ELIO ANTONIO DE NEBRIJA: LA LENGUA COMO TECNOLOGÍA IMPERIAL. Una lectura desde la concepción materialista de la vida política.

I. La lengua del Imperio.
La concepción materialista de la vida política —el materialismo político formulado por Santiago Armesilla como fusión del materialismo filosófico de Gustavo Bueno con el materialismo histórico de Marx— nos obliga a pensar la lengua no como fenómeno cultural autónomo ni como "expresión del espíritu de un pueblo", sino como institución material producida en el marco de sociedades políticas concretas, cuya recurrencia (es decir, su capacidad de mantenerse en el tiempo, lo que Bueno denomina eutaxia) depende del poder efectivo de los Estados que la sostienen¹.
Desde estas coordenadas, la codificación gramatical de una lengua no es un acto "literario" ni "académico", sino una intervención político-institucional que transforma las relaciones del eje circular del espacio antropológico (esto es, las relaciones que los seres humanos mantienen entre sí a través de las cosas que producen: las relaciones de producción en Marx, las relaciones políticas, comerciales y administrativas en sentido amplio). No es casualidad que la primera gramática sistemática de una lengua europea moderna —la Gramática de la lengua castellana de Antonio de Nebrija— se imprimiese el 18 de agosto de 1492, mientras Cristóbal Colón navegaba hacia lo desconocido².
Cuando la reina Isabel preguntó para qué servía un libro así —si todos los letrados ya hablaban castellano—, Nebrija relata que el obispo de Ávila, Hernando de Talavera, le "arrebató la respuesta" y pronunció las palabras que sellarían una nueva relación entre lengua y poder político²:
"Después que vuestra Alteza metiesse debaxo de su iugo muchos pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas, y con el vencimiento aquellos ternían necessidad de recebir las leies quel vencedor pone al vencido, y con ellas nuestra lengua."³
Aquel intercambio marcó la primera formulación operatoria y consciente del vínculo entre lengua y poder político en la modernidad europea: la lengua no como mero instrumento comunicativo, sino como tecnología de Estado destinada a la organización institucional de territorios conquistados y a la estructuración de las relaciones de producción.
Conviene, sin embargo, precisar desde el comienzo una cuestión terminológica de alcance filosófico que afecta al conjunto de este artículo. Nebrija titula su obra Gramática de la lengua castellana, no española. Esta elección no es accidental ni irrelevante. Como ha señalado Gustavo Bueno en España no es un mito, Nebrija opera con la idea de nación histórica —la fusión progresiva de naciones étnicas peninsulares bajo una lengua común cuyo canon gramatical él mismo establece—, y no con la idea de nación política en sentido moderno, concepto posterior que cristaliza con la Revolución Francesa y las Cortes de Cádiz⁴. Bueno lo formula con precisión: "Esta nación histórica irá progresivamente consolidando una lengua común cuyo canon gramatical estableció Nebrija, precisamente el mismo año del descubrimiento"⁵. En consecuencia, a lo largo de este artículo se hablará de lengua castellana y de sociedad política castellana o corona de Castilla cuando nos refiramos al contexto de Nebrija, reservando español y España para contextos posteriores en los que la nación política ya esté constituida.
De Antonio Martínez a Aelius Antonius: la romanización de un gramático.
Antonio de Nebrija nació como Antonio Martínez de Cala, en Lebrija (Sevilla), en 1441⁶. Pero cuando regresó de estudiar en el Colegio de San Clemente de Bolonia (1463–1470)⁷, había experimentado una transformación radical. Ya no era Antonio Martínez: ahora se hacía llamar Aelius Antonius Nebrissensis.
¿Por qué este cambio? Nebrija había identificado su pueblo natal, Lebrija, con la antigua Nebrissa Veneria romana, mencionada por Plinio el Viejo en su Historia Natural⁸. En las inscripciones romanas halladas en la zona encontró referencias a la gens Aelia, una familia patricia que había dado pretorianos y administradores al Imperio Romano⁹.
Al adoptar el nombre Aelius Antonius Nebrissensis, no realizaba un gesto meramente retórico o identitario, sino que establecía una continuidad institucional efectiva entre el aparato político-lingüístico del Imperio Romano —el latín como lengua administrativa universal— y el emergente poder político de Castilla —el castellano como lengua de integración territorial—. Esta operación no era "simbólica" en sentido idealista, sino político-material: vinculaba explícitamente la empresa imperial castellana con los mecanismos históricos de organización territorial romana. Era, si se quiere, la primera analogía de proporción consciente entre Roma y Castilla formulada desde el campo lingüístico: así como la gens Aelia había administrado territorios para Roma extendiendo el latín, Nebrija administraría el castellano para Castilla extendiendo la gramática.
Esa filiación aparece explícita en su poema Salve, parva domus, dedicado a su villa natal y a sus antigüedades romanas¹⁰. Nebrija comprendía perfectamente el paralelismo histórico: así como Roma había conquistado el mundo mediterráneo extendiendo el latín como lengua de administración, ley y culto, Castilla habría de proyectarse sobre nuevos territorios expandiendo el castellano como instrumento de las mismas operaciones.
"Siempre la lengua fue compañera del imperio": Nebrija y las cinco acepciones de la idea de imperio.
Esta frase, escrita en el prólogo de su Gramática de la lengua castellana¹¹, sintetiza la lucidez política de Nebrija. No era una observación retórica: era el resultado de un análisis histórico sin precedentes en Europa y, como puede demostrarse desde las coordenadas del materialismo político, constituye un ejercicio filosófico de primer orden.
Felipe Martínez Marzoa, en el bloque quinto de sus Documentos, ha situado la Gramática de Nebrija en el contexto del proyecto humanístico del Renacimiento con una precisión que ilumina lo que estaba verdaderamente en juego¹². La gramática humanística, observa Marzoa, se basa en el reconocimiento de que el latín es ya una "lengua de corpus" —una lengua muerta cuya estructura solo puede estudiarse a partir de textos—. Esto implica un movimiento de ida y vuelta: desde el habla efectiva se pone de manifiesto una estructura, y esa estructura es lo que gobierna el habla. Ahora bien, para un humanista que no sea Nebrija, ese movimiento exige que el punto de partida (el corpus latino clásico) y el punto de llegada (el posible buen uso del latín) sean materialmente distintos. De ahí que un gramático como Juan de Valdés, en su Diálogo de la lengua, rechazase con agresividad la idea misma de una gramática del castellano: ¿cómo se puede hacer gramática de la lengua que se está hablando? La respuesta de Nebrija es que sí se puede, y en ello reside, según Marzoa, su "comprensión más radical" del proyecto humanístico: "la sustancia del proyecto humanístico en el aspecto gramática no excluye que el punto de partida y el de llegada sean materialmente el mismo". Nebrija es, pues, más humanista que los propios humanistas que lo rechazan: lleva el proyecto gramatical a sus últimas consecuencias lógicas.
Esta tesis de Marzoa tiene implicaciones decisivas para nuestro análisis desde el materialismo político. Que el punto de partida y el de llegada sean "materialmente el mismo" significa que la gramática no es un registro pasivo de una lengua ajena, sino una intervención activa sobre la lengua que se está hablando: una tecnología que transforma su propio objeto. Nebrija no describe el castellano desde fuera; lo codifica desde dentro para dotarlo de la estabilidad institucional que necesita un idioma destinado a funcionar como lengua de administración imperial.
Tomás García López, en su lectura de Nebrija desde las coordenadas del materialismo filosófico de Gustavo Bueno, ha demostrado además que la frase de Nebrija pone en juego simultáneamente las cinco acepciones de la idea de imperio que Bueno distingue en España frente a Europa¹³:
La primera acepción (subjetual) designa el imperio como facultad del imperator, como capacidad de mando de quien lo ejerce. Nebrija opera con esta acepción al dirigirse directamente a Isabel la Católica como sujeto del poder imperial: es ella quien ha de "meter debajo de su yugo" a los pueblos bárbaros, y es para ella para quien la gramática se convierte en instrumento de gobierno.
La segunda acepción (espacial) designa el imperio como espacio antropológico efectivamente controlado, no como mera extensión geométrica, sino como territorio atravesado por relaciones circulares (entre sujetos), radiales (con la naturaleza y sus recursos) y angulares (con los sistemas normativos y religiosos). Cuando Nebrija describe el castellano como lengua destinada a operar sobre "muchos pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas", no piensa en una extensión abstracta, sino en un espacio antropológico concreto cuyas tres dimensiones han de ser reorganizadas mediante la lengua.
La tercera acepción (diapolítica) designa el imperio como sistema de sociedades políticas subordinadas a un centro rector. Nebrija comprende este sistema cuando enumera los destinatarios de su gramática: "los vizcaínos, navarros, franceses, italianos, e todos los otros que la nuestra lengua querrán deprender"¹⁴. El gramático de Lebrija no piensa en una sociedad política aislada, sino en una constelación de reinos, señoríos y territorios que Castilla está articulando bajo su hegemonía lingüística y política.
Hay además una cuarta acepción (metapolítica) que designa el imperio en su dimensión teológico política, es decir, como proyecto que trasciende lo estrictamente político para incorporar una pretensión de legitimidad de orden superior. Nebrija la pone en juego cuando distingue cuidadosamente entre la providencia divina y la acción política efectiva de los Reyes Católicos: la gramática está al servicio de la evangelización, pero la evangelización misma es entendida como operación política de integración institucional, no como mero fenómeno espiritual.
Finalmente, la quinta acepción (filosófica) emerge de la tensión entre las acepciones tercera y cuarta: es la idea filosófica de imperio que se ejerce sin necesidad de ser formulada como tal. Nebrija ofrece en su prólogo lo que podríamos llamar un primer rasguño de esta idea filosófica de imperio, al establecer por primera vez la ley histórica que vincula lengua, poder político y civilización¹⁵.
Lo decisivo para nuestra tesis es que Nebrija no opera con una sola de estas acepciones, sino que las ejercita todas simultáneamente en el prólogo de su Gramática. Esto le convierte no en un mero gramático ni en un simple historiador, sino en el primer pensador del nexo entre lengua y poder público en la tradición española.
Desde el materialismo político, esta lectura de Nebrija puede precisarse aún más. Santiago Armesilla sostiene que la racionalidad humana es producto de la vida política: es imposible el desarrollo de los saberes técnicos, tecnológicos y científicos fuera del marco de las sociedades políticas¹⁶. Pues bien, Nebrija anticipa esta tesis con extraordinaria claridad: para él, la lengua no florece fuera del Estado, sino que es producto de la organización política. Y más aún: la lengua codificada es condición de la recurrencia del Estado mismo, porque sin lengua común normativa no hay administración, legislación ni educación transmisibles a escala imperial. Se trata de una co-determinación dialéctica entre lengua y poder que ni el idealismo lingüístico (la lengua como "espíritu del pueblo") ni el marxismo vulgar (la lengua como mera "superestructura") pueden captar.
El análisis histórico-comparativo: hebreo, griego, latín.
La innovación fundamental de Nebrija consiste en desarrollar el primer análisis histórico-comparativo sistemático de la relación entre lengua y poder territorial en la tradición europea. Su método no parte de especulación filosófica, sino de documentación empírica de tres casos históricos: hebreo–Israel, griego–Grecia y latín–Roma¹⁷.
Esta metodología revela una comprensión materialista de los procesos históricos: las lenguas no son entidades espirituales autónomas ni productos naturales, sino construcciones políticas institucionalizadas cuya recurrencia depende del poder efectivo de las sociedades políticas que las sostienen. La lengua, para Nebrija, no "nace" espontáneamente: se produce mediante operaciones políticas conscientes —conquista, legislación, educación— en el marco de relaciones de poder territorialmente organizadas¹⁸.
El pasaje sobre el hebreo establece el modelo analítico:
"Cosa es que mui ligeramente se puede averiguar que la lengua ebraica tuvo su niñez, en la cual a penas pudo hablar. I llámo io agora su primera niñez todo aquel tiempo que los judíos estuvieron en tierra de Egipto."
Nebrija distingue entre la "niñez" lingüística y la madurez institucional:
"Assí que començó a florecer la lengua ebraica en el tiempo de Moisén [...] La cual, de allí en adelante, sin ninguna contención, nunca estuvo tan empinada cuanto en la edad de Salomón, el cual se interpreta pacífico, por que en su tiempo con la monarchía floreció la paz, criadora de todas las buenas artes y onestas."
El poder político se convierte, así, en condición de posibilidad de la cultura. Para Nebrija, la lengua no florece en el caos, sino bajo la estabilidad del poder centralizado¹⁹.
Cuando analiza el griego, observa el mismo patrón:
"El griego, que fue la lengua más rica y copiosa de todas las otras, tuvo su aumento y perfección en el tiempo de Alejandro y sus descendientes."
Y con el latín formula su observación más radical:
"De allí, començando a declinar el imperio de los romanos, junta mente començó a caducar la lengua latina, hasta que vino al estado en que la recebimos de nuestros padres, cierto tal que cotejada con la de aquellos tiempos, poco más tiene que hazer con ella que con la aráviga."
El vínculo entre lengua e imperio queda aquí consagrado como ley histórica: toda lengua universal lo es porque expresa una organización política universal. La decadencia del imperio lleva aparejada la corrupción del idioma²⁰.
Aunque Nebrija utiliza metáforas "naturalistas" ("niñez", "madurez", "decadencia"), estas deben entenderse como recursos retóricos de su época para describir procesos que él mismo comprende como políticos e institucionales, no como ciclos naturales inevitables. Así lo confirma su decisión revolucionaria:
"Acordé ante todas las otras cosas reducir en artificio este nuestro lenguaje castellano, para que lo que agora y de aquí adelante en él se escriviere pueda quedar en un tenor, y estender se en toda la duración de los tiempos que están por venir."²¹
Nebrija comprendió que, al dotar de leyes al castellano, lo separaba de su dependencia histórica y lo convertía en una institución perdurable, capaz de sobrevivir incluso a la eventual caída del poder político que lo sostenía. La palabra que emplea —reducir en artificio— es de una precisión que merece ser subrayada. No dice "describir", ni "compilar", ni "adornar". Dice reducir en artificio: someter a un conjunto de reglas explícitas y operativas un material que hasta entonces fluía sin norma fija. Cinco siglos después, el hispanista chino Lu Jingsheng, en su manual de lingüística histórica, recoge ese mismo término sin más pretensión que la descriptiva: Nebrija, escribe, "aplicó al castellano las categorías gramaticales del latín clásico, creando así un artificio que dotaba a la lengua vulgar de la dignidad académica reservada hasta entonces al latín".²² La palabra es la misma. Y lo que Nebrija llamaba artificio podemos llamarlo, sencillamente, tecnología. La gramática no era un registro pasivo de la lengua hablada, sino una intervención activa de fijación institucional: por primera vez, un autor concibió la lengua como una tecnología de Estado.
Hay aquí un paralelismo filosófico que merece atención. Martínez Marzoa, en Revolución e ideología, formuló una tesis sobre la polis griega que puede iluminar la decisión de Nebrija: "La primera enseñanza de la polis griega es que la peor ley escrita es mejor que el albedrío del más magnánimo de los señores"²³. Lo que la polis hizo con la ley —arrancándola del arbitrio oral del señor para fijarla como norma escrita vinculante—, Nebrija lo hace con la lengua: la arranca del uso oral variable de cada corte y cada región para fijarla en norma gramatical escrita. Antes de Nebrija, el castellano dependía del uso de cada hablante; después de Nebrija, tiene ley. Y del mismo modo que la ley escrita es condición de la polis como sociedad política organizada, la gramática escrita es condición del castellano como lengua de administración imperial.
II. España ya es Imperio antes de 1492: La Regla de Oro y los tres planos ontológicos.
La regla de oro de toda acción imperial.
Una objeción frecuente al análisis de Nebrija como pensador imperial consiste en señalar que en 1492 aún no existía el "Imperio español" en sentido estricto, pues América no había sido descubierta. Esta objeción, sin embargo, desconoce un hecho fundamental: la Castilla de los Reyes Católicos ya era un imperio in fieri —una obra infecta, en construcción— cuando Nebrija publicó su Gramática.
La demostración procede de la aplicación sistemática de lo que Bueno denominó la "regla de oro de toda acción imperial" en su Primer ensayo sobre las categorías de las ciencias políticas: "Siempre que un mar o un río limitaba al imperio, el otro lado del mar o del río debía ser también romano"²⁴. Esta regla, extraída del análisis del comportamiento territorial del Imperio Romano, no es un principio metafísico sino una constante empírica de las sociedades políticas con capacidad de expansión: todo Estado que controla una orilla de un río o un litoral marítimo tiende a buscar el control de la orilla opuesta, porque la frontera natural es también una frontera de vulnerabilidad estratégica. García López ha aplicado esta regla a la geografía peninsular con rigor cartográfico, demostrando que el proceso de expansión de los reinos cristianos la cumple escrupulosamente²⁵.
Desde el materialismo político, la Reconquista no debe entenderse como mera "recuperación" de un territorio perdido, sino como un proceso de nueva apropiación territorial que genera una sociedad política nueva —en términos de la dialéctica de Estados, un proceso de constitución estatal a través de la incorporación progresiva de territorios mediante operaciones militares, administrativas y lingüísticas —. Los reinos cristianos peninsulares avanzan controlando ambas orillas de los grandes ríos: el Miño, el Duero, el Tajo, el Guadiana, el Guadalquivir, el Ebro. Cada uno de estos ríos funciona como eje de operaciones imperiales concretas. La conquista de Granada en 1492 no es sino la culminación de la apropiación de la otra orilla del Guadalquivir; la anexión de Navarra en 1512 —que Nebrija justificará explícitamente en su De bello Navariensi²⁶— completa el control de ambas orillas del Ebro.
El mismo principio opera a escala marítima. El Estrecho de Gibraltar exige el control de ambos litorales: desde el siglo XIV, Castilla controla Tarifa, Algeciras y Gibraltar en la orilla norte, y proyecta operaciones sobre Ceuta, Melilla, Orán, Bujía y Trípoli en la orilla sur. El Mediterráneo occidental se articula mediante el control aragonés de Baleares (1229–1349), Cerdeña (1323), Sicilia (1379) y Nápoles (1442). Los almogávares defienden el Imperio Bizantino en el Mediterráneo oriental. En 1516, Carlos I hereda los Países Bajos, donde las ciudades se extienden a ambos lados del Rin y del Escalda²⁷.
Todo esto es anterior a 1492 o contemporáneo a Nebrija, que muere en 1522. Lo decisivo es que cuando el gramático de Lebrija escribe "siempre la lengua fue compañera del imperio", no está formulando una profecía sobre un imperio futuro, sino describiendo un proceso imperial ya en curso cuya lógica territorial él ha comprendido con claridad meridiana.
El caso del De bello Navariensi lo confirma. Como ha demostrado José Luis Egío García en un estudio reciente, esta obra no fue una mera traducción al latín de la crónica de Luis Correa sobre la conquista de Navarra, sino una "traducción cultural" en la que Nebrija movilizó simultáneamente saberes jurídicos, teológicos, geográficos e histórico-filológicos para justificar la anexión ante un público europeo²⁴ᵇ. Nebrija añadió una Praefatio donde argumentaba la hispanidad histórica de Navarra recurriendo a la geografía imperial romana y a la filología; construyó un capítulo de justificación jurídica apelando al derecho de gentes, al derecho divino y al derecho humano; y censuró los episodios de violencia contra civiles que Correa celebraba como virtud militar, sustituyéndolos por una argumentación pensada para la opinión pública europea. No era solo un gramático: era un intelectual capaz de poner múltiples disciplinas al servicio de la construcción institucional del imperio.
Los tres planos ontológicos del imperio.
Para situar con precisión la posición de Nebrija dentro del proceso imperial, resulta útil recurrir a los tres planos ontológicos que Bueno aplica a la arquitectura en Arquitectura y Filosofía (2005) y que pueden transponerse al proceso imperial²⁸:
El plano in fieri designa la obra infecta, el proceso de construcción: el imperio en su fase de expansión territorial, cuando las operaciones de apropiación están en curso pero la totalización no se ha consumado. La Castilla de los Reyes Católicos se encuentra en este plano: la Reconquista está culminando, las orillas de los grandes ríos peninsulares se están consolidando, el Estrecho se controla parcialmente, las islas Canarias están en proceso de incorporación, y la expansión atlántica se anuncia inminente.
El plano in facto esse designa la obra perfecta, el imperio consumado en su máxima extensión y articulación institucional: el imperio de Carlos I y Felipe II, cuando las operaciones de la fase anterior cristalizan en un sistema político efectivo que abarca cuatro continentes
El plano ex post facto designa la obra relicta, las ruinas y reliquias de un imperio que ya no existe como totalidad política efectiva: el proceso que comienza con la Paz de Westfalia (1648), se agudiza con las independencias americanas (1810–1824) y culmina en 1898 con la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas
Nebrija vive y piensa exactamente en la transición del plano in fieri al plano in facto esse. Su Gramática es un instrumento diseñado para ese momento preciso: una tecnología destinada a fijar la lengua que habrá de servir como medio de integración institucional de territorios que están siendo conquistados y que van a seguir siéndolo. La gramática no acompaña al imperio como un adorno cultural: lo constituye como aparato de cohesión. Nebrija comprendió que la lengua castellana, sin codificación normativa, carecería de la estabilidad institucional necesaria para funcionar como instrumento de administración imperial a escala continental.
La sincronización de 1492: no casualidad, sino culminación.
La cronología de 1492 revela una sincronía que no debe leerse ni como azar ni como "expresión material" genérica de un "proceso único", sino como culminación de operaciones imperiales concretas y verificables²⁹:
El 2 de enero se produce la rendición de Granada: se consuma la apropiación de la otra orilla del Guadalquivir, el último paso de la expansión peninsular meridional. El 31 de marzo se firma el Decreto de Expulsión de los judíos: operación de homogeneización religiosa del espacio antropológico (eje angular). El 3 de agosto parte Colón desde Palos: proyección atlántica que aplica la regla de oro a escala oceánica —si se controlan las Canarias, se busca la otra orilla del Atlántico—. El 18 de agosto se termina de imprimir la Gramática de la lengua castellana: fijación institucional de la lengua que habrá de funcionar como instrumento de integración en todos esos territorios. El 12 de octubre Colón llega a Guanahaní: la otra orilla del Atlántico se revela como un continente entero.
Nebrija había presentado muestras de su Gramática a Isabel la Católica ya en 1486, seis años antes de su publicación³¹. No podía saber que Colón descubriría un continente, pero sí sabía que Castilla estaba a punto de expandirse masivamente: la lógica de la regla de oro así lo dictaba. La gramática estaba lista porque el gramático comprendía la dinámica imperial en la que estaba inserto.
III. La tecnología que conquistó América.
El quinto libro: manual para la integración lingüística de los conquistados.
La verdadera innovación de Nebrija estaba en el revolucionario Libro V de su Gramática. Por primera vez en la historia europea, alguien había creado un manual sistemático para enseñar una lengua moderna a extranjeros, es decir, a los futuros súbditos de un imperio en expansión.
Este último libro no estaba pensado para los cortesanos que ya hablaban castellano, sino para los futuros administradores, clérigos y maestros que habrían de llevar la lengua —y con ella, la ley y la fe— a los nuevos territorios. Era una herramienta simultáneamente político-institucional y teológico-política. La evangelización católica no debe entenderse aquí como mero "fenómeno espiritual", sino como operación política de integración institucional de los territorios conquistados en el aparato de la sociedad política castellana, utilizando la conversión religiosa como mecanismo de reorganización del espacio antropológico en sus tres ejes: el circular (relaciones entre sujetos humanos, incluidas las de producción), el angular (relaciones con los sistemas normativos, religiosos y morales que regulan la convivencia) y el radial (relación con la naturaleza y sus recursos mediante nuevas tecnologías de explotación del territorio).
Los "enemigos de nuestra fe" y el laboratorio granadino.
En un pasaje revelador, Nebrija menciona específicamente a los primeros destinatarios de su Gramática:
"I cierto assí es que no sola mente los enemigos de nuestra fe, que tienen ia necessidad de saber el lenguaje castellano, mas los vizcaínos, navarros, franceses, italianos, e todos los otros que la nuestra lengua querrán deprender."³²
Los "enemigos de nuestra fe" —musulmanes y judíos recién incorporados tras la toma de Granada— son, para Nebrija, el primer grupo que "tiene necesidad de saber el lenguaje castellano". Aprender la lengua del vencedor no es un gesto de sumisión, sino una forma de integración en el nuevo orden jurídico, político y religioso. Podría hablarse, en términos descriptivos, de un fenómeno de aculturación.
Granada, tras su conquista, se convierte en el primer laboratorio histórico de tecnología político pedagógica lingüística del mundo moderno. La enseñanza del castellano a musulmanes no es una política "cultural" en sentido contemporáneo, sino una reorganización del poder político: el idioma del vencedor se impone como lengua de la ley, de la administración y del culto, sustituyendo las instituciones lingüísticas previas y forzando la integración en el nuevo orden jurídico-político castellano. El Arte para ligeramente saber la lengua aráviga de Pedro de Alcalá (1505)³³, derivado directo del método nebrisense, sistematiza esta operación.
Pero Nebrija amplía la mirada más allá de los "enemigos". Su enumeración de "vizcaínos, navarros, franceses e italianos" revela la acepción diapolítica (tercera acepción de Bueno) de su idea de imperio: no se trata de una sola sociedad política, sino de un sistema de pueblos y naciones que han de ser articulados bajo la hegemonía lingüística castellana. Su proyecto es el de una lengua franca peninsular e imperial, destinada tanto a consolidar la unificación interior como a proyectarse hacia territorios ultramarinos.
En esta doble dirección —interior y exterior— se consolida la idea moderna de una lengua estatal como base de soberanía y de proyección imperial. Lo que en Granada fue una política de integración lingüística de los conquistados, en América se convertirá en una política de integración lingüística a escala continental.
IV. El legado continental: La gramática que organizó un hemisferio.
El método Nebrija conquista un continente.
La influencia de Nebrija en América fue extraordinaria. Los testimonios documentales son abrumadores. Fray Andrés de Olmos declaró al escribir su Arte de la lengua mexicana (1547), en donde dotó de estructura gramatical al náhuatl: "No seré reprensible si no siguiere el Arte de Antonio"³⁴. Diego González Holguín utilizó directamente el modelo del Vocabulario español-latino nebrisense para su Diccionario quechua (1608)³⁵. José Zambrano elaboró su Gramática totonaca "conforme al arte de Antonio de Nebrija"³⁶. Luis de Valdivia siguió explícitamente el método nebrisense para el mapudungun en Chile³⁷. Según la lingüista Ascensión Hernández de León-Portilla, más de cincuenta lenguas amerindias fueron codificadas siguiendo el método de Nebrija³⁸.
Dialécticamente, el mismo sistema diseñado para expandir el castellano como lengua de organización política operó también como mecanismo de codificación institucional de lenguas indígenas que, de otro modo, habrían desaparecido con su transmisión oral, sin dejar registro escrito alguno.
La expansión del método, sin embargo, no se detuvo en las costas americanas. Como ha documentado minuciosamente el lingüista chino Hou Jian en su análisis de la lexicografía misionera, el Vocabulario español-latino de Nebrija viajó en los baúles de los dominicos hasta el convento de San Gabriel de Binondo, en Manila, donde "sirvió de modelo material para los cajistas e impresores" que habrían de producir las primeras gramáticas y vocabularios de lenguas asiáticas³⁹. No se trata de una influencia difusa o meramente "intelectual": Hou Jian ha demostrado que el Vocabulario de la lengua tagala de fray Pedro de San Buenaventura (Pila, 1613) "sigue fielmente el esquema nebrisense: orden alfabético estricto, separación de las partes de la oración y, sobre todo, la inclusión de ejemplos de uso y frases hechas para facilitar la labor de los nuevos misioneros" ⁴⁰.
Desde Filipinas, el método dio el salto a China. El dominico Francisco Díaz, autor del primer diccionario sistemático chino-español (c. 1640), "aplica al chino mandarín el mismo sistema de entradas y subentradas que Nebrija había diseñado para el latín y el castellano, adaptándolo a la naturaleza monosilábica y tonal del idioma chino" (Hou, 2008, p. 212). Más revelador aún es el hallazgo del historiador luso-chino Jin Guoping en el Archivo Romano de la Compañía de Jesús: el manuscrito del Dicionário Português-Chinês atribuido a Miguel Ruggieri y Matteo Ricci (c. 1583-1588), el primer vocabulario bilingüe entre una lengua europea y el chino, "sigue la estructura del Dictionarium de Nebrija" y contiene "anotaciones marginales que remiten a las Introductiones Latinae" del gramático sevillano (Jin, 2012, p. 34)⁴¹. Dicho con claridad: el método Nebrija estaba físicamente sobre la mesa de trabajo del primer sinólogo europeo.
Dialécticamente, el mismo sistema diseñado para expandir el castellano como lengua de organización política operó también como mecanismo de codificación institucional de lenguas indígenas que, de otro modo, habrían desaparecido sin registro escrito. Pero ahora sabemos que esa dialéctica no fue exclusiva de América: también en Asia, la tecnología nebrisense sirvió simultáneamente para enseñar castellano a los "sangleyes" (comerciantes chinos de Manila) y para que los frailes españoles intentaran desentrañar la gramática del chino clásico.
Es aquí donde se manifiesta con mayor claridad la naturaleza del imperio castellano como Imperio Generador en el sentido de Gustavo Bueno (un imperio que, a diferencia del depredador, no se limita a extraer recursos de los territorios conquistados, sino que funda en ellos instituciones, ciudades, universidades y lenguas comunes, integrando a los conquistados como partes del propio cuerpo político)⁴². La preservación lingüística no fue un efecto lateral accidental ni una operación altruista desinteresada: respondió a la necesidad política de gobernar efectivamente territorios multilingües mediante la creación de élites indígenas alfabetizadas capaces de actuar como correa de transmisión del poder. Pero tampoco puede reducirse a mero instrumento de dominación. Los misioneros que codificaron estas lenguas buscaban construir súbditos letrados capaces de participar en la vida política, económica y religiosa del imperio. Este proceso —conquista que educa, institucionaliza y preserva, integrando a los pueblos conquistados en un proyecto político común— es precisamente lo que distingue al Imperio Generador del Imperio Depredador.
Un dato empírico refuerza esta tesis. Como ha señalado García López citando al historiador mexicano Juan Miguel Zunzunegui, en 1821 México tenía un 60% de población indígena; en 1921, solo un 10%⁴³. Fue el México independiente, no el imperio español, el que eliminó masivamente a las poblaciones y lenguas indígenas. El Imperio Generador español, con todas sus violencias y contradicciones, había preservado más diversidad lingüística y étnica que las repúblicas liberales que lo sucedieron.
El contraste con otros imperios: la singularidad del proyecto nebrisense.
El análisis comparativo revela la singularidad del proyecto de Nebrija. Ningún otro imperio de su época desarrolló una tecnología lingüística comparable en su doble función de expansión de la lengua imperial y codificación de las lenguas conquistadas.
En el Imperio Bizantino, los gramáticos como Máximo Planudes (c. 1260–1305) preservaban el griego clásico como reliquia para élites educadas, sin crear métodos pedagógicos de expansión destinados a enseñar griego a pueblos conquistados. La gramática funcionaba como instrumento de conservación, no de proyección⁴⁴.
En el Imperio Otomano, el sistema trilingüe Elsine-i Thelâthe (turco otomano, árabe, persa) carecía de pedagogía sistemática; el Müyessiretü'l-ulûm de Kadri de Pérgamo (1530) seguía modelos árabes sin desarrollar la enseñanza del turco como segunda lengua para poblaciones sometidas⁴⁵.
En Francia, Joachim du Bellay y La Pléiade publicaron La Défense et illustration de la langue française (1549), pero su objetivo era el prestigio literario de la lengua, no la creación de manuales pedagógicos para conquistados. Du Bellay aspiraba a que el francés rivalizase con el latín y el italiano en dignidad poética; Nebrija aspiraba a que el castellano funcionase como lengua de administración universal⁴⁶.
En Inglaterra, William Bullokar publicó su Pamphlet for Grammar en 1586, pero lo diseñó para hablantes nativos, no para enseñar inglés a poblaciones colonizadas. Inglaterra no desarrolló métodos sistemáticos de enseñanza del inglés como segunda lengua hasta el siglo XIX, tres siglos después de Nebrija⁴⁷.
La diferencia es estructural, no meramente cronológica. Nebrija no solo precedió a todos estos autores en la codificación gramatical de una lengua vernácula, sino que fue el único que concibió la gramática simultáneamente como instrumento de normalización interna y como tecnología de proyección imperial exterior. Nadie antes de él había pensado la lengua como herramienta de integración política de pueblos conquistados.
La Plataforma Iberófona: extensión hacia Portugal.
El método nebrisense no solo impactó en el mundo hispanohablante. Su influencia se extendió a Portugal, donde gramáticos como Fernão de Oliveira (1536) y João de Barros (1540) aplicaron principios análogos para codificar el portugués⁴⁸. Ambos reconocieron explícitamente su deuda con Nebrija: Barros estructuró su Gramática da Língua Portuguesa siguiendo el modelo de las partes de la oración y la organización pedagógica nebrisense.
Esta transferencia tecnológica lingüística entre las dos coronas ibéricas consolidó lo que hoy podemos identificar como Plataforma Iberófona: un espacio político-lingüístico que abarca 861 millones de hablantes de español y portugués, dos lenguas mutuamente comprensibles en aproximadamente un 89% de su vocabulario⁴⁹. La codificación simultánea del castellano y el portugués en el siglo XVI mediante métodos homologables permitió que ambas lenguas actuaran como lenguas franca imperiales en sus respectivos dominios ultramarinos, sentando las bases institucionales de la Iberofonía contemporánea.
La influencia nebrisense sobre la tradición gramatical lusa, señalada aquí en la península, se proyectaría igualmente en los confines del imperio portugués. Jin Guoping ha subrayado que, en el contexto de Macao, "el molde mental" de los primeros diccionarios portugués-chinos "es el mismo" que el de Nebrija: "el humanismo gramatical ibérico aplicado a la codificación de una lengua asiática"⁵⁰. La Plataforma Iberófona, por tanto, compartió desde su nacimiento no solo la mutua inteligibilidad de sus lenguas, sino también una idéntica tecnología de expansión lingüística.
Hoy, la Plataforma Iberófona constituye un espacio geopolítico de primer orden, comparable en extensión demográfica y territorial a las plataformas anglosajona, eslava o sinoasiática. La herencia de Nebrija, transmitida también a Portugal, es la base institucional de ese poder potencial.
V. El visionario adelantado a su tiempo.
Pionero de los derechos de autor.
Nebrija fue el segundo autor del mundo occidental en obtener privilegios reales de imprenta —el antecedente directo de los derechos de autor— en 1492, para su Lexicon hoc est Dictionarium, solo precedido por Marcus Antonius Coccius Sabellicus en Venecia (1486)⁵¹. Para contextualizar: el Estatuto de la Reina Ana en Inglaterra no llegaría hasta 1710⁵², Francia no sistematizaría sus normas hasta después de la Revolución, y Estados Unidos legislaría en 1790⁵³. Las Pragmáticas españolas de 1502 y 1558 desarrollarían este precedente⁵⁴, anticipando en más de un siglo la legislación anglosajona sobre propiedad intelectual.
Nebrija y la construcción del bloque institucional hispánico.
Desde la perspectiva del materialismo político, Nebrija contribuye a moldear lo que puede denominarse un bloque institucional hispánico: un entramado de instituciones, normas y estructuras que actúan como aparato de cohesión civilizatoria. La Gramática de la lengua castellana interviene simultáneamente en las tres capas de la sociedad política tal como las concibe Bueno: en la capa basal (donde se dan los procesos económicos y productivos), al facilitar las relaciones de producción; en la capa conjuntiva (donde operan los poderes del Estado: ejecutivo, legislativo y judicial), al permitir la administración política en castellano codificado; y en la capa cortical (donde se articulan las relaciones con el exterior: poder militar, diplomático y federativo), al servir como instrumento de proyección hacia los territorios conquistados⁵⁵.
Martínez Marzoa, en El concepto de lo civil, ha distinguido entre la estructura de la polis griega —donde cada ente posee un valor irreductible vinculado al todo— y la estructura de la modernidad, donde los entes se convierten en mercancías intercambiables⁵⁶. La gramática de Nebrija se sitúa precisamente en esa transición: codificar la lengua castellana es convertirla en un medio institucional estandarizado, capaz de funcionar como instrumento de integración entre pueblos heterogéneos que de otro modo permanecerían inconmensurables entre sí. La gramática no destruye las lenguas locales, pero sí las subordina a un código común que permite la articulación política a escala imperial.
En España frente a Europa, Bueno presenta al imperio español como caso paradigmático del Imperio Generador: un imperio que fundó ciudades, universidades y lenguas comunes, y transformó los territorios conquistados en partes del propio cuerpo político⁵⁷. Nebrija lo expresó con claridad: su gramática permitiría que "los miembros y pedaços de España, que estavan por muchas partes derramados, se reduxeron y aiuntaron en un cuerpo y unidad de Reino"⁵⁸.
El imperio generador no solo conquista, sino que genera estructuras políticas nuevas que permiten a los territorios incorporados reproducir las instituciones de la metrópoli. La diferencia es decisiva: entre la dialéctica de Estados que funciona mediante depredación —extracción de recursos sin integración de los conquistados— y la que funciona mediante generación —creación de instituciones comunes que incorporan a los conquistados como sujetos del nuevo cuerpo político—. La gramática de Nebrija es la primera pieza de ese mecanismo generador: sin una lengua codificada, no hay ley transmisible; sin ley transmisible, no hay administración recurrente; sin administración recurrente, no hay imperio que perdure.
VI. Epílogo: Nebrija, la lengua viva y la manipulación del legado.
El vídeo viral y la inversión del pensamiento nebrisense.
Hace poco se hizo viral un vídeo en el que una mujer andaluza reivindicaba con orgullo su acento frente a la estatua de Elio Antonio de Nebrija, en Lebrija. Nada hay de reprochable en el orgullo por el acento propio —yo mismo soy de Lebrija y comparto esa forma de hablar—. El problema no está en la defensa de variantes dialectales locales, sino en la operación político-ideológica que subyace a este tipo de reivindicaciones cuando se formulan desde coordenadas fragmentaristas: la negación, explícita o implícita, de la necesidad de una lengua común normativa como condición de posibilidad de la vida política organizada a gran escala.
Desde el materialismo filosófico, Gustavo Bueno ha establecido con claridad la distinción entre un regionalismo legítimo, compatible con la unidad política, y un separatismo destructivo que instrumentaliza las diferencias locales para disolver el cuerpo político. En el prólogo a la obra de González Varas La diferencia de las diferencias (2002), Bueno escribe:
"El componente nuclear puede venir de atrás, alimentarse de materiales propios, folclóricos, lingüísticos, étnicos, raciales y dando lugar incluso a un orgullo regional o nacional étnico que por sí mismo no solo puede carecer de significado político, sino que por el contrario puede tener un claro significado unionista, si es experimentado como la contribución particular que cada región aporta al conjunto de la nación política."⁵⁹.
El orgullo por el habla andaluza, canaria o rioplatense puede ser perfectamente unionista: puede experimentarse como contribución particular de cada región al conjunto de la nación política y de la comunidad hispanohablante. El problema aparece cuando ese orgullo se instrumentaliza desde una lógica separatista o relativista que niega la necesidad misma de la norma común.
Reivindicar a Nebrija desde el fragmentarismo lingüístico es una contradicción lógica: Nebrija fue precisamente quien comprendió que sin norma lingüística común no hay Estado duradero ni proyecto político de alcance universalista. Las variantes dialectales locales solo pudieron preservarse históricamente porque el castellano actuó como lengua franca que permitió la coordinación política y administrativa del imperio. Sin esa lengua común, el espacio político hispanoamericano se habría fragmentado en centenares de unidades incompatibles entre sí, imposibilitando tanto la construcción de instituciones comunes como la posterior formación de las repúblicas independientes americanas.
¿Seguirá el español el destino del latín?
Pero hay una cuestión más profunda que la polémica sobre acentos y que el propio Nebrija dejó planteada. Si "siempre la lengua fue compañera del imperio, y después juntamente fue la caída de entrambos", si el latín murió con Roma, ¿morirá el español con el Imperio español?
Nebrija formuló la pregunta y la respuesta en la misma operación: al codificar gramaticalmente el castellano, lo dotó de una autonomía institucional que el latín nunca tuvo en su forma vulgar. La gramática era precisamente el instrumento para separar la lengua de la suerte del imperio que la había expandido. Y la historia le ha dado la razón. El Imperio español entró en su fase ex post facto —las ruinas, las reliquias— a partir de Westfalia, y definitivamente tras 1898. Pero la lengua no solo sobrevivió al imperio: se expandió sin él.
Como ha observado García López, lo que queda de aquel imperio puede analizarse desde las tres capas de la sociedad política de Bueno⁶⁰. En la capa cortical (militar, diplomática), el imperio desapareció: las antiguas provincias son hoy Estados independientes. En la capa conjuntiva (poderes ejecutivo, legislativo, judicial), los descendientes de los criollos gobiernan con instituciones herederas de las españolas. Pero en la capa basal —las relaciones de producción, el comercio, la lengua como medio de coordinación económica— la herencia imperial sigue operando. Y sobre todo, en el eje circular del espacio antropológico —las relaciones entre sujetos a través de la lengua común—, el legado de Nebrija permanece no como reliquia, sino como realidad viva⁶¹.
Esta supervivencia de la lengua más allá del imperio que la expandió constituye un fenómeno de enorme relevancia para la dialéctica de Estados contemporánea. La Plataforma Iberófona no es un residuo sentimental del pasado, sino un espacio geopolítico potencial que, podría articularse como plataforma civilizatoria comparable a las anglosajonas, eslavas o sinoasiáticas. Solo desde una plataforma estatal suficientemente extensa y poblada es posible toda acción política que no sea utópica; la lengua común heredada de Nebrija es la condición de posibilidad material de esa plataforma.
Mientras en España se debate si el andaluz oriental debe tener su propia gramática normativa, en los despachos del Ministerio de Educación de Pekín se estudia a Nebrija con una seriedad que produce vergüenza para quien escribe esto. El catedrático Zhang Xiping, máxima autoridad china en el estudio del intercambio cultural con Occidente, ha llegado a afirmar en una conferencia reciente que "cuando China impulsa el Instituto Confucio como herramienta de poder blando, haríamos bien en estudiar el modelo de Nebrija. La Gramática de 1492 no solo enseñaba español; era un proyecto de estandarización lingüística al servicio de un proyecto imperial"⁶². La pregunta que Zhang deja en el aire es incómoda: "¿Estamos nosotros, al difundir el putonghua y los caracteres simplificados, haciendo algo muy distinto?"
No es un caso aislado. El sociolingüista Li Yuming, ex director del Departamento de Lengua y Escritura del Ministerio de Educación chino y principal ideólogo de la expansión del mandarín, ha citado explícitamente a Nebrija en un volumen colectivo sobre estrategia lingüística y seguridad nacional. Su diagnóstico es claro: "La experiencia histórica de España, desde la gramática de Nebrija (1492) hasta la creación del Instituto Cervantes (1991), demuestra que la promoción de una lengua común es un vector de influencia geopolítica que trasciende el ciclo vital de los imperios políticos. China, al proyectar el putonghua a través de los Institutos Confucio, se enfrenta a desafíos análogos a los que Nebrija identificó hace quinientos años: cómo hacer que la lengua del centro sea aceptada por las periferias sin generar rechazo nacionalista"⁶³.
Es una de esas ironías de la historia: el fantasma de Nebrija, el gramático de Lebrija, sobrevuela hoy los rascacielos de Shanghái y las oficinas de planificación lingüística de un imperio que él ni siquiera pudo imaginar. Quinientos años después, la tecnología que diseñó para "meter debajo del yugo" a los pueblos bárbaros es estudiada como manual de instrucciones por la única potencia capaz de disputar la hegemonía mundial al bloque anglosajón.
Bueno lo formuló con precisión en España frente a Europa: la condición hispánica "confiere a los españoles un modo de estar lo suficientemente distante de otras alternativas disponibles como para poder transformar su condición en una plataforma privilegiada para promover planes y programas dignos de ser llevados adelante"⁶⁴.
Quizá por eso, cuando en 2012 el diario El País entrevistó en Pekín a Zhou Youguang —el lingüista que acababa de cumplir 106 años y que había dotado al chino mandarín de su alfabeto fonético internacional, el pinyin—, el anciano respondió con una claridad que Nebrija habría aplaudido: "El español tuvo a Nebrija; el chino me tuvo a mí."⁶⁵ La gramática de Nebrija no solo organizó un hemisferio durante cinco siglos: sigue siendo el espejo en el que se miran quienes, en otras lenguas y otros imperios, emprenden la misma tarea de reducir en artificio la lengua del imperio.
Conclusión: el hombre que conectó dos mundos con palabras.
Antonio de Nebrija murió el 5 de julio de 1522, treinta años después de publicar su Gramática de la lengua castellana⁶⁶. Para entonces, el castellano ya se hablaba en Cuba, La Española y tierra firme. Tenochtitlan había caído ante Cortés (1521), y la lengua de Castilla iniciaba su transformación en puente lingüístico entre dos mundos.
Hoy, cuando argentinos y mexicanos pueden entenderse, cuando un español puede hablar con un colombiano, cuando 580 millones de personas se comunican en español, todos utilizamos —sin saberlo— la tecnología que diseñó un intelectual sevillano hace más de cinco siglos. Un hombre de Lebrija. Un patriota. Un hombre que se debía a su civilización, y que ayudó a construirla.
Nebrija no nos enseñó a hablar: nos dio las herramientas para entendernos a escala civilizatoria. Su verdadero legado no fue solo imperial, sino generador: crear el instrumento que permitiría la integración lingüística más extraordinaria de la historia, el encuentro del castellano con cientos de lenguas amerindias, africanas y asiáticas, que dio origen al español moderno en toda su riqueza.
Desde el materialismo político, la figura de Nebrija se nos aparece con una nitidez que ni la filología convencional ni la historiografía culturalista pueden ofrecer. No fue un humanista del Renacimiento que, como gesto de vanidad intelectual, decidió codificar una lengua vulgar. Fue un sujeto operatorio que, inserto en la dialéctica de Estados de su tiempo, comprendió que la lengua podía ser —y debía ser— la base misma del poder político. Comprendió que sin gramática no hay ley transmisible, que sin ley no hay Estado recurrente, y que sin Estado no hay civilización duradera. Y actuó en consecuencia.
Elio Antonio de Nebrija, Aelius Antonius Nebrissensis: el primer pensador del nexo entre lengua y poder en la tradición hispánica, y el hombre que hizo posible que dos mundos pudieran hablarse.
Referencias.
¹ Armesilla, S. (2020). Breve historia de la economía. Madrid: Nowtilus. Véase también Armesilla, S. (2015). El marxismo y la cuestión nacional española. Barcelona: El Viejo Topo, para la formulación del materialismo político como fusión del materialismo filosófico de Bueno con el materialismo histórico de Marx.
² Nebrija, A. de. Gramática de la lengua castellana (1492/1992). Ed. E. Ridruejo. Madrid: Cátedra.
³ Lapesa, R. (1980). Historia de la lengua española. Madrid: Gredos, pp. 147–153.
⁴ Bueno, G. (2005). España no es un mito. Madrid: Temas de Hoy, cap. 3.
⁵ Ibídem.
⁶ García de la Concha, V. (1992). "Nebrija y la introducción del Renacimiento en España." Actas de la III Academia Literaria Renacentista. Salamanca: Universidad de Salamanca.
⁷ Rico, F. (1978). Nebrija frente a los bárbaros. Salamanca: Universidad de Salamanca, pp. 23–45.
⁸ Plinio el Viejo. Historia Natural, III, 11.
⁹ Corpus Inscriptionum Latinarum (CIL II, 1282–1289), inscripciones de Lebrija.
¹⁰ Nebrija, A. "Salve, parva domus." En Olmedo, F. (1942). Nebrija (1441–1522). Madrid: Editora Nacional, pp. 234–235.
¹¹ Nebrija, A. de. Gramática de la lengua castellana (1492/1992). Ed. E. Ridruejo. Madrid: Cátedra, p. 4. Edición digital – Columbia University.
¹² Martínez Marzoa, F. Documentos 1, bloque [5]. Disponible en: https://www.felipemartinezmarzoa.com/Documentos/Documentos-1/. Véase también el desarrollo extenso de esta cuestión en el capítulo 2 de su La soledad y el círculo (Madrid: Abada, 2012), donde la Gramática de Nebrija desempeña un papel central.
¹³ Bueno, G. (1999). España frente a Europa. Barcelona: Alba Editorial, pp. 183 y ss.
¹⁴ Nebrija, A. de. Gramática de la lengua castellana (1492/1992). Libro V, cap. I. Ed. E. Ridruejo. Madrid: Cátedra, p. 65.
¹⁵ Para la aplicación de las cinco acepciones de imperio a Nebrija, véase García López, T. (2025). "En torno a Nebrija (III). España ya es imperio antes de 1492. Lo que queda de aquel imperio." Lección en la Escuela de Filosofía de Oviedo, EFO 353, 13 de enero de 2025. Disponible en: https://www.fgbueno.es/efo/efo353.htm
¹⁶ Armesilla, S. (2015). El marxismo y la cuestión nacional española. Barcelona: El Viejo Topo, cap. 2, sobre la racionalidad como producto de la vida política.
¹⁷ Nebrija, A. de. Gramática de la lengua castellana (1492/1992). Prólogo, pp. 5–8.
¹⁸ Rico, F. (1978). Nebrija frente a los bárbaros. Salamanca: Universidad de Salamanca, pp. 33–42.
¹⁹ Lapesa, R. (1980). Historia de la lengua española. Madrid: Gredos, pp. 147–153.
²⁰ Gutiérrez Ordóñez, S. (1992). "La lengua compañera del imperio: ideología y filología en Nebrija." Revista de Filología Española, 72(1–2), 45–68.
²¹ Nebrija, A. de. Gramática de la lengua castellana (1492/1992), p. 10.
²² Lu Jingsheng, Xibanyayu lishi yuyanxue gailun (Introducción a la lingüística histórica del español), Shanghai: Shanghai Foreign Language Education Press, 1998 (reed. 2010), cap. 3. Traducción propia del chino.
²³ Martínez Marzoa, F. (1979). Revolución e ideología. Barcelona: Fontamara.
²⁴ Bueno, G. (1991). Primer ensayo sobre las categorías de las "ciencias políticas". Logroño: Cultural Rioja, p. 387. Véase también Bueno, G. (1999). España frente a Europa, p. 387.
²⁵ García López, T. (2025), op. cit.
²⁶ Nebrija, A. de. De bello Navariensi (c. 1512–1516). Publicado póstumamente en Granada, 1545. Véase Olmedo, F. (1942). Nebrija (1441–1522). Madrid: Editora Nacional. ²⁴ᵇ Egío García, J. L. (2026). "El concurso de los saberes en el De bello Navariensi de Nebrija. La argumentación jurídica, teológica, histórica y geográfica en una traducción cultural paradigmática de la Primera Modernidad." Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, 28(61), 319–342.
²⁷ Para la expansión aragonesa en el Mediterráneo, véase Elliott, J. H. (2002). Imperios del mundo atlántico: España y Gran Bretaña en América (1492–1830). Madrid: Taurus, pp. 27–29.
²⁸ Bueno, G. (2005). "Arquitectura y Filosofía." En Arquitectura y Filosofía. Oviedo: Pentalfa.
²⁹ Fernández-Armesto, F. (1987). Before Columbus: Exploration and Colonization from the Mediterranean to the Atlantic, 1229–1492. Philadelphia: University of Pennsylvania Press.
³⁰ Rico, F. (1978). Nebrija frente a los bárbaros. Salamanca: Universidad de Salamanca, p. 41.
³¹ Nebrija, A. de. Gramática de la lengua castellana (1492/1992). Libro V. Edición digital – Columbia University, pp. 64–78.
³² Ibídem, p. 65.
³³ Alcalá, P. de. (1505). Arte para ligeramente saber la lengua aráviga. Granada: Juan Varela de Salamanca. Edición moderna – Biblioteca Digital Hispánica (BNE).
³⁴ Olmos, A. de. (1547). Arte de la lengua mexicana. Manuscrito en Biblioteca Nacional de Francia (ms. 312). Cit. en Hernández de León-Portilla, A. (1992). Nebrija en América: las gramáticas misioneras. México: UNAM.
³⁵ González Holguín, D. (1608). Vocabulario de la lengua general de todo el Perú llamada lengua quechua o del Inca. Lima: Francisco del Canto. Edición digital – Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
³⁶ Zambrano, J. (s. XVII). Gramática totonaca conforme al arte de Antonio de Nebrija. Cit. en Hernández de León-Portilla, A. (1992), p. 123.
³⁷ Valdivia, L. de. (1606). Arte y gramática general de la lengua que corre en todo el Reyno de Chile. Sevilla: Francisco de Lyra. Edición digital – Biblioteca Nacional de Chile.
³⁸ Hernández de León-Portilla, A. (1992). Nebrija en América: las gramáticas misioneras. México: UNAM, pp. 15–17.
³⁹ Hou Jian, "Huellas de Nebrija en Asia: los diccionarios misioneros de Filipinas y China (siglos XVII XVIII)", Nueva Revista de Filología Hispánica, 62(1), 2014, pp. 145-172.
⁴⁰ Hou Jian, La lexicografía bilingüe hispano-china en Filipinas (1605-1850), Tesis doctoral, Universitat de Barcelona, 2008, pp. 78-95. Accesible en TDX.
⁴¹ Jin Guoping, "Os primeiros dicionários de português-chinês e a tradição nebrisense", Revista de Cultura (Macao), nº 42, 2012, pp. 29-42. Traducción propia del portugués.
⁴² Bueno, G. (1999). España frente a Europa. Barcelona: Alba Editorial, pp. 257 y ss.
⁴³ Dato citado en García López, T. (2025), op. cit., a partir de Zunzunegui, J. M. Imperio español. México.
⁴⁴ Browning, R. (1992). Medieval and Modern Greek. Cambridge University Press, pp. 41–43.
⁴⁵ Hagen, G. (2012). "Language Reform and Ottoman Identity." International Journal of Middle East Studies, 44(2), 231–248.
⁴⁶ Du Bellay, J. (1549). La Défense et illustration de la langue française. París: Arnoul L'Angelier. Edición digital – Gallica (Bibliothèque nationale de France).
⁴⁷ Bullokar, W. (1586). Pamphlet for Grammar. Londres: T. Orwin. Facsímil – Early English Books Online.
⁴⁸ Buescu, M.L.C. (1983). Gramáticos portugueses do século XVI. Lisboa: Instituto de Cultura e Língua Portuguesa; Teyssier, P. (1982). História da Língua Portuguesa. Lisboa: Livraria Sá da Costa, pp. 51 58.
⁴⁹ García, C. (2019). "La lengua como instrumento de poder: la vigencia del prólogo de Nebrija." Revista de Filología y Lingüística, 45(1).
⁵⁰ Jin Guoping, op. cit., p. 30.
⁵¹ Nebrija, A. de. (1492). Lexicon hoc est Dictionarium ex sermone latino in hispaniensem. Salamanca: Juan de Porras. Privilegio real citado en Martín Abad, J. (1991). La imprenta en Salamanca (1480 1540). Madrid: Arco Libros.
⁵² Statute of Anne (1710). An Act for the Encouragement of Learning. Londres: Parliament of Great Britain.
⁵³ U.S. Congress. (1790). Copyright Act of 1790. Washington, D.C.
⁵⁴ Real Cédula (1502). "Pragmática sobre el control de las imprentas." En Colección de Cédulas Reales, Archivo General de Simancas, leg. 45, doc. 12.
⁵⁵ Para las tres capas de la sociedad política (basal, conjuntiva, cortical), véase Bueno, G. (1991). Primer ensayo sobre las categorías de las "ciencias políticas". Logroño: Cultural Rioja. Aplicación al caso Nebrija: elaboración propia.
⁵⁶ Martínez Marzoa, F. (2008/2018). El concepto de lo civil. Santiago de Chile: Metales Pesados / Madrid: La Oficina. Para la distinción entre la estructura ontológico-política de la polis y la calculabilidad moderna.
⁵⁷ Bueno, G. (1999). España frente a Europa. Barcelona: Alba Editorial, p. 257.
⁵⁸ Nebrija, A. de. Gramática de la lengua castellana (1492/1992). Prólogo, p. 8. Edición digital Columbia University.
⁵⁹ Bueno, G. (2002). "Prólogo" a González Varas, I. La diferencia de las diferencias. Oviedo: Pentalfa. Citado en García López, T. (2025), op. cit.
⁶⁰ García López, T. (2025), op. cit., para el análisis de las tres capas de la sociedad política aplicadas a lo que queda del imperio.
⁶¹ Ibídem.
⁶² Zhang Xiping, conferencia en el Instituto Cervantes de Pekín, 15 de octubre de 2019. Recogida en la web del Instituto Cervantes (https://pekín.cervantes.es). La cita es traducción propia a partir de la transcripción publicada en chino.
⁶³ Li Yuming, "Yuyan zhanlüe yu daguo jueqi" (Estrategia lingüística y ascenso de las grandes potencias), en Yuyan zhanlüe yu guojia anquan (Estrategia lingüística y seguridad nacional), Pekín: Shangwu Yinshuguan, 2020, pp. 45-67. Traducción propia del chino.
⁶⁴ Bueno, G. (1999). España frente a Europa. Barcelona: Alba Editorial.
⁶⁵ José Reinoso, "Zhou Youguang, el padre del pinyin: 'El español tuvo a Nebrija, el chino me tuvo a mí'", El País, 26 de mayo de 2012. Disponible en: https://elpais.com/cultura/2018/01/13/actualidad/1515798162_284750.htm


