EL CONFLICTO RUSO-UCRANIANO. ENSAYO GEOPOLÍTICO DESDE LA PERSPECTIVA DEL MATERIALISMO POLÍTICO Y LA IBEROFONÍA.


Resumen.
El artículo que a continuación se presenta se estructura como un ensayo que analiza el actual conflicto bélico entre Rusia y Ucrania desde la filosofía de la geopolítica. Como base para esta labor se toma la teoría del Materialismo Político como instrumento conceptual y sistema filosófico fundamental.
En este sentido, se establecen ciertas etapas esenciales como configuradoras del conflicto y sus dinámicas. La decadencia del momento unipolar, la inercia conflictiva subordinante del hegemón, las reacciones de insubordinación contrahegemónica, la nueva red multipolar, son las diferentes líneas generales que sustentan este texto.
Por otro lado, de forma que sirva para conjugar práctica y teoría, cada punto se refuerza con una “bajada al terreno” para estudiar la realidad material en las diferentes fases del conflicto y a diferentes escalas.
Desde la fase previa de cerco histórico atlántico, pasando por la fase inicial del enfrentamiento como reacción de insubordinación, así como la fase actual de guerra de desgaste, son mecánicas que se tratan de entretejer con la dimensión geofilosófica.
Finalmente, tras el estudio del conflicto, se obtendrán una serie de conclusiones que se estiman de interés crítico para la proyección de la plataforma iberófona hacia el futuro próximo dentro del nuevo orden mundial.
Palabras clave.
Geopolítica / Geofilosofía, Materialismo Político, Rusia / Ucrania, Dialéctica / Insubordinación, Unipolaridad / Multipolaridad, Iberofonía.
I.Introducción y objeto. El Materialismo Político como filosofía de la geopolítica.
El presente ensayo tratará de estudiar la geopolítica del vigente conflicto entre Rusia y Ucrania, principalmente utilizando como herramienta de pensamiento crítico conceptos fundamentales del Materialismo Político como sistema filosófico.
Desde una perspectiva hacia el pasado reciente, el texto se focaliza en una serie de puntos que se estiman interesantes para comprender las dinámicas de tensión geopolítica global y las relaciones entre plataformas políticas continentales, con el objetivo de obtener una conclusión final para la plataforma iberófona, como base para su proyección hacia el futuro.
Este artículo en su estructura principal -en la primera parte de cada epígrafe-, dando por conocido lo esencial del desarrollo de los acontecimientos, trata de sintetizar conceptualmente ciertas enseñanzas sobre el conflicto y expandirlas sucintamente de manera que se pueda reflexionar y conectar con aspectos sustanciales del marco materialista político como “teoría [...] que sirva como [...] guía para la acción” (Armesilla y Utín, 2024, Lecc. 01, p. 3).
Aparte de esta línea estructural que rige el artículo en primer término en cada apartado, se sigue el criterio de apoyar la exposición de cada punto conceptual mediante la integración posterior -en la segunda parte de cada epígrafe- de una serie de análisis sintéticos que sirvan para contextualizar el conflicto. Se articula mediante el estudio de ciertos periodos cronológicos estratégicos desde el punto de vista diplomático y militar, de forma que se pueda combinar la concepción teórica con la referencia a la realidad material de la evolución de los hechos.
II. La decadencia del momento unipolar liberal.
II.1. Crítica a la unipolaridad liberal. La materialización del conflicto.
En primer lugar, comenzando por la conceptualización geopolítica, observando la materialización del conflicto ruso-ucraniano en 2022, se certifica la inviabilidad del concepto liberal unipolar en el que se proclamaba que la historia había muerto. Realmente, por contra, “podría ser que del Imperio del fin de la historia pasemos a la historia del fin del Imperio” (López, 2022, p. 431).
El mundo sigue su devenir de forma pluralista discontinua en la encrucijada, se podría decir que “estamos en un contexto internacional muy preocupante [...] la tensión puede degenerar en cualquier momento en [...] un enfrentamiento directo entre las grandes potencias” (Baños, 2022, p. 568), lo que significa que el motor de la historia sigue enérgicamente en pleno funcionamiento a través de la dialéctica de clases, estados e imperios -dialéctica ésta una y trina, ya que se realizan y codeterminan todas ellas las tres de forma concomitante alternando momentos de sintonía y momentos disonantes-.
Conectando más con el materialismo político, se observa que las relaciones internacionales y la geopolítica evolucionan de una manera variada, entretejida e infecta a través de sus contradicciones.
El conflicto constata que el modelo unipolar fue únicamente un momento que tuvo lugar a finales del siglo XX, en el que el monismo teleológico de un destino manifiesto impuso su holización desde un dominante modo de pensamiento individualista, elitista, oligárquico y capitalista.
Las corrientes de pensamiento a favor del hegemón -EEUU- generaban una paradoja en la que, por un lado, se declaraba el fundamentalismo democrático liberal como único sistema político y el capitalismo como único sistema económico, ejerciendo la función de ejes vertebradores que conectan con todo de una forma global dominante imponiendo sus principios, mientras a la vez, por contra, atomiza a las personas convirtiéndolas en individuos divididos en un estar en el mundo mercantilizado como si se trataran de un fetiche sin raíces ni vínculos sociales o de comunidad alguno.
La realidad contrariamente funciona de otro modo -“no todo está conectado con todo” (Armesilla y Utín, 2024, Lecc. 07, p. 3)- ciertas partes están conectadas entre sí y otras no, conformándose relaciones en forma de red, con continuidades y rupturas.
Esto se manifiesta a través de la dialéctica de clases, estados e imperios con el desarrollo en los últimos 25 años de un orden mundial alternativo al del hegemón, en el que renacidos actores construyen una renovada red de relaciones políticas globales, dentro de una symploké de plataformas continentales y sociedades políticas. Externamente, estas sociedades -estados- y plataformas -imperios-, de forma codeterminada con la propia lucha de clases interna, son las que materialmente y realmente, a través de la dialéctica, encienden “el verdadero motor de la Historia” (Armesilla y Utín, 2024, Lecc. 13, p. 5).

II.2. Contexto del conflicto. Situación general e inicio del enfrentamiento directo.
En este sentido, cabe resumir brevemente el encuadre inicial del conflicto. El comienzo del choque directo entre Rusia y Ucrania se produce el 24 de febrero de 2022, cuando las fuerzas armadas rusas activan la denominada Operación Militar Especial, avanzando en el interior de Ucrania hacia Kiev. Esta fecha también marca un hito para las sociedades políticas de los EEUU y de la UE -el autodenominado Occidente o “Mundo Libre”- ya que, desde el punto de vista geopolítico, entran en una nueva fase de incertidumbre.
La mayor parte de la sociedad en la Europa democrático liberal queda en una situación de confusión y empieza a tomar consciencia de los hechos que se están produciendo en su propio territorio continental -a pesar de que las tensiones se llevan manifestando ya desde 2014 internamente en Ucrania-. A la vez, estos sucesos tienen repercusión de forma global, tomando el papel protagonista en la mayor parte de las redes sociales y medios de comunicación internacionales, desde ese momento se coloca el foco mediático mundial en la región. Es en esta coordenada espacio temporal donde se sintetiza y hace efectivo el choque entre las plataformas continentales civilizatorias que poseen territorio en Europa con mayor influencia en el sistema mundial.
Ucrania se convierte en un territorio en disputa y representa un elemento estratégico para el hegemón actual -EEUU-, asumiendo el escenario como una competición para reafirmar su liderazgo global. Primero, dentro su dominio -especialmente la plataforma de la angloesfera (EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia…)-, segundo, para con sus entes políticos aliados -UE, Israel, Japón, Corea del Sur, Taiwán…- y tercero, fuera de su plataforma, como señal de aviso hacia el resto de actores en el escenario mundial de las relaciones internacionales y geopolítica.
Por otro lado, se ha configurado un nuevo foro diplomático mundial -BRICS-, un nuevo bloque al cual Rusia pertenece y en el que, muy activamente a nivel diplomático, lo colidera y codetermina. Las tensiones en Ucrania poseen una componente más evidente, pero en sus fundamentos se establece la competición existente entre las dos concepciones geopolíticas con más repercusión en la reconfiguración del orden mundial, la unipolar frente a la multipolar.
III. La generación de tensiones geopolíticas por parte del hegemón.
III.1. Crítica a la inercia hegemónica y su conflictividad.
Adicionalmente, se constata la recurrente generación de conflictos geopolíticos por parte del hegemón del momento unipolar -EEUU, liderando la plataforma anglo, con sus clases dominantes ejerciendo como núcleo fundamental de la oligarquía financiera global- cuando racionaliza y asume que son de su interés -está por por ver su idoneidad estratégica-.
Subyace la preocupación por la pérdida del liderazgo mundial, lo que ha hecho que se produzcan movimientos erráticos por su parte, como si de una trampa de Tucídides se tratara. Se podría decir que “estamos a punto de descubrir la dependencia de EEUU respecto al resto del mundo y la fragilidad de sus cimientos” (Todd, 2024, p. 213), se está desvelando otra vez el verdadero carácter del imperio depredador unipolar.
Como se ha adelantado anteriormente, Ucrania se ha convertido en un territorio en contienda donde la plataforma angloamericana que lidera el autodenominado occidente choca con la plataforma ruso-eslava, estando de fondo la tensión existente con la plataforma sino-asiática, siendo esto un nuevo capítulo en una segunda guerra fría, donde se da la disputa entre EEUU y China como líderes de las dos ”plataformas realmente existentes” (Armesilla y Utín, 2024, Lecc. 55, p. 2) más poderosas a nivel global dentro de la red mundial de naciones y estados.
Teniendo en cuenta lo anterior y aplicado al escenario geográfico del conflicto, en este punto cabe repasar y observar la dinámica histórica de expansionismo occidental a través de los planes y programas de su principal alianza militar -la OTAN-. Este ha sido el caso en Europa Oriental con las sucesivas ampliaciones de la alianza atlántica, acelerándose con mayor incidencia a partir del inicio de la década de los años 90 con la caída de la URSS, siendo esta expansión una suerte de nueva tendencia a cercar el Heartland de la plataforma ruso-eslava.
Estos movimientos de cerco y subordinación por parte de la oligarquía de la plataforma anglo tienen precedentes en diversos momentos de la historia análogos, sirvan de ejemplo los casos cuasi coetáneos -por el siglo en que se produjeron- tanto del Imperio Chino como del Imperio Español, donde podría valorarse respecto al último que “la desintegración de la Monarquía española en América fue la mayor catástrofe geopolítica del siglo XIX” (Baños, 2024, p. 121), mecanismos de desintegración geopolítica que se están buscando otra vez activar en regiones en el objetivo del imperialismo depredador.
III.2. Contexto del conflicto. Fase previa y el cerco estratégico histórico a Rusia.
Dando un repaso al pasado reciente de la región -de forma que sirva de contextualización sintética del periodo previo al conflicto- teniendo en mente los movimientos estratégicos de cerco geopolítico por parte de la plataforma hegemónica anteriormente apuntados, se pueden destacar ciertos puntos importantes que a continuación se resumen.
III.2.a. El contexto de finales del siglo XX a inicios del XXI.
En primer lugar, como ya se ha mencionado, cabe reseñar 1991 como año clave, dado que es el momento en que cae la Unión Soviética. Comienza un periodo en el que Europa Oriental vuelve a estar atrapada en un ciclo de caos interno turbulento -lo que en la tradición ruso eslava se denominaba como Smuta- en el que los entes sociopolíticos nacidos en la quinta generación de izquierdas definidas se descomponen en la esfera del Pacto de Varsovia y regiones adyacentes -véase el caso paradigmático de Yugoslavia-. Los rivales externos e internos a la plataforma soviética ejercen la máxima presión para desarticular el estado civilización socialista europeo oriental. En este contexto Ucrania se independiza.
Una vez independizada, Ucrania entra en una serie de años en los que la corrupción se hace dominante en el sistema político, se producen una serie de revoluciones de color en el entorno postsoviético (la más relevante para Ucrania, la naranja de 2004) y se ocasionan una serie acercamientos y alejamientos diplomáticos entre Moscú y Washington enmarcados en la región que no permiten avanzar en ninguna dirección concreta y van estancando el futuro político de la misma.
En este ambiente se producen las actividades de injerencia por parte de la élite diplomático oligárquica del bloque occidental, su red de servicios de inteligencia y las denominadas organizaciones no gubernamentales, todas las cuales trabajan por lograr financiar y reforzar grupos de una facción en Ucrania que, si bien no son abiertamente mayoritarios en el cómputo total de las fuerzas políticas y sociales del estado, poseen núcleos de poder centrados en la en la parte occidental del país que los hacen dominantes tanto a nivel de fuerzas armadas como a nivel sociopolítico.
En este entorno sociopolítico, la sociedad ucraniana queda sensiblemente polarizada en un punto cercano a la fragmentación. En 2014, grupos de la facción apoyada por el bloque occidental, tras varias semanas de profundos choques en el Euromaidán, tomaron el poder en Kiev.
De seguido, en la parte oriental, comunidades culturalmente rusas se insubordinan en las repúblicas de Donetsk y Lugansk (el Dombás), mientras que Rusia vuelve a integrar en su sistema político a la histórica península de Crimea. El resultado es la generación de un conflicto militar interno en el este de Ucrania a lo largo de una línea dura de frente que divide en dos el Dombás.
Es de reseñar el hecho de que la sociedad política ucraniana previamente al colapso de la URSS no era en sí sectaria ni fragmentaria, vivió décadas hermanada con las sociedades políticas vecinas, especialmente durante el proceso unificador de las repúblicas socialistas soviéticas, siendo parte esencial del trío fundador de la Unión Soviética en 1922, Rusia-Ucrania-Bielorrusia, basado en su afinidad eslavo oriental, convirtiéndose posteriormente en una de las repúblicas económicamente e industrialmente más avanzadas dentro del bloque socialista.
III.2.b. El cerco histórico desde el Atlántico.
Sin embargo, el desarrollo de los acontecimientos evoluciona en otro sentido, a partir de finales de del siglo XX se impone una inercia expansionista de la OTAN, configurando un movimiento de envolvente estratégica que se lanza a lo largo del Rimland hacia Europa Oriental, movimiento de piezas en el tablero que no tuvo contención ni oposición suficiente por parte del fragmentado y débil espacio postsocialista.
Por otro lado, en esa época, a pesar de su debilidad político económica, desde la esfera diplomática rusa se trabaja por llegar a acuerdos de seguridad colectivos que permitan estabilizar las relaciones entre los estados europeos a largo plazo.
En cambio desde el occidente colectivo a través de entramados de inteligencia y redes de injerencia económico-político-diplomática, se siguió promoviendo y financiando al sector ucraniano más occidentalista. Esta facción política alberga grupos que toman la doctrina sociopolítica de referentes nacionales de la época en que la derecha no alineada ucraniana colaboraba con el nacionalsocialismo centroeuropeo.
Se rubrica, por tanto, la dinámica histórica del mecanismo de envolvente estratégica de la plataforma anglo para, con el objetivo de la subordinación total a nivel de todos los poderes políticos -pero también principalmente subordinación económica-, fragmentar a sociedades políticas o estados civilización consolidados que se consideran competidores.
En forma de imperio depredador que pugna por su supervivencia, las élites de la oligarquía tratan de debilitar otros imperios o estados constituidos en plataformas civilizatorias alternativas (ejemplo son los ya mencionados Imperio Español e Imperio Chino en el siglo XIX, pero igualmente el Imperio Turco e imperios centroeuropeos de Alemania y Austria-Hungría en el siglo XX).
Los precedentes en el caso de Rusia por parte de la plataforma anglo son variados, ya sucedió durante la revolución y guerra civil a partir de 1917 con la intervención de varios ejércitos extranjeros en territorio ruso en pro de reestablecer en el poder al ejército blanco favorable a la Entente o en la intervención anglofrancesa en la Guerra de Crimea de mediados del siglo XIX para debilitar el poder ruso eslavo en el Mar Negro.

Finalmente, concretando para la región objeto de estudio, se puede concluir que el caso en Europa Oriental en las últimas décadas ha sido paradigmático. Las sucesivas ampliaciones de la OTAN -comportándose como una alianza atlantista talasocrática- se han acelerado con mayor incidencia en la región en el primer cuarto de siglo XXI y se han convertido en una suerte de nueva tentativa de tensionamiento y -en último término- desintegración de la esencia territorial telurocrática continental de la plataforma eslava, Rusia.
IV. Las reacciones de insubordinación contrahegemónicas.
IV.1. El pensamiento geopolítico insubordinado.
En contrapartida, retornando a la conceptualización teórica de la geopolítica, se advierte cómo se conforman reacciones de insubordinación en plataformas alternativas a la hegemónica anglosfera, “los Estados [...] en la periferia de la estructura de poder mundial [...] sólo pueden trocar su condición de objetos [...] a partir de un proceso de insubordinación fundante” (Gullo, 2019, p. 21). Surgen en la época más reciente procesos de recomposición dialéctica, que generan una nueva forma contrahegemónica y -mediante esta “dialéctica procesual” (Armesilla y Utín, 2024, Lecc. 10, p. 2), configurada en metábasis e interrelación de sociedades políticas a través de sus capas corticales- se articula una nueva pluralidad híbrida que evoluciona de la unipolaridad a la bi-multipolaridad, en la que un polo pretende mantener la hegemonía económico-política global y el otro polo -BRICS- persigue construir un balance de poder compartido codeterminado multipolar, “está naciendo un orden multipolar más justo, con mayores oportunidades para el desarrollo nacional y [...] cooperación internacional” (Rocafort y Refoyo, 2025, p. 98). Enlazando más con los fundamentos materialistas políticos, se observa cómo Rusia reacciona ante una agresión estratégica y se reconstruye a través de un nuevo proceso de insubordinación fundante propio que se estructura e integra a su vez dentro de otro proceso de insubordinación fundante global con base en las sociedades políticas y plataformas contrahegemónicas que no aceptan las condiciones del orden impuesto por el autodenominado occidente liderado por la plataforma anglonorteamericana -EEUU-. Se vuelve a dar el mecanismo de codeterminación dialéctica en symploké, en este caso a nivel de red insubordinada frente al orden unipolar impuesto previamente. La Federación de Rusia, junto con las sociedades y plataformas que orbitan alrededor de los BRICS+ liderados por la República Popular China -liderazgo establecido a través de la conformación de un elevado nuevo umbral de poder, esencialmente científico tecnológico, construido pacientemente durante décadas mediante la implementación de planes y programas estatales socialistas de largo plazo-, lo que hacen fundamentalmente es constituir un nuevo orden mundial a través “de una actitud de insubordinación ideológica [...] y de un eficaz impulso estatal” (Armesilla y Utín, 2024, Lecc. 38, p. 3) afirmando así su soberanía e independencia, en definitiva, su poder nacional, dentro de los procesos de la dialéctica de clases, estados e imperios.
IV.2. Contexto del conflicto. Fase Inicial. La reacción de insubordinación estratégica.
Volviendo a la contextualización de los hechos materiales, en referencia a la reacción de insubordinación rusa, ésta se materializa a nivel estratégico militar en la -ya mencionada- intervención directa en Ucrania en 2022 a través de la denominada Operación Militar Especial.
Después de intensas dinámicas de negociaciones diplomáticas, éstas resultaron infructuosas principalmente por el inmovilismo en el gobierno de EEUU para llegar a un acuerdo de seguridad que tenga en cuenta la posición de todas las partes, cuya base eran los acuerdos de Minsk refrendados por Rusia y Ucrania por mediación de estados de la UE, donde se articulaba como principal condicionante la neutralidad ucraniana.
En este momento de quiebra de la esencia de los acuerdos, debido al inicio del proceso de incorporación de Ucrania en la alianza atlántica, es cuando finalmente Rusia avanza sobre territorio ucraniano, ante lo que considera una amenaza existencial dentro de un dilema de seguridad.
IV.2.a. Operaciones iniciales de avance.
Desde el punto de vista estratégico-operacional, analizando el conflicto sobre el territorio, en esta fase inicial la incursión rusa se efectuó como una maniobra por varios ejes de avance: desde Crimea hacia Jersón en el Oeste y hacia Melitópol en el Este; desde Donetsk y Lugansk en dirección Oeste de forma perpendicular hacia varios núcleos repartidos a lo largo de la línea fortificada, de los más relevantes Mariúpol o Severodonetsk; desde Kursk y Bélgorod hacia el Sur en dirección Sumy, Járkov e Izium; finalmente, desde el Norte en Briansk y en la propia Bielorrusia, hacia el Sur en dirección Chernígov y principalmente hacia la capital ucraniana, Kiev.
Las fuerzas armadas rusas consiguieron conectar un “puente de tierra” entre Crimea y el Dombás, traspasaron el río Dniéper más allá de Jersón, se hicieron con el norte de Lugansk hasta Izium cercando Járkov y Sumy, siendo su culmen la llegada -en el eje de avance de la zona norte- a las inmediaciones de Kiev.

IV.2.b. Pausa operacional y refuerzo defensivo.
En este final de la etapa inicial de las operaciones -en este pulso por la capital- se produce un acercamiento diplomático con la mediación de Turquía. En Estambul, las diferentes delegaciones de las partes intervinientes en el conflicto se reúnen para establecer una línea de diálogo tras las primeras operaciones militares. En este entorno de conversaciones entre cancillerías, como predisposición a facilitar un acuerdo, Rusia se retira de Kiev y del Norte.
Sin embargo, desde el gobierno ucraniano, incitado por la injerencia de la élite política atlantista -basada fundamentalmente en la oligarquía global de la plataforma anglo-, se toma la decisión de realizar una nueva fase de contraataque en medio de las negociaciones, desmantelando la posibilidad de cualquier acuerdo inicial de alto el fuego e inicio de conversaciones de paz para establecer un sistema de seguridad compartido.
En este escenario diplomático militar, a finales de 2022 las fuerzas armadas rusas se retiran de zonas de difícil apoyo logístico hacia líneas de defensa reforzadas. Desde el punto de vista estratégico-operacional, las fuerzas armadas rusas dejan de tener presencia tanto en Kiev como en el Norte. En Járkov han dejado una mínima zona de seguridad, retirándose ante el avance ucraniano de la zona de Izium hacia la zona oriental del río Oskil. En Jersón se retira de la ciudad, estableciéndose la línea de defensa detrás de la margen izquierda del río Dniéper. Mantiene los focalizados pero estratégicos avances sobre la línea fortificada de 2014 en Donetsk y la conexión terrestre del Dombás con Crimea a través del óblast de Zaporiyia.
En definitiva, se trata de un repliegue estratégico operacional para consolidar los avances determinantes en el este y sur del escenario de la campaña bélica y endurecer la línea defensiva.
V. La subordinación a la plataforma hegemónica.
V.1. Crítica a la subordinación en el conflicto.
Regresando al nivel geopolítico, como punto clave se observa en el conflicto cómo un estado -Ucrania- se puede llegar a convertir en un ente subordinado de una plataforma hegemónica imperialista depredadora, todo ello con el objeto de desestabilizar indirectamente -mediante guerra delegada, también denominada Proxy en el argot bélico- a plataformas consideradas rivales.
Sin embargo, para que un estado consiga estar apto en un choque de alta intensidad no es suficiente con que otros estados proporcionen armamento altamente tecnológico si por contra no se dispone de una cadena de producción industrial militar potente. El nivel suficientemente tecnológico de la histórica industria pesada rusa ha permitido sostener una economía de guerra ante una amenaza existencial resultante de un dilema de seguridad.
En este punto cabe destacar el aspecto militar-industrial de forma sintética. Las mecánicas que subyacen en este proceso están gobernadas por las capacidades de combate de los estados, siendo el poder militar fundamental como rama operativa de la capa cortical de los poderes políticos. Ucrania venía implementando un rearme -con apoyo occidental- y movilización durante años que le permitió disponer de un gran número entrenado de fuerzas armadas.
Rusia en un primer momento tuvo como objeto una operación relámpago de descabezamiento que fue evitada en primera instancia por Ucrania. A partir de ahí Rusia implementó una política de movilización parcial por fases junto con un refuerzo militar-industrial que permitiría sostener una guerra de alta intensidad. Ello ha resultado en un paulatino incremento de tropas y equipamiento, debilitando a las fuerzas ucranianas por desgaste y diferencia de potencia de fuego e inclinando la balanza a favor de Rusia.
En consonancia con los conceptos materialistas de insubordinación, el poder del sector militar-industrial ruso ha permitido garantizar estratégicamente su seguridad y supervivencia por medio de un impulso estatal basado en la época soviética y renacido a partir del siglo XXI con una nueva etapa reconstructora de su soberanía nacional. Una insubordinación fundante se cimenta en un impulso estatal que desarrolla una base industrial fuerte que estructura una economía productiva real, esta ha sido la dinámica seguida por Rusia en las últimas décadas.
La mecánica de la plataforma anglo sin embargo ha caminado por las tendencias de la inercia de la economía financiera global en la que la productividad industrial se ha deslocalizado en terceros estados -estableciéndose principalmente en Asia, paradigmático el caso de China que se ha convertido en el principal productor industrial global-.
El denominado occidente colectivo se ha centrado en desarrollar conglomerados empresariales privados transnacionales en los sectores de la alta tecnología y los servicios financieros globales, entramados complejizados al extremo a través de los mercados bursátiles y paraísos fiscales de la angloesfera, con limitado impacto productivo real.
Se ha venido utilizando esta estrategia como arma de subordinación, véanse los diferentes casos de presión económica sobre los países en desarrollo por parte del bloque hegemónico a través del Fondo Monetario Internacional -FMI- o el Banco Mundial, organizaciones supranacionales totalmente controladas por el bloque hegemónico unipolar dentro de su ordenamiento económico globalista.
A fin de cuentas, se podría decir que unos han mantenido el poder “duro” productivo industrial clásico (producción de elementos de categoría físico corpórea) y otros han ido por la expansión del poder “suave” financiero globalista (producción de elementos inmersos en la categoría lógico-formal en su rama numérica).
V.2. Contexto del conflicto. Fase Central. Subordinación estratégica y guerra de desgaste.
Con el objetivo de contextualizar los conceptos anteriormente expuestos, en este punto se estima oportuno ir a un escalón más de detalle hacia la dimensión estratégico-militar de la fase central del conflicto, en la que, tras las operaciones iniciales, la actividad bélica toma la forma de guerra de desgaste. Como se ha apuntado anteriormente, las capacidades de combate de las fuerzas de un estado -ya sea nacional o civilizatorio- son determinantes y parte esencial de las leyes que estructuran las dinámicas de un proceso bélico.
V.2.a. Fundamentos para la guerra de desgaste.
Ucrania puso en funcionamiento un rearme y movilización aplicado durante -como mínimo- más de una década -con importante apoyo por parte del occidente colectivo demócratico liberal-, lo que le permitió disponer de un número aproximado de un millón de combatientes adecuadamente entrenados y equipados.
Durante el inicio del conflicto directo, en la primera fase de avance rápido hacia la capital, las líneas de avance rusas emplearon no más de un cuarto de millón de soldados. Esto contrasta con la regla general en la escuela estratégico militar, donde se estima conveniente un mínimo de una proporción 3 a 1 en ataque.
Al comprobar que el objetivo relámpago de descabezar el gobierno ucraniano fue evitado -sería objeto de otro análisis conocer realmente por cuánto-, Rusia implementó una política de movilización parcial por fases, puso en ejercicio su histórico poder en sistemas de artillería y balísticos -según estimaciones de capacidades, en este aspecto lleva una ventaja de 5 a 1 frente a Ucrania-, reforzó la superioridad aérea como apoyo en el frente, impulsó la utilización de drones (que sirven tanto para el reconocimiento geo-posicional como para su función de enjambre hostigador hacia las unidades del enemigo -entre otras funciones-), además de reintegrar una industria que permitiría sostener una guerra de alta intensidad (principalmente mediante el refuerzo de la producción de equipamiento y sobre todo munición básica industrializada, uniformizada y racionalizada).
Estas políticas de readaptación estratégico militar por parte de Rusia hicieron incidir en un -ya referido- paulatino incremento de tropas y equipamiento. Esto se ha combinado junto con un debilitamiento progresivo de las fuerzas ucranianas por desgaste al verse sometidas a una elevada diferencia de potencia de fuego en contra, resultando en un sensible menoscabo de la situación estratégica ucraniana.
V.2.b. Tentativa de contraataque estratégico y táctico.
A pesar de todo esto, siguiendo las dinámicas del denominado en el argot bélico como “armamento disruptivo”, obviando el grave coste que significa un alargamiento de un conflicto, la oligarquía política globalista dominante en la plataforma anglo -junto con sus entes políticos subordinados (principalmente la UE)- proceden a realizar, en el marco de la OTAN, un programa de entregas de armamento de diferente tipología (diferentes sistemas alto tecnológicos: Himars, Atacms, Leopards, Abrams...) en principio con mayor componente científico-tecnológico, pero bajo los hechos acaecidos, limitada repercusión militar real, a ningún nivel, ni táctico, ni operacional, ni tampoco estratégico.
Entregas esporádicas de alta tecnología no rigen en combates de alta intensidad. En estos niveles altamente intensivos sí es necesaria una componente tecnológica avanzada pero primero se estima como básico disponer de líneas de producción industrial constantes y potentes que sirvan como fundamento en el mantenimiento de un flujo regular y fiable de reposición de los diferentes sistemas de armamento.
En esta situación de preparación para un contraataque, las fuerzas ucranianas programaron una operación en 2023 con el objetivo de tratar de penetrar las defensas desde Zaporiyia, cuya principal misión era la de cortar la conexión terrestre entre Crimea y el Dombás. El resultado fue un bloqueo del avance en la línea de defensa rusa junto con un desgaste ucraniano muy elevado en la zona objetivo (principalmente en el área de Robotyne). Tras este episodio de contraofensiva neutralizada, las fuerzas rusas se concentran en seguir desgastando a las fuerzas ucranianas desde sus líneas de defensa. En este sentido, habiendo controlado por el camino una rebelión interna (Wagner) e incursiones infructuosas sobre su territorio (Kursk), desde mediados de 2023 (y durante todo el 2024 y el 2025), por parte de las fuerzas rusas se observa un continuo, metódico y gradual avance por agotamiento del rival en diferentes puntos dentro de los óblast de Jersón, Zaporiyia, Donetsk, Lugansk, Járkov y Sumy.
V.2.c. Consolidación de la dinámica de desgaste.
A lo largo de toda la línea de contacto -desde Jersón hasta Sumy-, se abren brechas operacionales de avance e infiltración constante mediante la aplicación sobre éstas del diferencial favorable en cuanto a potencia de fuego (tanto en infantería como principalmente artillería), reconocimiento geoposicional (tanto sistemas de drones como sistemas satélitales) y superioridad aéreo balística (tanto en cuanto a aeronaves principalmente apoyando a tierra, como en cuanto a sistemas de misiles de largo, medio y corto alcance).
Se trata de una concepción sistemática y ordenada que tiene en cuenta en su fundamentos el mantenimiento de una economía de guerra viable y racionalizada, minimizando el propio deterioro en las fuerzas armadas, concepción que pone en evidencia la desacertada opinión generalizada -desde los medios masivos de comunicación del bloque fundamentalista democrático liberal occidental- en la que el desgaste se carga sobre el lado ruso, atribuyendo supuestos esquemas de ataque frontal masivo desprotegido a las fuerzas rusas de los cuales no existe ninguna evidencia.
En este desarrollo del conflicto, las tecnologías y sistemas de inteligencia permiten conocer qué se despliega en el campo de batalla y dónde se ubica de forma muy precisa y actualizada. Esto a la larga está favoreciendo a las fuerzas armadas rusas, que trabaja por infiltrar grietas a lo largo de la línea de contacto, siendo casos relevantes desde 2023 las rupturas de Bajmut, Toretsk, Avdivka, Vuhledar... lo que va consiguiendo el acercamiento cada vez más patente hacia centros principales dentro de la influencia del Dombás, como son durante la fase de 2024-2025 los núcleos objetivo de Prokrovsk, Konstantínovka, Kupiansk, Siversk… con el objetivo en el medio plazo de provocar un colapso estratégico de las fuerzas ucranianas, resultando esto en proponer un escenario -una vez sucedido el colapso- en el que poder llegar al Dniéper, controlar Járkov, alcanzar Odesa y en última instancia retornar a Kiev.
V.2.d. Apuntes sobre el escenario futuro del conflicto.
En definitiva, este planteamiento bélico basado en la guerra de desgaste establece los fundamentos para una resistencia dura en el lado ruso minimizando pérdidas a la vez que maximiza el deterioro sobre las fuerzas ucranianas. En esta fase no se buscan grandes avances territoriales con grandes maniobras, más bien tensionar en diversos focos de forma simultánea en los que se consiga hacer perder la mayor cantidad de recursos militares al rival. El objetivo es provocar múltiples colapsos tácticos que desencadenen múltiples colapsos operacionales desembocando en un colapso estratégico final en el medio plazo.

Es por ello que por parte del gobierno ruso no interesa truncar la actual inercia positiva de las fuerzas rusas. Y por ello también se constata el mantenimiento de las condiciones fundamentales de seguridad -principalmente neutralidad de Ucrania- como prerrequisito inicial para entablar cualquier diálogo para un alto el fuego o inicio de conversaciones de paz por parte de Rusia. Acercamientos recientes en 2025 por parte del nuevo gobierno norteamericano -cumbre de Alaska- son atendidos por parte del gobierno ruso pero no han modificado nada esencial en las mecánicas del conflicto.
Rusia no ha llegado a realizar un alto al fuego mientras no se han atendido antes sus condiciones. Su perspectiva es la de afianzar antes de nada un acuerdo de seguridad que permita una paz duradera, mientras por parte del gobierno ucraniano primero se aboga por un alto el fuego para después negociar. Desde un punto de vista realista se comprueba que estas posiciones diplomáticas no convergen y el proceso bélico continúa.
En este sentido, la situación territorial para Ucrania únicamente puede empeorar. La no aceptación de inicio de las condiciones de Rusia como la parte con inercia dominante en el campo de batalla lo único que puede provocar es el empeoramiento de las condiciones de cara a un nuevo acercamiento posterior. A medida que vaya haciendo efecto la guerra de desgaste y se vayan produciendo colapsos táctico-operacionales se irá incrementado el control territorial por parte de Rusia sobre Ucrania. De los cuatro óblast que que en el escenario actual controla Rusia -Jersón, Zaporiyia, Donetsk y Lugansk, dejando aparte Crimea por estar desde 2014 bajo control- puede pasar en un escenario futuro a controlar -como mínimo- otros cuatro óblast -Odesa, Nicolaiev, Dnipropetrovsk, Járkov- debilitando aún más la posición del gobierno ucraniano.
Yendo más allá, teniendo en cuenta que la postura a partir de 2025 del gobierno norteamericano es la de “pasar el encargo” -buckpass según terminología del realismo ofensivo- de dar soporte a Ucrania a la UE -mediante la compra de armamento procedente del complejo militar-industrial estadounidense- se vislumbra un alargamiento del conflicto que, así todo, no será con el suficiente apoyo para Ucrania -ya se ha repasado la problemática de la no suficiente producción industrial del occidente colectivo-.
Esto sólo reafirma la postura del gobierno ruso de seguir imponiendo su potencia de desgaste sobre el terreno, con el objeto de provocar mencionado colapso estratégico de las fuerzas ucranianas en un medio plazo y tras ello controlar una mayor parte del territorio -principalmente en el este y sur de Ucrania-, lo suficiente para establecer una región geográfica de amortiguamiento como “escudo protector” del núcleo territorial de la plataforma continental civilizatoria rusa. En la parte occidental de Ucrania el objetivo es imponer las condiciones de neutralidad y desarme, de manera que se consiga un reequilibrio a favor ruso en el sistema de seguridad regional.
Está por ver cómo quedará la parte central de Ucrania, Kiev, si en la solución suroriental o en la noroccidental. Finalmente, también está por ver la postura del occidente colectivo tras el colapso de las fuerzas ucranianas, esto será un punto clave ya que la respuesta puede ir en dos sentidos, la aceptación de la realidad material o, por contra, la escalada. En este momento analizar esta situación de enésima derivada queda fuera del alcance del presente ensayo pero es preciso señalar que este punto será un acontecimiento de primera relevancia geopolítica.
VI. El entretejimiento de la red de relaciones con las plataformas insubordinadas.
VI.1. La estabilidad recurrente que proporciona el poder diplomático.
Volviendo hacia el nivel geopolítico teórico del conflicto, analizando los fundamentos del bloque contrahegemónico, el haber tejido una buena red de relaciones con las plataformas y estados alternativos insubordinados (BRICS+: China, India, Irán, Brasil,...) ha servido a Rusia para evitar el bloqueo económico diplomático por parte del bloque hegemónico.
Es decir, haciendo un nexo mayor con el materialismo político, el eje circular del espacio antropológico, donde los hombres se relacionan entre sí, se vislumbra como fundamental para la supervivencia y fortalecimiento de cualquier proyecto sociopolítico. La coordinación con plataformas y estados alternativos al bloque hegemón ha permitido en último término sentar las bases de una Eutaxia política, económica y territorial de Rusia, generando una estabilidad recurrente sin la cual el futuro le habría sido más oscuro.
Esto es, las capas conjuntivas -eje circular- referentes al poder político y las capas basales -eje radial- referentes al poder económico se han beneficiado de un fortalecimiento previo de la capa cortical -eje angular- referente a la interrelación con otras sociedades políticas, a través del refuerzo del poder federativo y diplomático, tejiendo alianzas con otras sociedades políticas y aumentando su intercambio comercial.
Se constata que una buena articulación y reforzamiento de poderes concretos puede constituir indirectamente el reforzamiento del resto de capas y ramas de poder dentro del “modelo canónico genérico de sociedad política estatal” (Armesilla y Utín, Lecc. 20, 2024, p. 3), en definitiva, el fortalecimiento -Eutaxia- del estado en sí dentro del territorio que controla.
VI.2. Contexto del conflicto. La diplomacia a través de la multipolaridad (BRICS+).
Yendo al contexto global, y más concretamente desde su dimensión diplomática, las relaciones internacionales de la Federación de Rusia están lejos de haberse aislado a partir del conflicto. Como se ha indicado en apartados anteriores, como elemento más relevante puede citarse el estatus de Rusia como miembro de los BRICS+, foro que engloba a más del 40% de la población mundial y más del 30% de la economía mundial en cuanto a producto interior bruto teniendo en cuenta la paridad de poder adquisitivo.

Por otra parte, desde 2022 hasta la actualidad, Rusia sigue muy activa en el nivel internacional, sobre todo en su dinámica de promoción del avance del mundo multipolar. En este aspecto cabe destacar la XVI cumbre de los BRICS realizada en 2024 en Kazán dentro de la propia Rusia, o las recientes cumbres de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en Astaná en 2024 o en Tianjin ya en 2025, organización que impulsa la cooperación dentro de Eurasia en los ámbitos económicos, políticos y de seguridad entre China y Rusia principalmente, junto con otros estados de la región que están en sintonía colaborativa.
También son de mencionar otras relevantes organizaciones supraestatales de la que es parte Rusia. Una de ellas es la Unión Económica Euroasiática (UEEA) como pilar fundamental en la integración económico comercial de los diferentes estados postsoviéticos existentes en el Heartland de la isla mundial, Eurasia. Adicionalmente, también a un nivel euroasiático postsoviético se establece la Organización del Tratado de Seguridad Colectivo (OTSC), que pone en relieve la coordinación de la dimensión de seguridad en el ámbito regional en paralelo a la UEEA.
En este contexto, cabe mencionar adicionalmente la celebración en Pekín en 2025 de la “Conmemoración del 80º Aniversario de la Victoria de la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa” donde Rusia fue invitada por China junto con los representantes de otras varias naciones (por ejemplo la República Popular Democrática de Corea, Camboya, Vietnam, Malasia, Serbia… entre muchas otras) para celebrar el fin de la segunda guerra mundial en el continente asiático.
Este sintético resumen subraya la imbricación del estado civilización ruso en la red en symploké de las dinámicas de relaciones internacionales de forma efectiva, comprobando la inexistencia de un pretendido aislamiento o ruptura completa con el resto del mundo, según se trata de proponer por parte del occidente colectivo -principalmente desde el denominado grupo de los siete, G7-. Más bien se advierte por contra una conformación coaligada codeterminada de un nuevo orden mundial alternativo a través de los BRICS+, que construyen un nuevo paradigma geopolítico y geoeconómico.
VII. Conclusión: El Nuevo Orden Mundial y la plataforma iberófona.
Como conclusión, tras analizar en Regressus, hacia el pasado reciente, varios puntos de lo acaecido en el conflicto hasta ahora, se estima oportuno tratar de afianzar en Progressus, hacia el futuro próximo, un pensamiento crítico materialista político -y geopolítico- dentro de la civilización iberófona, desde una perspectiva de comunidad política, con el objeto de posicionarse en este nuevo orden alternativo mundial multipolar.
Los acontecimientos siguen desarrollándose a través de la política y la guerra -“la guerra es la simple continuación de la política por otros medios” (von Clausewitz, 2021, p. 38)- y entendiendo así el conflicto ruso-ucraniano se puede participar de forma más integrada en las nuevas dinámicas globales para tratar de no volver a perder otro tren de la historia.
La civilización iberófona fue fragmentada por los avatares del destino, provocado por la intervención interesada de las élites dominantes del capitalismo emergente desde la plataforma anglo en el siglo XIX. Es aquí donde surge un verdadero paralelismo con los intentos también de amenazar la existencia del estado civilización ruso. Quizás se pueda utilizar su caso como modelo geopolítico para la Iberofonía y así comenzar un renacimiento civilizatorio unificador de la comunidad iberófona.
De forma resumida sintética, se pueden obtener ciertas ideas fuerza extraíbles de la conceptualización del conflicto entre Rusia y Ucrania, con el objetivo de conectarlas con el pensamiento filosófico geopolítico dentro de la plataforma iberófona y esbozar unas líneas que sirvan de base para su desarrollo futuro en detalle:
■ Se certifica la no viabilidad del concepto unipolar del fin de la historia, enmarcado éste en un supuesto triunfo pletórico del sistema político liberal global. La Historia sigue su devenir de forma pluralista a través de la dialéctica de clases, estados e imperios.
La plataforma iberófona y las sociedades políticas que la componen deben tener esto en cuenta, una comunidad civilizatoria no puede dar por finalizado el proceso histórico global, el inmovilismo sería una estrategia geopolítica contraproducente y serviría para quedar al albur de los acontecimientos. Es preciso seguir pensando un posicionamiento filosófico geopolítico materialista iberófono.
■ Se constata que, ante la amenaza de pérdida de liderazgo en el sistema geopolítico, el hegemón del momento unipolar procede a intensificar su forma depredadora, tratando de generar conflictividad en escenarios que asume de su interés estratégico.
Este punto concierne especialmente dada la situación de colindancia territorial entre la plataforma anglo y la plataforma iberófona. Pasos en falso, movimientos erráticos, repliegues defensivos estratégicos por parte del bloque hegemón pueden intensificar conflictos dentro de la civilización iberófona, volviendo a producir dinámicas de fragmentación y subordinación que debiliten todavía más a la Iberofonía.
■ Se observa la reconstrucción de un nuevo orden mundial que evoluciona hacia la multipolaridad. Se trata de una reacción de insubordinación en symploké de una pluralidad de plataformas y estados, que se articula como mecanismo fortificador frente al dominio unipolar de la plataforma hegemónica.
La multipolaridad es el orden que debería potenciar la plataforma iberófona. Una codeterminación coaligada en la que las diferentes civilizaciones se respetan es el escenario en el que la unidad iberófona tiene mayores expectativas de reconstrucción.
■ En este sentido, se identifican dos bloques geopolíticos principales: por un lado el bloque hegemónico que aboga por el mantenimiento del statu quo previo unipolar -liderado por EEUU-; por otra parte, el bloque alternativo que está construyendo un balance de poder geopolítico multipolar -BRICS-.Esta dinámica se comporta como una vuelta a la bipolaridad, en este caso entre los dos bloques identificados -unipolar vis a vis multipolar-.
La dinámica principal, desde el punto de vista de las sociedades políticas iberófonas, debería ser la de entablar una relación más activa con los BRICS+, promocionando la multipolaridad codeterminanda de forma que se consiga deshacer de las restricciones de la subordinación unipolar autodeterminista.
■ Se observa adicionalmente el mantenimiento de dinámicas de subordinación como estrategia por parte del bloque hegemónico unipolar -liderado por EEUU-. En este caso mediante la utilización de un estado -Ucrania- como elemento desestabilizador en la frontera envolvente de plataformas consideradas rivales -Rusia-, pertenecientes al bloque alternativo multipolar -BRICS-.
En este sentido, es clave evitar imbuirse en conflictos de dudoso interés estratégico para la plataforma iberófona. La plataforma ruso-eslava nunca ha estado en conflicto abierto contra la civilización iberófona. Más bien todo lo contrario, en las relaciones siempre ha existido una afinidad histórica a pesar de la lejanía. No procede hacer seguidismo en el cerco estratégico fragmentador perpetrado por la plataforma anglo contra Rusia, incluso más teniendo en cuenta el protagonismo anglo oligárquico en el histórico desastre geopolítico de la civilización iberófona del siglo XIX.
■ Es de destacar la incidencia clave en el conflicto de la soberanía nacional a través de los mecanismos de insubordinación ideológica e impulso estatal materializados en una base industrial y productiva potente. La insubordinación fundante desarrollada real y materialmente a nivel militar-industrial en la plataforma cercada estratégicamente -Rusia- ha permitido evitar una amenaza a su existencia como estado civilización.
Un desarrollo de la economía productiva material real mediante el impulso estatal a través de la potenciación tecno-científica es fundamental para la supervivencia de los estados. Sólo queda aprender de la elevación del umbral de poder de la República Popular de China y de la reconstrucción de la soberanía nacional, tal como ha venido realizando la Federación de Rusia en las últimas décadas.
■ Se puede concluir también que pertenecer activamente al bloque alternativo multipolar -BRICS- ha permitido al estado amenazado existencialmente -Rusia- mantener una conexión diplomático comercial efectiva que ha evitado un bloqueo total por parte del bloque hegemónico unipolar -liderado por EEUU-. Una red de relaciones en la esfera insubordinada -China, India, Irán, Brasil, Sudáfrica, …- ha resultado fundamental para mantener una estabilidad recurrente -Eutaxia- interna en el estado civilización ruso.
Finalmente, objetivo clave también es la consecución de una estabilidad recurrente que solidifique cualquier proceso reconstructor iberófono. Se advierte que fortaleciendo la interrelación federativo diplomática con el bloque insubordinado permite tener una salvaguardia y fortalecimiento indirecto de las otras ramas de poder dentro del entramado estatal civilizatorio. Se debe huir de la autodeterminación geopolítica individualista, la realidad material evoluciona por medio de una multipolaridad codeterminada en symploké.
En definitiva, los nuevos renacidos actores mundiales toman muy buena nota de estos sucesos y la Plataforma Iberófona no debería quedarse atrás. El mundo se reequilibra y sigue su devenir, una construcción paso a paso de una República Democrática Socialista Iberófona, “la organización de una Iberofonía Socialista como necesidad táctica e histórica en este siglo XXI” (Armesilla, 2022, p. 13), debería estar atenta a esta oportunidad de nuevo equilibrio de fuerzas global. La Iberofonía merece estar avanzando a la vanguardia ya que la historia continúa escribiéndose.
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