ENTREVISTA A MARCOS ONDARRA, POR KIKE ARSÁN.
«Un periodista no sufre la censura evidente y obscena, sino la exclusión económica, la deslegitimación y la autocensura»


Marcos Ondarra (Pamplona, 1996), periodista que desempeña su labor en el diario “The Objective”, se ha visto envuelto en las últimas semanas en polémicas y ha recibido ataques desde sectores próximos a VOX. Pero también ha sufrido ataques provenientes desde sectores próximos a lo que, todavía, algunos incautos llaman “izquierda”. Y todo ello, simplemente, por hacer bien su trabajo, que es el de informar. Por eso, queríamos entrevistarle y conocer su punto de vista sobre lo que debe ser, y no debe ser, el periodismo. Y quien siga la trayectoria de Marcos, verá que las respuestas a nuestras preguntas demuestran que aún hay profesionales que están a la altura de los acontecimientos y cuyo deber es, al fin y al cabo, mostrar la realidad tal y como es, haciendo suyo aquel adagio que plasmó Unamuno en sus escritos: “Veritas prius pace, primero la verdad que la paz”. Que así sea.
P.- Ante todo el revuelo ocasionado en estos días por las informaciones que ha publicado en el periódico para el que trabaja, "The Objective", ¿considera que el periodismo, o más bien, el sentido del verdadero periodismo, se encuentra protegido por el sistema "democrático" verdaderamente existente?
R.- En términos legales, la libertad de prensa está, gracias a Dios, más protegida de lo que le gustaría al poder político. Esto implica que, en teoría, uno puede ejercer un periodismo libre si se lo propone, pero el problema es que los incentivos para ello suelen ser escasos. En la práctica, las garantías legales de las que gozan los periodistas conviven con una estructura de poder que las vacía: concentración de medios, dependencia de ayudas públicas, y la capacidad de gobiernos y plataformas (durante mucho tiempo, Meta, por ejemplo) para etiquetar como «desinformación» lo que contradice el relato dominante.
Un periodista no sufre la censura evidente y obscena, sino la exclusión económica, la deslegitimación y la autocensura. Los incentivos del propio sistema premian la alineación con el poder.
P.- Hemos visto que, en este caso, los ataques le han venido por el lado "derecho" del sistema (personas del entorno de VOX), pero también hemos visto como por parte de la "izquierda" también han atacado a su periódico (en su perfil de "X", el ministro Óscar Puente llamó "The Ojete" al diario para el que trabaja). ¿Cree que el periodismo ha de ser un censor del poder establecido, y por ello, recibir ataques de ambas partes del espectro político puede ser considerado un síntoma de hacer bien su trabajo?
R.- Recibir ataques de ambas partes no es necesariamente bueno: si alguien se pone a andar por medio de una carretera, lo normal es que le increpen los que conducen en una dirección y en la otra, porque lo está haciendo mal. Sin embargo, sí es indicativo de que uno no está en uno de los bandos, y eso ya es mucho decir hoy día.
P.- Desde su posición como analista de la realidad social y política española, ¿considera que la sociedad española es crítica con sus representantes políticos, tanto de un lado como de otro, o hay un sometimiento total a los dictados que se hacen desde las diferentes formaciones?
R.- Por lo general, la gente no busca información, sino sesgo de confirmación, y la crítica es profundamente tribal: se exige al rival lo que se perdona al propio, y viceversa. Pero el periodismo debe hacer autocrítica: lejos de haber tratado de 'educar' (entiéndase) al lector en el criterio libre, ha jugado un papel decisivo en la configuración de esa mentalidad tribal, hasta el punto de que leer un periódico u otro forma parte también de la identidad de la tribu.
P.- Teniendo en cuenta los acontecimientos que hemos vivido este verano (oleadas de incendios cuya culpabilidad se atribuye al "cambio climático" y que presuntamente han sido provocados, asaltos a la ciudad de Ceuta por parte de inmigrantes provenientes de Marruecos, y otros más), ¿considera que la respuesta de los representantes políticos de ambos espectros ha sido la adecuada?
R.- Evidentemente no. La política hodierna parece más preocupada por el relato que por la gestión. En los incendios se usó el cambio climático como tapadera para no hablar del abandono del monte, de los recortes en prevención o de las trabas burocráticas que se ponen al medio rural. En Ceuta no hubo una «crisis migratoria» espontánea: hubo una entrada masiva, permitida e incluso guiada desde Marruecos, y un Gobierno más preocupado por no molestar a Rabat que por la integridad territorial y la vida cotidiana de los ceutíes. En cuanto a la oposición, mi impresión es que priorizó sus vacaciones y no logró convertir el abandono del Estado en una exigencia sostenida.
P.- Y para terminar, centrándonos en el plano personal, ¿cómo afecta el saber que las críticas recibidas han sido por realizar bien su trabajo? ¿Alguna vez ha sentido que todo el esfuerzo realizado no merece la pena, o por el contrario, le queda la satisfacción del deber cumplido?
R.- Muchas veces no son cómodas. Los partidos se encargan de que no lo sean. Pero si el criterio es la comodidad, esta profesión no merece la pena; si el criterio es ir, ver y contar, las hostias forman parte del recibo. La satisfacción no es heroica ni legendaria: es la misma que la de cualquiera que hace su trabajo dignamente.

