EL PAPEL DE LA FILOSOFÍA EN EL CONJUNTO DEL SABER Y DEL HACER DE LAS CIENCIAS SOCIALES O HUMANAS
Desde una perspectiva materialista, a la hora de criticar el idealismo filosófico de la Escuela Austriaca de Economía

Resumen:
Este escrito es un avance, en forma de borrador de trabajo, del inicio de la actual investigación doctoral en filosofía por la Universidad de Salamanca del autor de este artículo, centrada en una crítica de las ideas filosóficas de la Escuela Austriaca de Economía desde el materialismo político.
Palabras clave:
filosofía, Escuela Austriaca de Economía, materialismo político.
1. Propósito y sentido de esta crítica filosófica
Esta investigación filosófica que presentamos, y que recomendamos leer de principio a fin para entender y comprobar la metodolgía sistemática de la misma, va a desarrollar el método de análisis filosófico de lo que llamamos materialismo político aplicado a la crítica de las ideas filosóficas fundamentales de la llamada Escuela Austriaca de Economía. El propósito de la misma es usar dicho método en las ideas filosóficas derivadas, en gran medida, de conceptos tanto económicos como políticos usados por los seguidores de aquella Escuela. En el capítulo 3 de esta investigación analizaremos la relación entre conceptos científicos e ideas filosóficas, que justificará el porque la filosofía es la disciplina que consideramos adecuada para este análisis crítico. Por de pronto, y tratando de evitar prolijidad en esta exposición inicial, explicaremos brevemente el desarrollo del materialismo político hasta la actualidad, y cómo dicho desarrollo va parejo al desarrollo de las ideas filosóficas de lo que, para abreviar en ocasiones, llamaremos simplemente austriacos o ideas austriacas. Algunos de sus miembros como Carl Menger, Eugene von Böhm-Bawerk, Ludwig von Mises, Friedrich August von Hayek y Murray Rothbard, entre otros que se irán mencionando en esta investigación, serán algunos de los autores bibliográficamente más prolijos y, también, más influyentes dentro y fuera de la economía política de finales del siglo XIX, de todo el siglo XX y de lo que llevamos de siglo XXI. Su legado teórico e ideológico llega hasta hoy, impregnando todo el discurrir posterior del grupo doctrinal al que pertenecen, la llamada Escuela Austriaca de Economía, pudiendo decir que son sus autores principales y más conocidos, descontando algunos nombres importantes vivos, que mencionaremos más adelante. La historia e ideas principales de esta denominada escuela económica las desarrollaremos críticamente a lo largo de esta investigación. Por eso, el sentido de nuestra crítica filosófica no es otro que la aplicación de la metodología del materialismo político a una muy influyente escuela cuyos principales autores no son filósofos de formación pero que, sin embargo, ha escrito textos atravesados por doquier de ideas filosóficas que no surgen con ellos, pero que con esta escuela sí discurren por senderos muy particulares, cuyas repercusiones se ven tanto en la política como en la llamada cultura popular. ¿Por qué es tan influyente la Escuela Austriaca de Economía en la política actual y en el saber mundano de la gente? Para responder a ello, primero, hemos de explicar de dónde surge el materialismo político, pues ese será el método filosófico a la contra de las ideas austriacas.
El materialismo político es la propuesta de fusión nuclear entre la filosofía de Marx, en concreto de lo que se conoce como materialismo histórico o crítica de la economía política, y la filosofía de Gustavo Bueno, lo que se conoce como materialismo filosófico. La primera persona en proponer dicha fusión nuclear fue el sociólogo y profesor de filosofía español Andrés González Gómez, en una conferencia magistral dentro del ciclo de la Escuela de Filosofía de Oviedo, en la Fundación Gustavo Bueno, el 5 de diciembre de 2017. En dicha conferencia, que suscitó un debate filosófico con el profesor e investigador emérito de dicha fundación, Tomás García López, González Gómez afirmó que “el materialismo histórico y el materialismo filosófico son como dos átomos ligeros que se fusionan en un núcleo atómico más pesado y liberador de una energía crítica demoledora” (González, 2017a). No obstante, González Gómez no propuso en ningún momento denominar a dicha fusión como materialismo político. Por primera vez se propone dicho término para esta fusión entre estos dos sistemas filosóficos en el libro La vuelta del revés de Marx. El materialismo político entretejiendo a Karl Marx y Gustavo Bueno (Armesilla, 2020). Y de manera más ampliada y perfilada, la propuesta del materialismo político se ha aplicado académicamente en la primera edición del Curso de Experto en Materialismo Político del Instituto Beatriz Galindo – La Latina, lanzado por primera vez en 2024, cuyo material docente fue escrito por Mariano Utín y supervisado por mi (Utín y Armesilla, 2024). Mientras se redacta esta investigación, se prepara una segunda edición contando de nuevo con estos dos autores, a los que se suman Román Hernández y Diego Ruzzarín. No obstante, el término materialismo político no es de autoría de ninguno de los mencionados en este párrafo, y su recorrido histórico contemporáneo fue explorado por Bueno Sánchez (2017), si bien es a partir de 2020 cuando se pretende definir como una propuesta filosófica sistemática de fusión nuclear de dos sistemas filosófico diferentes. Los postulados fundamentales de este método filosófico se desarrollarán a lo largo de esta investigación de manera crítica aplicados a las ideas filosóficas de la llamada Escuela Austriaca de Economía.
Precisamente, la propuesta del materialismo político surge en el momento histórico en que las ideas de los austriacos por fin han logrado implantarse políticamente, aun de manera parcial, en una sociedad política concreta, lo que daría cuenta de su potencia para poder alcanzar situaciones de poder político fuera del ámbito académico o de asesoría a gobernantes en que se ha desarrollado hasta ahora. Esa implantación política desde el gobierno de una sociedad política se alcanzó el 10 de diciembre del año 2023, cuando un economista de dicha escuela, Javier Milei, logró alcanzar la presidencia de la República Argentina. Y lo hizo a través de la coalición La Libertad Avanza, que preside su hermana Karina. Dicha coalición nació en 2021, organizada para presentar a Milei como diputado nacional argentino por el distrito de la Ciudad de Buenos Aires, consiguiendo ser elegido con un 17,04% de los votos emitidos. Tras llegar a la presidencia en 2023, Javier Milei fundó un partido político con el mismo nombre, La Libertad Avanza, en 2025, para acaparar más control dentro de la coalición previa. Este partido logró afianzarse como tal en las elecciones legislativas argentinas de ese mismo año 2025. Milei, previamente a su salto a la política, se licenció en económicas por la Universidad de Belgrano en 1993 (Nacional, 2023), cursando postgrados de economía en el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES), asociación civil sin fines de lucro, y en la privada Universidad Torcuato di Tella. En 2022, recibió un doctorado honoris causa (honorífico, por tanto, el primero de varios, pero nunca ha obtenido un doctorado propiamente dicho, tras ninguna investigación doctoral) por el Instituto Universitario ESEADE (Salerno, 2022), centro cuyo rector es Alberto Benegas Lynch, economista liberal y procer de Javier Milei, quien pasó de ser un economista neoclásico (keynesiano) a seguir las ideas de la Escuela Austriaca de Economía tras la gran recesión económica del año 2008 y gracias a la influencia del también economista argentino seguidor de esta escuela, Diego Giacomini, con quien escribió cuatro libros en conjunto, y que tras el salto a la política de Milei en 2019, pasó a ser uno de sus mayores críticos públicos (TN, 2024).
Milei, por tanto, se trata del primer jefe de Estado seguidor de las ideas de la Escuela Austriaca de Economía, en sus vertientes más anarcocapitalistas, minarquistas, libertarias y paleolibertarias. Se trata de cuatro vertientes diferentes a nivel ideológico influidas por las ideas austriacas, con diferencias respecto al nivel del peso del Estado en la vida política y económica, desde el cero Estado del anarcocapitalismo hasta el Estado mínimo minarquista, más apegado al liberalismo clásico de Mises como veremos después, pasando por el libertarismo o libertarianismo, que defiende un Estado mínimo que garantice las libertades individuales, la propiedad privada de los medios de producción de la riqueza social y la asignación eficiente de recursos a través de una economía de un llamado libre mercado, la única razonable a juicio de estos libertarianos o libertarios (tomando el término original de la izquierda libertaria o anarquista de los siglos XIX y XX) que puede garantizar la libertad del individuo como fin supremo. Siguiendo estas ideas, Javier Milei se define políticamente como “liberal-libertario” (Presente, 2021), “anarcocapitalista en lo teórico” (Clarín, 2021) y “minarquista en la vida real” (Gómez Brauvano, 2018). Es en su definición ideológica donde encontramos la impronta de austriacos como Mises, Rothbard y el español Jesús Huerta de Soto, catedrático de economía de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y el más influyente y prolófico austriaco hispanoparlante, de manera más clara. Siguiendo a su prócer Alberto Benegas Lynch, antes mencionado, Milei defiende que “el liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo basado en el principio de no agresión en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad” (Leclerq, 2023). Y cuando fue invitado al Foro de Davos de 2024, Milei defendió el capitalismo de libre mercado, la ya mencionada propiedad privada de los medios de producción de la riqueza social, el laissez-faire (libre competencia), la división del trabajo y la cooperación social como las bases de la prosperidad, como única vía para acabar con la pobreza y como único sistema económico moralmente deseable para lograr todos estos objetivos (ESP, 2025). Todas estas ideas son pilares ideológicas fundamentales del corpus doctrinal de la Escuela Austriaca de Economía a partir de Ludwig von Mises, discípulo de Böhm-Bawerk (quien, a su vez, fue discípulo de Menger, fundador de la misma), y maestro de Hayek. Mises, a nuestro juicio, podría ser considerado el autor austriaco más decisivo dentro de esta corriente, por las repercusiones y derivaciones que dentro y fuera de la escuela ha tenido su obra. Milei, en tanto que el, por ahora, miembro de más éxito político de la historia de la Escuela Austriaca de Economía, la define tal que así: “La claridad conceptual de los austriacos es superlativa y domina fuertemente al resto de las escuelas” (NDI, 2020). Y es aquí cuando llegamos a la clave de bóveda que supone la implantación política, de momento solo en Argentina, de las ideas de la Escuela Austriaca de Economía. Milei, cuya presidencia argentina ya justificaría una investigación filosófica sobre las ideas que defiende la escuela a la que pertenece, afirmó en el Foro Económico Mundial en Davos del año 2024, lo siguiente sobre el socialismo, idea que podría considerarse el gran adversario como idea de los austriacos:
El socialismo es siempre y en todo lugar un fenómeno empobrecedor, que fracasó en todos los países que se intentó, un fracaso en lo económico, un fracaso en lo social, un fracaso en lo cultural y además asesinó a más de 100 millones de seres humanos. El problema esencial de Occidente hoy es que no solo debemos enfrentarnos a quienes aún luego de la caída del muro y la evidencia empírica abrumadora siguen bregando por el socialismo empobrecedor, sino también a nuestros propios líderes, pensadores y académicos que, amparados en un marco teórico equivocado, socavan los fundamentos del sistema que nos ha dado la mayor expansión de riqueza y prosperidad de nuestra historia. El marco teórico al que me refiero es el de la teoría económica neoclásica, que diseña un instrumental que sin quererlo termina siendo funcional en la intromisión del Estado, el socialismo y la degradación de la sociedad (ESP, 2024).
Esta parte del discurso que hemos citado es vertebral en las ideas de la Escuela Austriaca de Economía a partir de Mises, quien en 1922 dedicó un libro a esta cuestión: El socialismo. Análisis económico y sociológico. Esta obra será central en el argumentario crítico de nuestra investigación aunque como veremos, antes y después de la misma Mises ya trató de definir una idea de socialismo sobre la que construir no ya su crítica sobre ella, sino todo el ejercicio teórico que levantó, y que sin el cual no se puede entender no ya solo a la Escuela Austriaca, sino particularmente a los discursos públicos de Javier Milei y de sus partidarios. Milei y los austriacos ven a los empresarios capitalistas como benefactores del prójimo que, mediante la libre competencia, ofrecen mejores y más baratos bienes y servicios a los demás. Y consideran que oponerse a esto es algo no ya solo empíricamente imposible porque lleva al desastre económico, sino también moralmente reprobable y contrario a los sujetos que crean riqueza para lo que llaman Civilización. Por eso, la economía neoclásica, al hablar de “fallos del mercado” está sentando, según los austriacos, las bases de la llegada del socialismo, la gran bestia negra de este grupo, pues la síntesis neoclásico-keynesiana, todavía hegemónica en las facultades de economía política del mundo capitalista, y debido a su defensa en ocasiones del intervencionismo económico, del proteccionismo y del estatalismo, está sentenciando de muerte a la Civilización. Veremos a lo largo de este ensayo crítico que estas ideas, y particularmente la de Civilización, son centrales en los austriacos y, particularmente, en Mises, el más importante teórico de la Escuela Austriaca porque antes de él dicha escuela tenía representantes socialistas o cercanos a ideas socialistas como Paul Rosenstein-Rodan o Friedrich von Wieser, e incluso miembros más heterodoxos como Joseph Alois Schumpeter, contra el cual Mises siempre chocó. Pero tras Mises, el antisocialismo se ha convertido en la columna vertebral de las ideas de la Escuela Austriaca de Economía. La idea de libre mercado defendida por Milei en Davos 2024 representaría la antítesis de la idea de socialismo que Mises construyó, y que prácticamente todos los discípulos de esta escuela económica sustentan, pero que va mucho más allá de la economía en sus fines y medios. Dice Milei:
El mercado es un mecanismo de cooperación social donde se intercambian voluntariamente derechos de propiedad. Por lo tanto, dada esta definición, hablar de fallo de mercado es un oxímoron. No existe el fallo de mercado. Si las transacciones son voluntarias, el único contexto en el que puede haber un fallo de mercado es si hay coacción. Y el único con la capacidad de coaccionar de manera generalizada es el Estado que tiene el monopolio de la violencia. En consecuencia, si alguien considera que hay un fallo de mercado, les recomendaría que revisen si hay intervención estatal en el medio. Y si encuentran que no hay intervención estatal en el medio, les sugiero que hagan de nuevo el análisis porque definitivamente está mal. Los fallos de mercado no existen (ESP, 2024).
En esta investigación filosófica demostraremos que estas cuestiones que plantea Milei, y que son defendidas por prácticamente todos los miembros de la denominada Escuela Austriaca de Economía a partir de Mises, pasando por los ya mencionados Murray Rothbard y Lew Rockwell, o por otros de renombre internacional como Israel Kirzner, Hans-Hermann Hoppe o los españoles Jesús Huerta de Soto o su discípulo más aventajado y heterodoxo, Juan Ramón Rallo, y que sintonizan con la idea de que el socialismo es un mal porque es irracional, inmoral, empobrece siempre y es contrario al capitalismo de libre mercado, el cual no tiene fallos porque se basa en la libre cooperación social entre individuos libres e iguales ante la ley sin coacción estatal (socialismo según Mises, Rothbard, etc.), no son realmente cuestiones económicas, sino filosóficas. Cuestiones filosóficas que no se limitan a la idea de socialismo (y de la supuesta imposibilidad de cálculo económico en el mismo), sino que recorren las ideas fundamentales que sostienen a esta escuela como el subjetivismo, el individualismo metodológico, la teoría de la utilidad marginal, el llamado realismo causal, la idea de individuo, de libre mercado, el individualismo político, la cataláctica y la praxeología, así como la propia idea de ciencia y de economía política que sostiene este grupo. Todas estas ideas, que consideramos los pilares que sostienen esta escuela, son ideas filosóficas que criticaremos desde nuestro materialismo político. Y que, en conjunto, tratadas sistemáticamente, demostrarían que la Escuela Austriaca de Economía no es una mera escuela económica, sino que es algo que va mucho más allá: es una ideología política militante con un proyecto claro y definido de implantación política a escala global sin limitación espacio-temporal en dicha implantación. También trataremos esto en nuestra investigación, dejando para las conclusiones finales, tras un resumen de nuestras principales críticas, un desarrollo filosófico de la idea de ideología, que justifica el título de nuestra investigación.
Por eso, y para finalizar por ahora, diremos que la justificación y sentido de esta investigación filosófica crítica estriba en la demostración, desde la armadura del materialismo político, de que las ideas que se han implantado políticamente en Argentina, y que buscan expandirse por todo el mundo hispanohablante en particular (directa o indirectamente, en los gobiernos de José Antonio Kast en Chile, de Daniel Noboa en Ecuador, de Keiko Fujimori en Perú, de Rodrigo Paz en Bolivia, de Abelardo de la Espriella en Colombia, y de aspirantes a gobernar como Flavio Bolsonaro en Brasil, Ricardo Salinas Pliego en México o Santiago Abascal y Alberto Nuñez Feijóo en España), y mundial en general, no son conceptos económicos empíricos en realidad, sino ideas filosóficas. Y por eso, porque los economistas austriacos se mueven constantemente en el terreno de las ideas filosóficas, lo sepan o no, en vez de en las cuestiones tecnológicas típicamente económicas como iremos viendo a lo largo de esta investigación, es por lo que solo desde la disciplina filosófica es posible realizar una crítica sólida y sistemática de sus ideas. Por ejemplo, la idea de socialismo de Ludwig von Mises no es económica ni sociológica, sino eminentemente filosófica, y es la que, en realidad, articula toda la obra de este autor. Por eso su idea de socialismo será tratada en uno de los capítulos más extensos de esta investigación, el 15. Y diremos más: la idea de socialismo de Mises, en tanto que idea filosófica, es la que da fuste conceptual a toda la Escuela Austriaca en general, siendo Mises su principal y fundamental articulador. Por eso, a nuestro juicio, la crítica a la idea de socialismo de Mises supone criticar al pilar central de la ideología austriaca, porque además es la que sostiene la clave de bóveda de la cosmovisión del mundo de este grupo ideológico: la praxeología. Un pilar que, insistimos, no es económico, no es empírico. Ni es sociológico. Es fundamentalmente filosófico, porque socialismo es, también, una idea filosófica de gran relevancia, como trataremos de desarrollar en esta investigación, sin restarle importancia al resto de ideas austriacas antes mencionadas y que también criticaremos aquí.
A continuación, y siguiendo con lo explicado hasta ahora, ensayaremos sobre por qué la filosofía es la disciplina adecuada para realizar la crítica y no otras, como la economía o la sociología.
2. El papel de la filosofía en el conjunto del saber y del hacer de las ciencias sociales o humanas
Para entender por qué la filosofía es la disciplina adecuada para realizar la crítica filosófica a las idea de la llamada Escuela Austriaca de Economía es necesario, en este capítulo, explicar qué papel otorgamos a la filosofía como tal disciplina. En esto seguimos íntegramente lo que se expone desde el materialismo filosófico de Gustavo Bueno en diversas obras (1970, [1995a] 1999) y disertaciones públicas (2008). Para resumir, diremos que según Bueno, la filosofía, o saber filosófico, no sería solo, que también, un saber sobre las obras de los grandes filósofos (Platón, Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, Spinoza, Kant, Hegel, Marx, Nietzsche, Heidegger, el propio Bueno, etc.), esto es, un mero saber doxográfico, sino sobre todo un saber realizado desde el aquí y ahora, y acerca del aquí y ahora, esto es, del presente en marcha. La filosofía debe ser, para Bueno, un saber eminentemente práctico, social, político y científico, siendo dicho aquí y ahora práctico su ámbito más propio, y no solo en la fase de aprendizaje de la filosofía en los estudios de bachillerato, sino también en su fase madura, incluso después de la Universidad. La filosofía no puede pretender proceder como si hubiese conseguido saltar más allá del presente, ni por encima de él, como si pusiera un pie en el fondo último de la realidad, sea esta metafísico-espiritual o cuántica. En realidad, la filosofía puede abarcar todas estas cuestiones, pero solo desde el aquí y ahora, desde el cual explora todas las ideas que consiguen visibilidad para los hombres. Las filosofías no materialistas, a juicio de Bueno (1991a, 1996a), hacen todo lo contrario, pues considerarán el aquí y ahora desde el pasado, o desde lo eterno, lo ahistórico. Sin embargo, una filosofía implantada en el aquí y ahora como el materialismo histórico de Marx, como el materialismo filosófico de Bueno o como el materialismo político serán concepciones implantadas o inmersas de la filosofía en tanto que considerarán el pasado o lo ahistórico y eterno desde dicho aquí y ahora, y tenderán a ver la filosofía, en tanto que disciplina, como un saber crítico de saberes del presente, o lo que es lo mismo, como un saber de segundo grado, frente a concepciones de la filosofía como saber de primer grado por su condición supuestamente ahistórica, transhistórica o eterna (esta es la concepción metafísica de la filosofía, según Bueno).
¿Qué significa que la filosofía es un saber de segundo grado? Significa, para Bueno, que presupone otros sabres previos de primer grado. Saberes técnicos, tecnológicos, científicos, políticos y, también, económicos, serían según él saberes de primer grado. La filosofía en sentido estricto no sería una disciplina exenta, anterior a los saberes de primer grado, sino que presupondrá, por contra, un estado de las ciencias estrictas (formales y naturales), de las técnicas y tecnologías lo suficientemente avanzado y maduro como para que pueda empezar a construirse como una disciplina definida del conocimiento. Esto es lo mismo que decir, desde el materialismo político, que solo a partir de una vida política avanzada y desarrollada, como la de las Polis griegas antiguas, fue posible el desarrollo de la disciplina filosófica en sentido estricto y no lato (Bueno, [1974] 2025: 18). Por eso, las ideas de que se ocupa la filosofía en sentido estricto brotan de la confrontación de diversos conceptos técnicos, tecnológicos, científicos o políticos, a partir de un cierto grado de desarrollo de la vida política. Por eso, el materialismo político entiende que este es el núcleo fundamental de su construcción. Y las ideas derivadas de la confrontación de conceptos de saberes de primer grado es más abundante a medida que se produce el desarrollo de dicha vida política.
Así la filosofía, lejos de ser una disciplina que se ocupe de cuestiones abstractas indemostrables empíricamente, en sentido estricto e inmerso como saber de segundo grado construirá su campo en función de otros campos de saberes de primer grado, de sus contradicciones y analogías. De esta manera, será la única disciplina con capacidad para definir qué es una ciencia y qué es la verdad científica, sin lo cual lo demostrable empíricamente no podría justificarse de manera sistemática, sino solo de manera espontánea, algo propio de los científicos, y también de los economistas como Mises, Rotbhard, etc. Las líneas identificables, según Bueno, que perfilarían las analogías o contradicciones entre los saberes de primer grado y otros contenidos de la cultural es lo que desde el materialismo se llaman ideas. Solo así, las ideas pueden tratarse de manera objetiva, u objetual, y no solo de manera subjetiva, o subjetual. Y solo así, las ideas objetuales y objetivas se desprenderán de los conceptos rigurosos que los saberes de primer grado técnicos, tecnológicos y científicos construyen en sus propios campos o dominios.
La filosofía no puede construir ideas que no broten de conceptos categoriales o técnico-tecnológicos. Por eso, podemos afirmar que los conceptos científicos, políticos, etc., están preñados de ideas filosóficas. Pero solo desde la filosofía es posible dar a luz esas ideas preñadas en dichos conceptos. Por eso, el papel de la filosofía en el conjunto del saber y del hacer es, según Bueno, deshacer la oscuridad y confusión en torno a las ideas que preñan los conceptos de primer grado y, por supuesto, saber cómo hacerlo. La filosofía es el enfrentamiento -dialéctico- con las ideas y con las relaciones sistemáticas entre ellas. Dichas ideas aparecen, históricamente, con rangos y en momentos distintos. Y no están entrelazadas todas con todas. Ideas como la de socialismo o capitalismo no son eternas, pues aparecen en un momento histórico concreto, y su ritmo de transformación suele ser más lento que el de los conceptos que preñan. Las realidades científicas, políticas, económicas o culturales de las que surgen cambian más rápido que ellas, y por eso no cabe sustancializarlas. Lo que ocurre es que las ideas filosóficas, cuando se implantan políticamente, es decir, cuando en sentido fuerte desde el poder del Estado o desde la lucha ideológica (llamada ahora por algunos “batalla cultural”) se vuelven masivas, ya han podido quedar desfasadas por la realidad, por el desarrollo de los saberes de primer grado. Por esto, como decimos, no cabe sustancializar las ideas filosóficas, ni tampoco relativizarlas. El problema es que dichas ideas filosóficas, una vez nacidas, influyen en sus conceptos padre, y así las disciplinas científicas de primer grado pueden quedar anquilosadas, o peor, ideologizadas. Por eso, el análisis filosófico de las ideas paridas por los conceptos científicos no es una intromisión en las ciencias, sean estas estrictas (formales y naturales) o sociales (humanas). La cuestión es que dichas ideas paridas por dichos conceptos científicos desbordan su campo de origen, y de ahí la labor crítica de la filosofía para analizarlas frente al blindaje o cerrojo ideológico en que puedan caer muchos científicos, también en los campos de las llamadas ciencias humanas o sociales. El propio Mises defiende este cerrojo ideológico o inmunidad: “El pensamiento económico debe estructurarse de tal suerte que resulte inmune a la crítica del antirracionalismo, el historicismo, el panfisicismo, el comportamentismo y demás variedades del polilogismo” (Mises, [1949] 2023: 7).
Los contenidos del campo filosófico no los crea la propia filosofía. La idea misma de creación es incompatible con el materialismo. La disciplina filosófica solo está en función de las realidades del aquí y ahora. Por eso, no puede existir una filosofía auténtica, pura. La filosofía se encuentra ante contradicciones entre situaciones e ideas en los saberes de primer grado, que en muchos casos los científicos, economistas, políticos, etc., no son capaces de ver. La filosofía permite ver los mecanismos por los que se producen dichas contradicciones. Y este proceso de visión es lo que Bueno llama filosofía. Además, el saber filosófico es un saber como el político, siempre construido contra alguien, esto es, frente o contra otros pretendidos saberes. En el caso de esta investigación, contra o frente los saberes económicos en general, y de la Escuela Austriaca de Economía en particular.
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