada por numerosas empresas españolas como un mercado emergente con potencial de crecimiento en infraestructuras, energía, tratamiento de aguas, transporte y construcción.
Las exportaciones españolas se encontraban dominadas por bienes de equipo, maquinaria industrial, productos químicos, aparatos eléctricos, material de transporte y productos farmacéuticos. Por el contrario, las importaciones desde Siria presentaban una estructura más concentrada, integrada principalmente por productos agrícolas, aceite de oliva, algodón, frutas, especias y, antes de las sanciones, productos energéticos. La desaparición de las exportaciones petroleras tras las sanciones europeas modificó sustancialmente la estructura del comercio, incrementando el peso del aceite de oliva.
La evolución positiva del comercio quedó abruptamente interrumpida con el inicio del conflicto en 2011. La guerra destruyó el tejido productivo sirio y alteró las cadenas logísticas. Paralelamente, la UE adoptó un amplio paquete de sanciones: embargo petrolero, restricciones financieras, limitaciones a las inversiones y prohibiciones de exportación. El comercio colapsó y numerosos proyectos empresariales quedaron paralizados. Entre 2011 y 2023, los intercambios se mantuvieron en niveles muy reducidos, limitados a productos autorizados (medicamentos, alimentos, equipamiento sanitario) y a aceite de oliva, que mantuvo su demanda en el mercado europeo.
Durante la primera década del siglo XXI, empresas españolas como Unión Fenosa, Gas Natural, Iberdrola, FCC, Acciona, Técnicas Reunidas y Telefónica invirtieron en Siria en sectores estratégicos, con un volumen acumulado estimado en 250-300 millones de euros. El estallido de la guerra paralizó todos los proyectos y la cooperación quedó reducida a ayuda humanitaria. La reconstrucción tras 2024 ha reabierto el debate sobre el retorno de empresas europeas, condicionado a la estabilidad política y jurídica.
Las relaciones comerciales se han desarrollado dentro del Acuerdo de Cooperación CEE-Siria de 1977. Con el Proceso de Barcelona, se negoció un Acuerdo de Asociación rubricado en 2008 pero nunca ratificado. Tras 2011, la UE suspendió parcialmente el Acuerdo e impuso sanciones. En 2025, la UE levantó gran parte de las sanciones; en mayo de 2026, el Consejo acordó restablecer plenamente la aplicación del Acuerdo de 1977. Desde 2024, el contexto internacional ha cambiado. La caída de Assad y la normalización árabe facilitaron una revisión de la política europea, permitiendo una recuperación parcial de los intercambios. Los datos de 2025 muestran una mejora, aunque la recuperación no es lineal.
En perspectiva histórica, la evolución económica demuestra que el comercio bilateral ha estado profundamente condicionado por el contexto político. La recuperación iniciada abre un nuevo escenario, pero su consolidación dependerá de la estabilidad política de Siria, de la evolución de las relaciones con la UE y de la capacidad del país para reconstruir su tejido económico y atraer inversión extranjera.
IV. Conclusiones.
A lo largo de este artículo se ha analizado la evolución de las relaciones entre España y Siria desde 1970 hasta la actualidad, identificando un patrón de continuidad y cambio caracterizado por el pragmatismo diplomático, la centralidad de la soberanía en la política exterior siria y la progresiva europeización de la política exterior española. La relación hispano-siria constituye un caso de estudio especialmente revelador para comprender las dinámicas de interacción entre un Estado europeo de perfil medio y un Estado árabe que ha hecho de la autonomía estratégica y la resistencia a la injerencia externa sus pilares identitarios.
El primer hallazgo relevante es la persistencia de un patrón de pragmatismo estructural que ha caracterizado la relación bilateral incluso en los momentos de mayor tensión. Desde la etapa fundacional durante el tardofranquismo hasta la década de 2010, España y Siria mantuvieron un vínculo basado en el respeto mutuo, la ausencia de confrontación ideológica directa y el reconocimiento de la soberanía como principio rector. Este pragmatismo no respondió a afinidades ideológicas —el baazismo y el sistema político español, ya fuera franquista o democrático, representaban tradiciones políticas distintas—, sino a una convergencia de intereses estratégicos que permitió que la transición democrática española y la consolidación del régimen autoritario sirio no provocaran una ruptura estructural. La interrupción de este patrón se produjo a partir de 2011, cuando el estallido del conflicto sirio y la imposición de sanciones europeas llevaron a un distanciamiento sin precedentes, aunque España evitó una ruptura diplomática total, preservando la posibilidad de una futura normalización que se ha materializado parcialmente con la reapertura de la embajada en 2025.
El segundo hallazgo fundamental es que la política exterior siria solo puede comprenderse plenamente si se incorpora el marco ideológico baazista como categoría analítica. El baazismo, formulado ideológicamente por Michel Aflaq y estructurado políticamente bajo el liderazgo de Hafez al-Assad, concibe el Estado como instrumento de emancipación nacional frente a la fragmentación colonial y la injerencia extranjera. Desde esta perspectiva, la soberanía no es un mero principio jurídico, sino un valor político fundamental que garantiza la capacidad de decisión autónoma de la nación. Esta concepción explica la centralidad de la defensa de la soberanía en el discurso y la práctica exterior siria, así como la interpretación del conflicto posterior a 2011 como una agresión externa contra la integridad del Estado. La unidad árabe y la cuestión palestina, otros dos pilares del pensamiento baazista, han condicionado también la proyección exterior de Siria, situando la defensa de los derechos palestinos y la oposición al sionismo como ejes transversales de su política exterior que han influido en su relación con actores europeos, incluida España.
La reconfiguración regional iniciada en 2023, con la readmisión de Siria en la Liga Árabe, y la caída del régimen baazista en diciembre de 2024, han abierto un nuevo escenario que requiere una revisión de la política europea. España, por su tradición mediterránea, podría desempeñar un papel de interlocutor pragmático dentro del bloque europeo.
Ahora bien, un balance justo del baazismo debe reconocer sus logros en un contexto regional particularmente hostil. Durante décadas, el baazismo sirio supo articular un modelo de convivencia multiconfesional que, pese a sus limitaciones autoritarias, garantizó la protección de las minorías religiosas —especialmente la cristiana— en un entorno marcado por el sectarismo creciente. Siria, bajo el liderazgo baazista, mantuvo una tradición de laicismo y tolerancia que permitió a cristianos, alauíes, drusos y suníes compartir espacio público y estatal sin las divisiones confesionales que han desgarrado a otros países de la región. La defensa de la minoría cristiana, en particular, fue una constante de la política baazista, que protegió iglesias, monasterios y comunidades cristianas frente a las presiones del extremismo islámico. Este modelo, aunque autoritario, ofreció una alternativa al sectarismo que hoy devasta Oriente Medio.
En el plano económico, el baazismo impulsó una política planificadora que, pese a sus ineficiencias, dotó a Siria de infraestructuras, educación universal y un sistema sanitario que, antes de la guerra, se contaba entre los más desarrollados de la región. La economía siria, aunque limitada por las sanciones y la corrupción, mantuvo un sector público que garantizó empleo y servicios básicos a la población, creando una clase media que fue el sostén de la estabilidad social durante décadas. Este modelo económico, aunque insuficiente para satisfacer las aspiraciones de una población creciente, ofreció un piso de dignidad y seguridad que contrasta con el colapso total que ha seguido a la guerra.
La guerra iniciada en 2011 no fue, desde la óptica baazista, una crisis doméstica, sino un escenario de confrontación geopolítica en el que múltiples actores internacionales —potencias regionales, organizaciones yihadistas y países occidentales— intervinieron directa o indirectamente para desestabilizar el Estado sirio. La defensa del Estado frente a la fragmentación armada, el sectarismo político y la externalización del conflicto se presentaba, desde esta perspectiva, como una defensa de la soberanía nacional y del modelo de convivencia que durante décadas había garantizado la paz confesional. El colapso del Estado sirio tras la caída de Assad no ha traído la democracia prometida, sino el caos, la fragmentación y el resurgimiento del sectarismo que el baazismo había conseguido contener.
La lección que se desprende de esta experiencia es que una política secular sin democracia, como la baazista, es insostenible a largo plazo, pero también lo es la imposición de modelos democráticos desde el exterior sin atender a las especificidades históricas y sociales de cada país. El vacío dejado por el nacionalismo árabe en crisis ha sido aprovechado por el fundamentalismo islámico, capaz de dar respuestas radicales a las necesidades de individuos que viven en situaciones de máxima agitación. Para el futuro de las relaciones entre Europa y el mundo árabe, esto implica que el reconocimiento de la soberanía y la no injerencia debe ir acompañado de un apoyo efectivo a procesos de democratización endógenos que permitan a las sociedades árabes resolver sus tensiones internas sin recurrir a la violencia o a la tutela externa. España, por su tradición mediterránea y su experiencia en diálogo con actores árabes, podría desempeñar un papel relevante en este proceso, siempre que su política exterior combine el pragmatismo con un compromiso firme con los valores democráticos, pero sin perder de vista que la estabilidad regional exige, a veces, reconocer que modelos imperfectos como el baazista ofrecieron, durante décadas, una paz relativa y una convivencia que hoy parece nostálgica en un Oriente Medio desgarrado por el sectarismo.
Imágenes.
Imagen 1. José María Aznar, reunido con el presidente de Siria, Hafez al-Assad, en Damasco el 20 de julio de 1999. Fuente: Aznar ofrece al presidente de Siria la mediación española en el proceso de paz. (2018, February 16). Ultima Hora. https://www.ultimahora.es/noticias/internacional/1999/07/20/954049/aznar-ofrece-presidente-siria-mediacion-espanola-proceso-paz.html
Imágenes 2 y 3. El presidente sirio Bashar Asad, a la derecha, es recibido por el presidente del Gobierno español, José María Aznar, en el Palacio de la Moncloa, Madrid, España. Fuente: Getty Images (Michael Fitzsimmons / Staff). Enlace: https://www.gettyimages.es/detail/fotograf%C3%ADa-de-noticias/syrian-president-bashar-assad-right-is-greeted-fotograf%C3%ADa-de-noticias/824492
Imagen 4. Bashar al-Assad habla en una conferencia de prensa el 3 de mayo de 2001 en Madrid, España. (Carlos Alvarez / Getty Images)
Imagen 5. Álvarez, C. (fotógrafo). (2001, 3 de mayo). El presidente sirio Bashar Asad y el presidente del Gobierno español, José María Aznar, posan antes de su reunión en el Palacio de la Moncloa, Madrid [Fotografía]. Getty Images. https://www.gettyimages.es/detail/fotograf%C3%ADa-de-noticias/syrian-president-bashar-assad-left-and-the-fotograf%C3%ADa-de-noticias/824490
Imagen 6. RTVE.es / AGENCIAS. (2009, 13 de enero). El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y su homólogo sirio, Walid Mualem, en una reunión en Damasco [Fotografía]. RTVE.es. https://www.rtve.es/noticias/20090113/damasco-exige-fin-agresion-sobr
Imagen 7. Reuters. (2009, 14 de octubre). El presidente sirio, Bashar al-Assad, recibe a su homólogo español, José Luis Rodríguez Zapatero, en Damasco [Fotografía]. En Cadena SER, Zapatero urge a Hamás y Al Fatá a reconciliarse para afrontar juntos el proceso de paz. https://cadenaser.com/ser/2009/10/14/internacional/1255481116_850215.html
Imagen 8. RTVE.es. (2009, 14 de octubre). Zapatero viaja a Siria [Vídeo]. RTVE Play. https://www.rtve.es/play/videos/programa/zapatero-habla-yazira/605177/
Imagen 9. UN LEGADO REAL. (2021, 16 de diciembre). Reunión con el presidente de Siria [Fotografía]. https://unlegadoreal.es/viajes/republica-arabe-siria-2003/
Imagen 10. RTVE.es/AGENCIAS. (2010, 5 de julio). El presidente de Siria, Bashar al-Assad, llega a España para abordar la situación en Oriente Próximo [Fotografía]. RTVE.es. https://www.rtve.es/noticias/20100705/el-presidente-de-siria-llega-a-espana-para-abordar-la-situacion-en-oriente-proximo/338348.shtml
Imágenes de la visita de Bashar al-Assad a Córdoba en mayo de 2001, con motivo de la inauguración de la exposición El esplendor de los Omeyas cordobeses en Medina Azahara. En ellas se aprecia al presidente sirio junto a los Reyes de España, el recorrido por el conjunto arqueológico y los actos institucionales celebrados en la ciudad. Fuente: Marzo, I. (2024, 9 de diciembre). Cuando Bashar al-Asad visitó Córdoba [Vídeo]. Diario Córdoba. https://www.diariocordoba.com/cordoba-ciudad/2024/12/09/bashar-asad-visito-cordoba-medina-azahara-112463295.html

Imagen 11. Gutiérrez, M. (2025, 16 de enero). Al Golani "convence" a Albares: España apoyará el fin de las sanciones a Siria [Fotografía]. La Razón. https://www.larazon.es/internacional/espana-apoya-fin-progresivo-sanciones-siria_202501166788fd756b777a00017547a2.html
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