LA ARGENTINA NO ALINEADA

Independencia económica, soberanía política y tercera posición: Anatomía del no alineamiento argentino en la era del continentalismo iberoamericano de los siglos XX y XXI.
Palabras clave: Juan Domingo Perón, Argentina, Tercera Posición, Justicialismo, Peronismo, Iberoamérica, Continentalismo, Movimiento de Países No Alineados, Hipólito Yrigoyen, Brasil, Chile, ABC, Tercer Mundo, Desarrollismo, Arturo Frondizi, Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Néstor Kirchner, ALCA, Jorge Rafael Videla, CEPAL, Proceso de Reorganización Nacional, Revolución Libertadora, Kirchnerismo.
Metodología:
Revisión del estado de la cuestión y recopilación crítica de la bibliografía existente tomando en cuenta principalmente los trabajos de los autores argentinos Marcelo Gullo y Marisol Saavedra.
Introducción y objetivo:
En este artículo se pretende hacer una exposición crítica de la posición no alineada y tercerposicionista en las relaciones internacionales de la República Argentina durante los siglos XX y XXI deteniéndonos en los sucesos que han supuesto mayor relevancia a la hora de dotar a la Argentina de la autonomía geoestratégica parcial de la que hoy dispone, y como precisamente gracias a esa condición de nación sudamericana, semiperiférica y autónoma (Cairo, 2023) está en condiciones junto a Brasil de liderar el tan esperado sueño de la integración iberoamericana o Patria Grande; empezando como es lógico por el subcontinente sudamericano.
Desarrollaré la cuestión desde los inicios del siglo XX con el yrigoyenismo no intervencionista y exponiendo las claves de la política económica y exterior de los gobiernos del General Perón y de la Unión Cívica Radical. Luego presentaré el desenvolvimiento en el MPNA de los militares del Proceso y del gobierno de Raúl Alfonsín. Posteriormente trataré la salida de Argentina del MPNA durante el gobierno menemista y finalmente desarrollaré la evolución de las relaciones de Argentina y Brasil en materia de integración ultimando con la etapa kirchnerista y el Mercosur.
Mi tesis principal en este trabajo es demostrar que el no alineamiento y la tercera posición en Argentina; implicando estos términos neutralidad y “equidistancia”, así como también distancia y prudencia frente a los dos polos imperialistas de la Guerra Fría, el estadounidense y el soviético, representan una continuidad histórica en las relaciones internacionales argentinas de los siglos XX y XXI, cambiando a lo sumo en forma, pero no realmente en contenido, exceptuando a lo sumo por su occidentalismo total la etapa menemista.
Índice de contenidos.
1.Sobre el concepto de continentalismo iberoamericano
2.La neutralidad universalista del yrigoyenismo y el ABC
3.Nacimiento de la tercera posición justicialista y primeros gobiernos del general Perón
4.Origen del Movimiento de Países No Alineados
5.Desarrollismo del gobierno de Frondizi
6.No alineamiento del Tercer peronismo y entrada de Argentina en el MPNA como miembro de pleno derecho
7.Perfil bajo occidentalista del Proceso de Reorganización Nacional
8.Profundización del no alineamiento durante el gobierno de Raúl Alfonsín
9.Argentina no es del Tercer Mundo: salida acrítica del MPNA durante el gobierno de Carlos Menem
10. Argentina y Brasil: La gran oportunidad de la Comunidad de Naciones Sudamericanas
11. Conclusiones
12. Bibliografía y webgrafía.
1.Sobre el concepto de continentalismo iberoamericano.
El concepto de continentalismo iberoamericano que manejamos en este trabajo se refiere en primer lugar a los países de idiomas oficiales ibéricos (español y portugués) que conforman la América no anglosajona. Para de esa forma poder diferenciarlo del concepto Latinoamérica, que también incluye a los países americanos de lengua oficial francesa. Este concepto fue muy popularizado entre la intelectualidad iberoamericana a través de la influencia del Segundo Imperio Francés de Napoleón III y fue acuñado por el polímata francés Michel Chevalier.
Como el concepto Latinoamérica es muy confuso, ya que podría incluir perfectamente al territorio de lengua francesa Quebec, al no ser este completamente anglosajón, he decidido utilizar el de Iberoamérica, que considero mucho más preciso e idóneo.
Con continentalismo iberoamericano trato de expresar esa vocación de integración latente que existe en ese conjunto superior a una veintena de naciones que conforman Iberoamérica y que se fragmentaron durante el ocaso de la Monarquía Hispánica en las primeras décadas del siglo XIX.
En palabras de Juan José Hernández Arregui (citado en Recalde, 2021): “Iberoamérica reúne las condiciones de una nación integral. Y el falaz nacionalismo de las repúblicas sin existencia propia, auspiciado desde afuera, será sustituido por la conciencia histórica de la nación iberoamericana”.
“La América Hispánica existe. Una serie de atributos congenitales tipifican la comunidad cultural iberoamericana (…) descansa sobre un sistema homogéneo de símbolos artísticos, idiomáticos, religiosos, míticos, étnicos, que le dan coherencia cultural”.
En este sentido el continentalismo iberoamericano es la vocación de unir a través de la diplomacia y la cooperación multinivel, un continente que es en realidad una civilización terrestre (en oposición a las marítimas) no reconocida con su propia identidad y con su ser histórico definido (Dugin, citado en Recalde, 2021).
Iberoamérica comparte una religión mayoritaria, el catolicismo, una forma de ser y de estar ante el mundo y además en su seno se hablan el español y el portugués, que son lenguas mutuamente comprensibles en aproximadamente un 80%, al menos en lo que respecta a la gramática y el vocabulario ya que la fonética del portugués es más compleja que la del español.
Todas estas características comunes, así como el haber compartido Estado durante siglos en el largo periodo inmediatamente anterior a las independencias convierten a Iberoamérica en un territorio propicio para acometer una integración continental que tiene muchas probabilidades de triunfar.
2.La neutralidad universalista del yrigoyenismo y el ABC.
En la clasificación de las etapas históricas argentinas que realiza Moreno Quintana (citado en Asis, 2015) el yrigoyenismo está comprendido en el periodo de nacionalismo, desde 1916 hasta 1922, que precisamente corresponde con la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen, primer presidente argentino elegido por sufragio masculino a través de la “ley Sáenz Peña”.
El gobierno de Yrigoyen se caracterizó en materia diplomática por una defensa de la neutralidad y el no intervencionismo. Especialmente, en lo que respecta a la Primera Guerra Mundial, Yrigoyen mantuvo durante su mandato la neutralidad argentina pese a las múltiples presiones de actores que buscaban el alineamiento con las potencias de la Entente.
En 1917 el gobierno de Yrigoyen se mantuvo firme frente al hundimiento por parte de submarinos alemanes de dos embarcaciones con pabellón argentino de nombre Monte Protegido y el Toro, de manera que se exigió al gobierno alemán que en lo sucesivo respetase la libre circulación en los mares de los barcos argentinos (Luna, citado en Asis, 2015).
El 20 de marzo de 1919 se reunió en París la “Conferencia Privada de los Neutrales”, donde el representante argentino Marcelo T. de Alvear formuló la declaración de adhesión de Argentina a la Sociedad de las Naciones que se produciría poco después en junio de ese mismo año. Posteriormente, el presidente Yrigoyen en el mensaje de apertura de sesiones del Congreso de la Nación de ese año en referencia a la susodicha conferencia expuso que no se debía establecer una distinción entre países beligerantes y neutrales, de forma que la victoria en la Gran Guerra no otorgase más derechos a esos Estados vencedores sobre los Estados neutrales (Moreno Quintana, citado en Asis, 2015).
El 17 de noviembre de 1920 se presentan los argumentos argentinos en la Sociedad de Naciones que el presidente Yrigoyen había expresado previamente con la intención de que se admitiese a todas las naciones que voluntariamente solicitasen su ingreso en la Sociedad. En este sentido el presidente Yrigoyen tenía una concepción universalista y no excluyente de la Sociedad de Naciones, ya que sospechaba que si se excluía a algunos países de pertenecer a la Sociedad de Naciones estos podían crear otra organización alternativa para combatir la constituida en Ginebra.
Yrigoyen defendía en esencia los principios de universalidad de la Liga, de igualdad jurídica de los Estados y de libre determinación de los Estados de pertenecer o no a la Liga. El Dr. Honorio Pueyrredón fue el encargado de defender la línea del presidente y si se daba el caso de que en la Sociedad de Naciones no se aceptaba Argentina abandonaría la organización (Moreno Quintana, citado en Asis, 2015).
Finalmente, la Sociedad de Naciones no aceptó la postura de Argentina porque los países vencedores de la Entente no estaban dispuestos a permitir la presencia de Alemania en la Liga. Hay que comprender además que la Sociedad de Naciones fue desde un inicio un proyecto destinado al fracaso; ya que la segunda economía más grande del mundo en aquel entonces, EEUU, en su Congreso optó por no pertenecer a la mencionada organización. Las elucubraciones del presidente Yrigoyen a la postre se hicieron realidad en gran medida, precisamente porque la estabilidad del organismo fue muy reducida y no estuvo capacitada para parar la carnicería que supuso la Segunda Guerra Mundial.
Hipólito Yrigoyen declararía tras el abandono de la delegación argentina de la Liga lo siguiente: “La Nación argentina no está con nadie ni contra nadie, sino con todas y para bien de todas (las naciones). Ha asistido al Congreso (Asamblea) sin prejuicios ni inclinaciones algunas, llevando en su definición de conceptos la unción santa de una nueva vida universal que siente y profesa profundamente. Se ha encontrado sola, pero sintiéndose poderosa para llevar al seno de la humanidad el aporte de su concurso, no debía omitir sus esfuerzos y los deja cumplidos, íntimamente convencida de que al fin la suprema justicia se impondrá en el mundo” (Luna, citado en Asis, 2015).
En el ámbito iberoamericano la acción conciliadora y reparadora del presidente Yrigoyen son tremendamente destacables, por poner dos ejemplos en septiembre de 1922 el gobierno argentino optó por condonar a Paraguay la deuda de la infamante guerra de la Triple Alianza, en la que el país sudamericano fue humillado inmisericordemente y en la que Paraguay sufrió inestimables pérdidas humanas y materiales.
Por otro lado, el 4 de octubre de 1917 se declaró a través del decreto 7.112 el 12 de octubre como Fiesta Nacional. Después de tanta anglofilia y francofilia propias del periodo liberal de inserción en el mercado británico que experimentó Argentina durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX y tomando en buena medida el testigo del gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas, el presidente Yrigoyen con mucho atino, se dio cuenta de la importancia que tenía la colaboración continental iberoamericana para Argentina; y que una de las formas de propiciarla era precisamente reivindicar la innegable raíz hispánica del continente en general y de Argentina en particular (Alén Lascano, citado en Asis, 2015).
El Tratado ABC, que por sus siglas involucraba a los Estados de Argentina, Brasil y Chile fue un intento de poner en común los intereses geopolíticos de estos países iberoamericanos con el fin de buscar una resolución pacífica de los conflictos en la región. Este acuerdo fue pacto de no agresión, consulta y arbitraje y se firmó el 25 de mayo de 1915.
La primera acción particularmente destacable fue aquella en la que los miembros del ABC intervinieron como mediadores en la década de 1910 durante los conflictos que se produjeron entre EEUU y México en la convulsa etapa posterior a la revolución mexicana iniciada en 1910.
El 25 de abril de 1914 el ABC se ofreció a mediar directamente y el 20 de mayo del mismo año se reunió la conferencia de Niagara Falls con delegados estadounidenses y partidarios del gobierno de Victoriano Huerta en México, en buena medida gracias a la intervención del ABC se evitó una escalada que pudiera haber acabado en una guerra entre EEUU y México (Moreno Quintana, citado en Asis, 2015).
El jurista riojano Joaquín V. González, senador por su provincia, fue miembro informante de la comisión de negocios constitucionales y extranjeros y en sus ponderaciones acerca del Pacto ABC aclaró que el mismo no tenía una vocación hegemonista o intervencionista. El jurista argentino llegó a decir que: “se ve perfectamente que este nuevo convenio no hace más que agregar una nueva seguridad, una nueva garantía para el mantenimiento de la paz y da el recurso y los medios jurídicos para resolver dichas contiendas..." (González, citado en Asis, 2015).
3.Nacimiento de la tercera posición justicialista y primeros gobiernos del general Perón.
Después de la victoria electoral del 24 de febrero de 1946 sobre la Unión Cívica Radical el por aquel entonces coronel Juan Domingo Perón asumió el 4 de junio del mismo año la presidencia de la Nación Argentina (fue nombrado general por su predecesor Edelmiro Farrel el 31 de mayo de 1946. Perón fue el candidato propuesto por la Junta Nacional de Coordinación Política, fundada ad hoc el 24 de octubre de 1945 para concurrir a las elecciones de 1946.
Esta coalición electoral estaba conformada por el Partido Laborista, La Unión Cívica Radical Junta Renovadora y el Partido Independiente. Después de un muy breve periodo de existencia y tras la disolución de los partidos integrantes de la coalición se transformaría primero en el Partido Único de la Revolución Nacional y luego en el Partido Peronista (Vázquez, citado en el prólogo II de la Comunidad Organizada, 2016)
La función del Partido Peronista era en buena medida generar lo que Perón denominaba: “unidad de acción y de concepción”, de manera que se pudiera dotar al movimiento político de mayor dinamismo y estabilidad. En el contexto del primer gobierno peronista (1946-1952) el 5 de octubre de 1948 Perón expone ante el mundo, pero especialmente a los argentinos una suerte de intento de universalizar su pensamiento a través de la doctrina de la tercera posición.
Cuando me refiero a la tercera posición como proyecto universal no estoy indicando que desde el movimiento justicialista se pretendiese implantar la ideología del general Perón por todo el globo. Esta nunca fue la intención del movimiento, si no que por el contrario su intención era realmente poner en valor las ideologías de buena parte de los movimientos de liberación nacional que se estaban pergeñando en el Sur Global en aquel entonces, y que en muchos casos veían con reticencia tanto el capitalismo liberal como el comunismo para sus realidades nacionales particulares.
El general Perón con esta línea de pensamiento se pone del lado de esa parte de la periferia del mundo que buscaba una línea política nacional propia para cada país sin la necesidad de asimilar o de adoptar un exceso de concepciones extranjeras inaplicables universalmente. En sus propias palabras pronunciadas en alguno de los numerosos discursos en Puerta del Hierro en Madrid durante su exilio declaraba que “no se trata de adoptar sino en la mayoría de los casos de adaptar”.
Para disipar todas las dudas sobre lo que la tercera posición es basta con citar las siguientes palabras del general pronunciadas el 5 de octubre de 1948 (Piñeiro Iñíguez, citado en Revista Movimiento, 2018):
El imperialismo ruso defiende el comunismo, vale decir, la explotación del hombre por el Estado. El otro grupo defiende el capitalismo, vale decir, la explotación del hombre por el hombre: no creo que para la humanidad ninguno de los dos sistemas pueda subsistir en el porvenir. Es necesario ir a otro sistema, donde no exista la explotación del hombre, donde seamos los colaboradores de una obra común para la felicidad común, vale decir, la doctrina esencialmente cristiana sin la cual el mundo no encontró solución ni la encontrará tampoco en el futuro, porque no creo que para solucionar la miseria el mejor medio sea la guerra, que produce una miseria mayor. No creo tampoco que para solucionar los problemas que el mundo tiene haya que aferrarse a soluciones que han fracasado en los hechos, porque el capitalismo ha fracasado y el comunismo también. Son sistemas sobrepasados por los hechos. Están luchando por una cosa que el mundo en el futuro no podrá adoptar. A esta posición es a la que se ha llamado en este país la Tercera Posición, o sea, el Justicialismo.
Asimismo, en su mensaje al inaugurar las sesiones del Congreso Nacional el 1 de mayo de 1950, Perón amplía su idea (Piñeiro Iñíguez, citado en Revista Movimiento, 2018):
En el orden político la Tercera Posición implica poner la soberanía de las naciones al servicio de la humanidad en un sistema cooperativo del gobierno mundial. En el orden económico, es el abandono de la economía libre y de la economía dirigida por un sistema de economía social al que se llega poniendo el capital al servicio de la economía. En el orden social la Tercera Posición entre el individualismo y el colectivismo es la adopción de un sistema intermedio cuyo instrumento básico es la justicia social. Ésta es nuestra Tercera Posición, que ofrecemos al mundo como solución para la paz.
En un extracto del documento audiovisual “Perón, la Revolución Justicialista" (Madrid, 1971) el general declaró que 25 años después de su lanzamiento de la Tercera Posición, a principios de la década de los 70 y con los movimientos de liberación nacional a flor de piel, 2/3 partes del mundo ya asumían de alguna manera o de otra los postulados de socialismo nacional ligados a la tercera posición justicialista. Incluso la propia República Popular China en aquel entonces en clara ruptura con la URSS debido al conflicto chino-soviético ya estaba construyendo su propio socialismo nacional según expresaba Perón.
Otro asunto que es menester tratar es el lugar de la tercera posición en el espectro político, ya que es relativamente sencillo contraargumentar por qué sólo habría tres posiciones políticas y no cuatro, como declara por ejemplo el tradicionalista ruso Alexander Dugin o incluso más, ya que el mero hecho de enumerar de forma tan simplificada los posicionamientos políticos parece harto problemático.
Es evidente que determinar cuántas posiciones políticas hay en el mundo o ha habido en la historia es algo que sin un ápice de duda rebasa las humildes pretensiones de este ensayo. De todas maneras, sí sería conveniente por lo menos determinar cuáles son las principales posiciones políticas de la modernidad.
Las ideologías modernas serían aquellas que quieren superar la sociedad tradicional a través del desarrollo de la economía, la ciencia y la técnica. La primera posición que se opone al tradicionalismo en la historia sería el liberalismo capitalista, nacido en el siglo XVIII enarbolando las banderas del derecho a la propiedad privada y la igualdad ante la ley de los ciudadanos, la segunda sería el socialismo, eminentemente en su forma marxista, aunque no exclusivamente ya que el origen sin duda sería el socialismo utópico de Fourier, Saint-Simon y Owen.
Esta segunda posición apareció en el siglo XIX y enarbolaba las banderas de la igualdad de clase y la superación de la explotación del hombre por el hombre en una época de desarrollo de la industria donde los obreros empezaron a desarrollar a través del sindicalismo su lucha económica por una vida más digna.
Finalmente, y ya en el siglo XX principalmente aparecen los primeros conatos de la tercera posición de la mano de pensadores que se oponían tanto al materialismo propio de los liberales (de izquierdas o de derechas) como al de los socialistas, anarquistas y comunistas. Estas corrientes tomaban un elemento del romanticismo decimonónico que realmente si lo pensamos algo más sesudamente ha estado presente en muchos casos también en la primera y la segunda posición, pero que no hay duda que la tercera lo explotó de forma mucho más acusada, este elemento no es otro que el nacionalismo, el cual se llegó a exacerbar tanto en ciertas ideologías tercerposicionistas que indefectiblemente trocó en imperialismo cuando los países que lo enarbolaban tenían la suficiente capacidad para oprimir a otros Estados.
La otra gran característica de los “tercerismos” o “tercerposicionismos” es la apuesta por la conciliación de clases utilizando al Estado como mediador y generalmente evidenciando una clara preferencia por una suerte de clase nacional. Lo que varía generalmente entre unos y otros es precisamente esta característica, ya que mientras algunos “tercerposicionismos” aplican la violencia más despiadada para lograr esta conciliación de clase, otros optan por formas más sosegadas y consensuadas para lograr poner en común a las clases y que de esa manera mancomunen sus intereses en beneficio de la nación de forma mayormente voluntaria.
En este sentido hay que tener en cuenta no sólo a las terceras posiciones digamos de corte “autoritario” o “totalitario”, sino también a todas esas corrientes generalmente ligadas a la socialdemocracia o el socioliberalismo, la economía social de mercado y la democracia cristiana que apostaban también por una tercera vía entre capitalismo y socialismo. Es muy evidente que el general Perón bebe de muchas fuentes, pero principalmente habría que destacar las siguientes: la doctrina social de la Iglesia católica muy bien pormenorizada en la Encíclica Rerum Novarum de León XIII (1891), el aporte teórico de Alcide de Gasperi de pre-guerra en el que trata de conciliar las ideas de libertad y justicia, el humanismo cristiano del filósofo católico francés Jacques Maritain y del catolicismo social argentino del padre Federico Grote, de monseñor Miguel De Andrea y de los Círculos Católicos de Obreros; los cuales se influenciaron fuertemente por las encíclicas papales e impulsaron la conciliación social frente a los antagonismos que a juicio de ellos propugnaban el comunismo y el liberalismo (Piñeiro Iñíguez, citado en Revista Movimiento, 2018).
Habiendo desarrollado una de las principales tesis doctrinales del justicialismo que es la tercera posición, a partir de este punto me detendré en las acciones tanto en el ámbito de la política interna como externa de los dos primeros gobiernos del general Perón para de esa manera entender qué implicó esta tercera posición en la práctica.
En el ámbito económico el justicialismo de los primeros gobiernos de Perón enarboló la independencia económica por bandera acometiendo las siguientes medidas:
Siguiendo una marcada política de corte keynesiano destinada a incentivar la demanda agregada a partir del incentivo de la inversión y del consumo en base al incremento salarial se emprendieron en el periodo 1946-1955 sendos Planes Quinquenales (Marín, 2019).
En términos generales, el Primer Plan Quinquenal (1947 – 1951) se enfocó especialmente en el crecimiento a través del fomento de la producción industrial textil y metalúrgica, mientras que el Segundo Plan Quinquenal (1953 - 1958) tuvo una fijación particularmente desarrollista debido a los desequilibrios exteriores y el aumento de la tasa de inflación interanual (Rugier y Schorr, citados en Marín, 2019), que durante la primera presidencia de Perón de 1946-1951 alcanzó un promedio del 22,6% para alcanzar su pico de 38,8% en 1952. En la segunda presidencia de Perón, la inflación interanual se redujo considerablemente en 1953 y 1954, con un promedio de 3,9% anual, aunque volvió a subir en 1955, al 12,3% anual (Gerchunoff y Llach, 1998).
Del Segundo Plan Quinquenal por tener una prolongación temporal superior al segundo gobierno peronista lo trataremos con más profundidad en el punto 4 de este ensayo. En lo que respecta al Primer Plan Quinquenal las medidas más reseñables fueron las siguientes (Marín, 2019):
- Inversiones estatales en la red caminera
- Utilización de barreras arancelarias para proteger la industria nacional naciente
- Nacionalización del Banco Central y de los depósitos bancarios
- Incentivos a la industria
- Efectuar un proceso de industrialización por sustitución de importaciones o ISI
- Nacionalización del transporte y los servicios públicos
- Políticas para impulsar la redistribución de la renta
No es baladí mencionar que antes del primer gobierno del general Perón el Banco Central de Argentina y sus activos estaban en enorme medida en manos extranjeras y privadas, debido a que el Banco de la Nación Argentina disponía tan sólo de 2000 acciones, las cuales le otorgaban derecho a 1000 votos en la asamblea de accionistas de la institución. En segundo lugar, las provincias disponían de 1918 acciones, contando por ello con 1777 votos. Por otro lado, las entidades bancarias de capital privado consideradas como empresas argentinas disponían del grueso de las acciones con 4261 y tenían derecho a 4120 votos. Finalmente, los bancos extranjeros disponían de 1821 acciones teniendo derecho a 1821 votos, lo que imponía en la vida económica argentina una estructura neocolonial (Gullo, 2017).
Sólo los bancos extranjeros tenían 821 votos más que el Banco de la Nación Argentina, cuyo poder en su propio país para fijar los tipos de interés y dirigir la política económica y monetaria quedaba así totalmente en entredicho, por todo ello la independencia económica antes del peronismo en Argentina era prácticamente inexistente. El Estado argentino de convencer a todas las provincias de votar lo mismo que él contaba con sólo 2777 votos frente a los 5941 votos en manos extranjeras y privadas.
Las políticas del estado por ello estaban a expensas de una autoridad monetaria teledirigida desde fuera que, además, para poder modificar sus estatutos sancionados en la Carta Orgánica requería de una mayoría de 2/3 de los bancos accionistas conformantes del Banco Central (Jauretche, citado en Gullo, 2017), inalcanzable sin los votos del capital privado y extranjero.
En el sector agrícola el peronismo trató de superar las situaciones de arrendamientos y aparcerías, aunque entendiéndolas como instituciones transitorias que al tiempo darían paso a una sociedad de productores-propietarios cuando los trabajadores agrícolas accedieran finalmente a la tierra. Siguiendo esta lógica el peronismo colocó a la figura de los productores individuales agropecuarios en el centro de la ecuación (Anlló et al., citados en Marín, 2019).
No obstante, en el campo del agro el peronismo no desarrolló una revolución agrícola o una reforma agraria especialmente radical, ya que trató de poner en común los intereses de arrendadores y arrendatarios en “Cámaras Paritarias de Conciliación y Arbitraje Obligatorio”, con el objetivo de determinar el valor real de los arrendamientos, disponer su prórroga y resolver las diferencias entre propietarios y arrendatarios. La integración de las Cámaras no agradó a los sectores propietarios, los cuales entraron muchas veces en litigio con el sistema judicial, aunque ello no impidió que las cámaras operasen hasta mediados de la década de los 60 (Palacio, 2018).
En el año 1944, cuando Perón desempeñó el cargo de Secretario de Trabajo y Previsión y luego vicepresidente del gobierno de Edelmiro Farrell se aprobó la primera ley en Argentina que buscaba proteger un mínimo a los trabajadores rurales. Esta ley fue el Estatuto del Peón Rural, el cual fue dictado por Perón por decreto-ley (nº 28.169) del Poder Ejecutivo Nacional. Este nuevo marco legal planteó mejoras muy sustanciales para los campesinos argentinos, tales como: salarios mínimos, descanso dominical, vacaciones pagadas, mayor estabilidad laboral y condiciones mínimas de higiene y alojamiento en los lugares de trabajo (Ascolani, 2009).
La aprobación del Estatuto del Peón de Campo facilitó la posterior regulación del trabajo transitorio de las cosechas. Con la ley 13.020 se fijaron mayores precisiones sobre las modalidades en que los peones transitorios debían desarrollar su trabajo siendo este el esquema principal del marco legislativo peronista (Ascolani, 2009).
Como complemento de la ley se creó además la Comisión Nacional de Trabajo Rural, como organismo intersectorial que buscó representar al gobierno, a los sindicatos y a la patronal y que por otro lado se encargó de dirimir las condiciones del trabajo que se establecerían en cada cosecha y en las diferentes provincias argentinas; poniendo en común las posiciones de todas las partes siguiendo un esquema policlasista y conciliador (Ascolani, 2009).
El marco regulatorio peronista fortaleció la lucha sindical de los trabajadores rurales impulsándose así el sindicalismo moderado que propugnaba la Confederación General del Trabajo, sindicato plural, pero de mayoría peronista desde 1945. En 1947 se creó la Federación Argentina de Trabajadores Rurales y estibadores (FATRE) impulsada por las nuevas leyes sobre asociaciones profesionales; a posteriori la misma se transformaría en la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE).
El Estatuto robusteció la negociación colectiva en general y particularmente el poder de negociación de los sindicatos rurales. El gobierno peronista se comprometió a mantener la rebaja obligatoria del precio de los arrendamientos y la suspensión de los desalojos en beneficio de muchos campesinos sin tierra propia.
Las medidas en beneficio de los trabajadores argentinos no sólo se enfocaron en el trabajo rural, hay que comprender que el peronismo fue un movimiento con una importante raigambre urbana, algo fácilmente contrastable si observamos la cantidad ingente de trabajadores urbanos que asistían a los discursos multitudinarios del General Perón o su esposa Eva Duarte de Perón.
La propia Eva Duarte (1951) se refirió a esta clase de oprimidos como “descamisados”, tanto del campo como de la ciudad; dejando bien claro que son ellos la fuerza motriz del movimiento peronista, así como que su realización a través de la justicia social y una legislación enfocada en los salarios y su relación ascendente en relación con el coste de la vida diferenciando salario “real” y “nominal” era la realización de la nación argentina en su conjunto.
Eva Perón no se olvidó tampoco de los descamisados rurales, esta patriota entendía perfectamente que la situación injustificable de servidumbre y semifeudalismo que sufrían los campesinos argentinos tenía que resolverse a como diese lugar. Los descamisados rurales estaban privados de la tierra por una oligarquía chupasangre y totalmente plegada a los intereses foráneos del grano, que inmisericordemente imponían a los hombres la condición de bestias, privando de todos los derechos habidos y por haber e imponiendo absolutamente todos los deberes posibles (Duarte, 1951).
Hay que recalcar cómo no, que estos intereses extranjeros espurios eran especialmente anglosajones, debido a la inserción injusta que tuvo en su tiempo la Argentina en el mercado británico antes del peronismo. Todo ello por obra y gracia de la famosa división internacional del trabajo de los economistas clásicos, que impuso a muchos pueblos del mundo la servidumbre y la producción de materias primas mientras por otro lado los países promotores de estas ideas (los imperialistas) se dedicaban a obtener pingües beneficios a costa de vender en los mercados de las colonias y semicolonias (como Argentina) los productos manufactureros elaborados o semielaborados.
Horacio Gaggero (citado en Di Tella, 2001) resumió sucintamente la política pública peronista en materia social a través de los siguientes principios:
- Concebir a la sociedad dentro de una matriz comunitaria. No se puede olvidar que Perón expresó en numerosas ocasiones que los individuos sólo pueden realizarse en una comunidad que se realiza, concepción que denominó comunidad organizada.
- Un sistema que se basaba en partidos y organizaciones con intereses económicos, pero siguiendo el esquema sindical justicialista de desarrollar la lucha económica de forma ordenada y conciliando intereses de los diferentes actores implicados en la producción.
- Integrar a los trabajadores al capitalismo a través de la ampliación de su “estándar” de vida ampliando el consumo interno y los salarios reales.
- Promover armonía social a través de la alianza de clases.
- Garantizar el interés general a través de la regulación del mercado dotando al Estado de la autoridad suficiente.
4.Origen del Movimiento de Países No Alineados.
El final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 abrió una ventana de oportunidad a ese Sur Global que estaba resuelto a ser libre y soberano, a partir de ese momento el proceso de descolonización siguió su curso en Asia, África y la América que todavía quedaba por descolonizar, particularmente en el Caribe.
Durante el periodo de la bipolaridad rígida mundial que enfrentó a los sistemas capitalistas y socialistas capitaneados por EEUU y por la URSS se produjeron numerosos movimientos de liberación nacional de índoles muy diversas, pero donde el nacionalismo antiimperialista fue un factor clave de este importante movimiento político. Desde su aparición hasta nuestros días el no alineamiento ha llegado a englobar en su seno a aproximadamente 2/3 de los Estados del mundo.
El Movimiento de Países de No Alineados (MPNA) surgió en este contexto geopolítico mundial en el cual el típicamente denominado Tercer Mundo para mantener por lo menos cierta independencia de los dos bloques bipolares (Sastre, 2011), trató de crear un tercer bloque para aglutinar a todos esos países que no estaban por la labor ni de alinearse totalmente con EEUU ni con la URSS.
Como podremos comprobar en los siguientes apartados de este trabajo en las polémicas en las que Argentina estuvo más implicada; el abigarrado conglomerado que conformaba y conforma el MPNA es muy heterogéneo y las adscripciones geopolíticas de los diferentes países normalmente distan considerablemente las unas de las otras.
Durante la bipolaridad propia de la Guerra Fría en el MPNA hubo países que tendían a defender posturas en el Movimiento que iban más en consonancia con los predicamentos de Estados Unidos y sus aliados; ejemplo de ello serían las excolonias británicas caribeñas que sistemáticamente se posicionaban en contra de la soberanía argentina sobre Malvinas, otros que en oposición a los primeros promovieron mayormente los postulados de la Unión Soviética y sus aliados, como Cuba y finalmente un tercer grupo que intentó llevar a la práctica el no alineamiento más a rajatabla, buscando así una mayor neutralidad activa frente al Primer y Segundo Mundo; tales como Yugoslavia o India.
El precedente principal del MPNA fue la Conferencia de Bandung de abril de 1955, que fue precedida por una reunión en diciembre de 1954 que mantuvieron los primeros ministros de los Estados de India, Birmania, Ceilán, Pakistán e Indonesia, los cuales en este último país iniciaron los preparativos para la futura conferencia afroasiática de Bandung; que se llevaría a cabo con el objetivo de promover la paz mundial y la cooperación internacional, aunque con un enfoque más ligado a la cooperación Sur-Sur (Saavedra, 2004).
Jawaharlal Nehru, ex primer ministro indio, expresó en Bandung una definición bastante pertinente de lo que luego sería conocido como “no alineamiento”:
La conferencia permitirá a Asia y África ejercer una nueva influencia en el mundo. Queremos ser amigos de todos los países asiáticos y africanos; no debemos ser seguidores de Estados Unidos ni de Rusia. Esperamos poder mantenernos apartados de sus disputas y contribuir a evitarlas (citado en Saavedra, 2004, p. 17).
Durante este primer encuentro en Bandung los asistentes condenaron la opresión colonialista y se centraron en el “afroasianismo”, es decir, las cuestiones que unían a los países de África y Asia, tales como ser países del hemisferio sur, con pasado colonial o sufriendo relaciones de dependencia frente a terceros países que derivaban en subdesarrollo económico. La transformación del sistema mundial de relaciones internacionales no se abordó todavía en esta conferencia, pero sería definido posteriormente en los planteamientos del “no alineamiento”.
5.Desarrollismo del gobierno de Frondizi.
El desarrollismo o la economía del desarrollo tomó diferentes formas en Argentina. Existió una suerte de desarrollismo transversal que podía ser asimilado por la mayoría de sectores de la vida política y económica argentina que buscaban la maduración del capitalismo y superar el subdesarrollo, ya fueran sectores más afines al peronismo, al radicalismo, al militarismo o al liberalismo.
No obstante, el movimiento desarrollista de Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio fue durante el periodo presidencial de 1958-1962 de carácter más rupturista con el modelo agroexportador (enfocado por tanto en la exportación de bienes primarios), que el llevado a cabo por Raúl Prebisch durante la Revolución Libertadora (1955-1958) que derrocó a Perón. El modelo de Prebisch era en este sentido más gradualista (Furet, citado en Jáuregui, 2016). De todas maneras, ambos modelos desarrollistas pueden englobarse dentro de la “economía del desarrollo” y del “keynesianismo”, que preconizaba economías concentradas con una fuerte tecnificación para así ampliar la productividad y disminuir los costes beneficiándose de las economías de escala.
A pesar de que la oposición civil y militar veían en Frondizi y especialmente en Frigerio una especie de criptocomunistas. Durante la presidencia de Arturo Frondizi de la Unión Cívica Radical Intransigente (un partido mucho más socioliberal que comunista), se declaró ilegal al PCA a pesar de que estos lo apoyaron en las elecciones de 1958, precisamente con el objetivo de que la oposición más anticomunista se tranquilizara (Jáuregui, 2016).
En relación al pacto Perón-Frondizi previo a las elecciones de 1958 se generó mucha desconfianza tanto en los sectores antiperonistas como en los sectores izquierdistas, debido a ello se convocaron numerosas huelgas al poco tiempo de que se permitieran más derechos para los sindicatos, los cuales sustrajo previamente la “Revolución Libertadora” (Jáuregui, 2016).
No es baladí destacar que la “economía del desarrollo” era un concepto muy preconizado por la CEPAL en aquellos años, de manera que la concepción desarrollista era en gran medida cepalina y buscaba soluciones al subdesarrollo desde la periferia. A partir de 1958 se inició el último subperíodo de la ISI, el cual se articuló a través de la industria petroquímica y metalmecánica, siendo la industria automotriz el sector más prominente (CEPAL, 1993).
El sector secundario tuvo en este periodo un desempeño significativo; generando empleo y crecimiento económico. Pese a la alta protección comercial se logró dinamizar el mercado interno logrando un mayor nivel de autoabastecimiento. Por otro lado, la participación de empresas extranjeras en el mercado argentino fue beneficiosa para abastecer al país de insumos esenciales para asegurar la cadena de suministros y estabilizar la matriz insumo-producto (CEPAL, 1993).
Las bases de esta segunda etapa industrializadora en Argentina las marcó en buena medida el Segundo Plan Quinquenal inconcluso del segundo gobierno de Perón. Sus características principales fueron las siguientes (Marín, 2019):
- Estímulo a la industria pesada
- Incentivos a la inversión extranjera
- Promulgación de la ley 14.122 que garantizaba la permanencia de la IED
- Control de la inflación a través del manejo de la política monetaria
Es relevante resaltar que la administración de Frondizi fijó como uno de sus objetivos principales lograr el autoabastecimiento petrolero. Debido a la falta de recursos inicial se recurrió a capitales extranjeros. En 1958 Rogelio Frigerio anunció la firma de contratos de explotación con empresas extranjeras para extraer petróleo en el menor tiempo posible. Desde ese momento la política petrolera la gestiona YPF, reestructurada a tal efecto. Mediante la ley 14.773 se dispuso que los yacimientos de hidrocarburos sólidos, líquidos y gaseosos eran bienes exclusivos, imprescriptibles e inalienables del Estado Argentino (Blanco, 2019).
En materia de política exterior el gobierno de Frondizi mantuvo una línea relativamente autónoma, cerrando los primeros acuerdos comerciales petroleros con la Unión Soviética (Rapaport, citado en Blanco, 2019), pero manteniendo a la vez estrechas relaciones con EEUU; en particular con la administración de John F. Kennedy.
Por otro lado, las relaciones diplomáticas con Cuba fueron de amistad, ya que Fidel Castro visitó Buenos Aires y el gobierno argentino se reunió clandestinamente con Ernesto Guevara para mediar sin éxito entre EEUU y Cuba. Finalmente, en la Conferencia de Uruguayana se sentaron las bases de lo que posteriormente sería el Mercosur.
6.No alineamiento del Tercer peronismo y entrada de Argentina en el MPNA como miembro de pleno derecho.
Es comprensible que con la proscripción del peronismo durante 18 años desde 1955 hasta 1973 el “tercermundismo” quedara bastante relegado en Argentina, no obstante, ello no impidió que durante la presidencia de Arturo Illia el país sudamericano se convirtiera durante la Cumbre de El Cairo de 1964 en miembro observador del MPNA (Sastre, 2011).
Con la elaboración del Marco Trienal a partir del año 1973 se establecen lineamientos diplomáticos para ampliar la cooperación Sur-Sur con el Tercer Mundo en general y con Iberoamérica en particular (Paradiso, citado en Saavedra, 2004).
Durante la presidencia interina de Raúl Lastiri, en 1973, Argentina ingresó como miembro con derecho a voto en el MPNA (Sastre, 2011). En un momento en el cual el justicialismo dio un giro de timón en la política exterior del país impulsando con más brío la integración iberoamericana, así como poniendo fin al ostracismo económico en que se había mantenido a Cuba desde 1962 debido al bloqueo comercial impuesto por EEUU ese mismo año.
Argentina optó por concederle al país caribeño un crédito para que adquiriera automotores argentinos deslegitimando así la autoridad de EEUU y dando a entender que Argentina primaba la cooperación con sus pares que la imagen pública de la nación frente a Estados Unidos.
Fue el embajador argentino en Belgrado Ernesto de la Guardia el encargado de transmitir las intenciones yugoslavas de que Argentina entrara a formar parte de los no alineados, ya que la jefatura del país socialista entendía que Argentina podía suponer un contrapeso a las posturas más radicales y pro-soviéticas de Cuba y Chile en el grupo latinoamericano (Saavedra, 2004).
Hay que entender que Yugoslavia defendía una posición ortodoxamente no alineada en el MPNA, debido a los conflictos que tuvo con la URSS, tales como el conflicto Tito-Stalin y que dentro del Movimiento Comunista Internacional no se la consideraba una nación socialista de pleno derecho por haber implementado políticas pro-mercado que conculcaban los principios de planificación económica centralizada que en aquel entonces preconizaba el campo socialista.
Tras recibir la invitación de Argelia, el país que iba a ser anfitrión de la IV Cumbre de 1973 la Cancillería argentina evalúo las ventajas y desventajas de pertenecer al MPNA para finalmente entender que formar parte de la organización era la mejor opción en el marco de la defensa de una política exterior más autónoma y libre de prejuicios ideológicos. El canciller Vignes (citado en Saavedra, 2004) declararía posteriormente que el ingreso argentino en el MPNA era totalmente coherente con la concepción tercerposicionista de las relaciones internacionales que tenía la Argentina justicialista y que había sido formulada hacía 30 años.
Luego de algunas disidencias internas, particularmente africanas, debido a las estrechas relaciones diplomáticas y comerciales que mantenía Argentina con la Sudáfrica del apartheid; así como por su posición equidistante en el conflicto árabe-israelí de Oriente Próximo, Argentina inició su incorporación al MPNA como miembro de pleno derecho en agosto de 1973, un mes antes de la celebración de la Conferencia de Argel.
El canciller Vignes trató de disipar las dudas de algunos países miembros en Argel condenando al régimen sudafricano por su política de segregación racial y recalcando el apoyo argentino de la resolución 242 de 1967 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas relativa a la retirada de tropas israelíes de los territorios palestinos ocupados ilegítimamente.
La Cancillería argentina conformó un grupo de trabajo presidido por el embajador Francisco José Figuerola para la concurrencia a Argel en el que se marcaron los lineamientos que se debían seguir durante la Cumbre. Se acordó no asumir posiciones ideológicas marcadas, preservar la identidad nacional dentro del grupo y enfocarse en la defensa de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas y la utilización y protección de los recursos naturales por las naciones (Vázquez Ocampo, citado en Saavedra, 2004).
Fue el canciller Alberto Vignes quien introdujo por primera vez la cuestión de la soberanía de las Malvinas en el MPNA especificando que los derechos de la población malvinense serían salvaguardados por el gobierno argentino. También planteó un tema que sería fundamental en las múltiples intervenciones posteriores de la delegación argentina relativo a la seguridad económica de los Estados y los derechos de explotación de los recursos naturales. Se enfocó principalmente en la libertad de navegación y vuelo, así como en la defensa de una amplia plataforma continental que permitiera a los países ribereños explotar sus recursos marítimos hasta las 200 millas.
Junto con países como India, Yugoslavia o Libia Argentina mantuvo una postura crítica relativa a la visión más favorable del mundo socialista promovida hasta la saciedad por Fidel Castro, cuya visión abiertamente pro-soviética lo llevaba a denunciar sólo un imperialismo.
En materia económica Vignes planteó que había que acabar con la marginación de los países que habían quedado al margen del sistema financiero mundial nucleado en torno a las organizaciones de Bretton Woods y que si se pretendía impulsar el GATT era necesario invitar a la reunión que se celebraría en Tokio posteriormente a los gobiernos de China y la URSS para promover la no exclusión y la diversidad de sistemas sociales y económicos en la comunidad internacional (Vignes, citado en Saavedra, 2004).
En los siguientes párrafos recopilo las sentencias más destacables del mensaje pronunciado por Perón en Argel (citado en la bibliografía) que muestran muy claramente el posicionamiento argentino:
- En lo que a política internacional se refiere, los términos de nuestro accionar son claros y precisos. Sostenemos desde el instante mismo del nacimiento del Justicialismo, como principios y objetivos básicos en lo internacional, lo siguiente:
1. La defensa integral de la soberanía nacional en todo nuestro territorio y especialmente sobre la Antártida Argentina, las islas Malvinas y sus islas dependientes.
2. El ejercicio pleno de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política como bases para asegurar a cada pueblo del mundo su propia felicidad, mediante la realización de la propia justicia y la propia libertad.
3. La tercera posición como solución universal distinta del marxismo internacional dogmático y del demoliberalismo capitalista que conducirá a la anulación de todo dominio imperialista en el mundo. Nuestra Doctrina Justicialista dice claramente: “Deseamos vivir en paz con todas las naciones de buena voluntad del mundo”.
- Pero quiero recordarles que estas premisas fueron anunciadas por el Justicialismo hace treinta años. El mero hecho de que recién hoy tengan vigencia actualizada puede residir en la inexperiencia y la soledad de los pioneros, dado que no teníamos las condiciones ambientales propicias para asimilar nuestra tercera posición, que hoy se traduce en el Tercer Mundo en acción”. (Aquí Perón trata de conjugar como puede la tercera posición con el “tercermundismo”).
- Y aquí repito una frase que es básica en la vida de nuestros pueblos, especialmente para los de Latinoamérica y para todos los pueblos del Tercer Mundo: el año 2000, encontrará a los pueblos unidos o esclavizados. ¿Qué nos deparará el futuro? (Aquí se plantea que el destino de Iberoamérica y otras partes del mundo de no integrarse de alguna manera será la sumisión a las grandes potencias).
“Ayer fue la época de las nacionalidades, hoy es la época del continentalismo y muy en breve será la era del universalismo.” (El justicialismo como se puede observar no era exclusivamente nacionalista, sino que entendía que el futuro del mundo era el continentalismo, lo que en relación a Argentina implicaba participar activamente en la integración iberoamericana).
7.Perfil bajo occidentalista del Proceso de Reorganización Nacional.
Tras la muerte de Perón el 1 de julio de 1974 su segunda esposa María Estela Martínez de Perón asumió la presidencia del país, ello supuso una relectura de los no alineados y Argentina comenzó a participar mucho menos activamente en el MPNA sentando las bases de una nueva aproximación mucho más occidentalista.
El autodenominado Proceso de Reorganización Nacional fue una dictadura militar implantada en el país tras el golpe de Estado acaecido en marzo de 1976 que proscribió nuevamente al justicialismo. El poder entonces lo asumió una Junta Militar conformada por las tres ramas del Ejército que se lo repartió por cuotas (33% para cada rama) (Saavedra, 2004).
Durante la presidencia de Jorge Rafael Videla al inicio del Proceso la visión que tenían los militares argentinos sobre el MPNA era más bien negativa, por asociarlo al mundo socialista y porque en su seno había bastantes países que efectivamente eran socialistas o comunistas. En la etapa previa justicialista ya existían sectores económicos; generalmente ligados a las derechas y al liberalismo que eran muy reacios a la participación argentina en el MPNA, sectores que se fortalecieron especialmente tras la Conferencia de la Habana de 1979 cuando Cuba presidió el movimiento.
No es de extrañar que, durante los primeros años del Proceso, buena parte de las autoridades no viesen con malos ojos la salida del MPNA, entendiendo que Argentina era un país católico, occidental, demasiado rico y demasiado blanco para aceptar ser parte del “Tercer Mundo” y por tanto del grupo de países más desgraciados (Russel, citado en Saavedra, 2004).
Con respecto al MPNA en el Proceso hubo dos posturas, la primera defendida por los funcionarios de carrera de la cancillería que secundaban la permanencia y la segunda defendida por los sectores militares que querían abandonar el movimiento. Como ninguna logró imponerse completamente se optó por mantener un perfil muy bajo y servirse de la organización en áreas relativas a la política exterior argentina como eran los derechos humanos (por la no injerencia en ese aspecto que preconizaba el MPNA), la energía nuclear y la cuestión de Malvinas. Hay que entender el contexto de aislamiento internacional en el que se encontraba la dictadura, lo que explica por qué los militares acabaron aceptando a regañadientes la permanencia.
En la V Conferencia Cumbre de Colombo de 1976 la delegación argentina mantuvo una postura muy poco participativa en torno a las cuestiones políticas clásicas del movimiento y en relación a las cuestiones económicas que se enfocaron en la promoción de un nuevo orden económico internacional más justo desde la perspectiva del Sur, todo ello debidamente desarrollado en los documentos de la Declaración y el Programa de Acción Económicos (La Opinión, citado en Saavedra, 2004).
Como en otras ocasiones Argentina tomó distancia de las posturas radicalizadas que exigían importantes responsabilidades al Norte Global y se mantuvo más cercana a países como Egipto, Yugoslavia, India, Perú o Panamá con el fin de que el MPNA planteara propuestas realizables en un marco de cooperación y unidad del movimiento.
En esta Conferencia la delegación argentina logró que se incluyese el reclamo sobre las Malvinas en la Declaración Final de la misma, instando a Gran Bretaña a poner fin a la situación de ilegalidad y a colaborar con Naciones Unidas en el traspaso de la soberanía del archipiélago.
La asistencia de la delegación argentina a la VI Conferencia Cumbre de la Habana en 1979 generó malestar porque las autoridades cubanas incluyeron en el borrador de la Declaración que el MPNA debía acercarse al bloque socialista y reconocer que era un aliado natural. Los países moderados entre ellos Argentina, representada por el comodoro Cavándoli, no permitieron la inclusión de ese punto, como tampoco se permitió incluir en la Declaración Final la expulsión de Egipto por los acuerdos de Camp David con Israel. Aunque sí se acabó aceptando la inclusión de una condena explícita al gobierno de Anwar al Sadat por su claudicación y por presiones de los países árabes de línea más dura.
En cualquier caso, los miembros menos críticos de la cancillería siempre se justificaron desde el más meridiano pragmatismo frente a los sectores más partidarios del abandono del MPNA, alegando que era un foro muy amplio y variado donde no se exigían compromisos ideológicos a los Estados miembros.
El ex canciller argentino Óscar Camilión durante la corta presidencia de Roberto Viola tuvo una opinión relativamente favorable del MPNA debido a que pensaba que entrar en contradicción en algunos asuntos con EEUU y con Occidente era posible debido a que Argentina era un país en vías de desarrollo. Por ello sin negar su condición de país cristiano y occidental creía que existían intereses comunes con los no alineados (Russel, citado en Saavedra, 2004).
La derrota en Malvinas frente a Gran Bretaña en 1982 obligó a los hombres del Proceso a replantearse su postura particularmente tibia en el MPNA, superando así la lógica abiertamente pro estadounidense defendida por el presidente Leopoldo Galtieri. Se ha de mencionar que cuando Argentina invocó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca durante la Guerra de Malvinas EEUU no intervino porque Argentina fue considerada la nación agresora.
En la VII Conferencia Cumbre de Nueva Delhi de 1982 Reynaldo Bignone condenó enérgicamente a Sudáfrica y a Israel defendiendo respectivamente la independencia de Namibia y los derechos palestinos. Por otro lado, la reunión que mantuvo con Yassir Arafat generó muchas críticas por parte de los sectores militares más recalcitrantes y una parte del público. Pero, en cualquier caso, el movimiento se solidarizó con la causa argentina en Malvinas en la Declaración Final de la Conferencia cumpliéndose el objetivo perseguido (Saavedra, 2004).
Como se expone en Gullo (2005) el Proceso supuso un retroceso económico en materia industrial para la Argentina, debido a la sobrevaluación del peso que dinamitó la competitividad de la industria naciente argentina, así como al incremento de la deuda externa en moneda extranjera de 7.800 millones a 27.100 millones de dólares; lo cual dificultaría una futura reindustrialización con fondos propios.
8.Profundización del no alineamiento durante el gobierno de Raúl Alfonsín.
No fue hasta el retorno de la democracia a Argentina en 1983 y durante la presidencia del radical Raúl Alfonsín que el país tomó orientaciones abiertamente más no alineadas, teniendo el país debido a ello una participación más activa en el MPNA, pero sin renunciar a su identidad occidental.
En oposición al periodo previo y preconizando la defensa de los derechos humanos se rompieron relaciones diplomáticas con Sudáfrica en un intento por ganar apoyos en el África negra en la reivindicación de Malvinas. Por otro lado, Argentina siguió formando parte del grupo de países moderados, pero asumiendo un mayor papel de liderazgo en la toma de decisiones y contribuyendo a la desradicalización y modernización del MPNA.
Asumiendo las interpretaciones yugoslavas, Argentina en la misma línea secundó que el MPNA mejorase su posición negociadora frente al Norte, logrando que la actividad del movimiento fuera más efectiva y menos abstracta a través de una mayor concreción y simplificación de la toma de decisiones (Alconada, citado en Saavedra, 2004). Todo ello aprovechando las oportunidades que brindaba la nueva etapa de mayor distensión que se estaba gestando gracias a los diálogos de Reagan y Gorbachov, como apuntó el canciller Dante Caputo.
En reconocimiento por la participación más activa del gobierno radical en el MPNA Argentina fue elegida como coordinadora del Programa de Acción para la Cooperación Económica del movimiento en la utilización de la energía nuclear con fines pacíficos; siendo Buenos Aires la sede de la reunión sobre el asunto (Tello, citado en Saavedra. 2004).
En la Conferencia de ministros de 1985 con sede en Luanda la delegación argentina concurrió como no podía ser de otra manera con una actitud moderada coadyuvando a enmendar buena parte de los artículos más excesivos planteados por los angoleños en el borrador de la Declaración Final. En lo que respecta a los intereses nacionales se peleó contra las ideas abstractas de internacionalización de la Antártida, donde Argentina tenía intereses estratégicos.
En esta misma conferencia, Argentina se opuso a la visión de Angola y Cuba de romper con el sistema financiero internacional por el interés del gobierno radical de un diálogo racional con los acreedores de forma que la imagen de Latinoamérica frente a los inversores no quedara tan deteriorada (Saavedra, 2004). Con respecto a la crisis centroamericana buscó reducir el tono agresivo y conciliar lo más posible.
En la VIII Conferencia Cumbre de 1986 en Harare Alfonsín mencionó que se debía tratar el asunto de la deuda externa del Tercer Mundo y buscar cambios en el orden económico mundial, criticó la bipolaridad y defendió la soberanía argentina sobre Malvinas. La delegación argentina contribuyó además a reducir el tono netamente antiestadounidense del borrador de Declaración Final presentado por Zimbabue.
Si bien la administración radical no logró cumplir su objetivo de presidir el MPNA, sí le legó al gobierno siguiente una Argentina mucho más comprometida con el no alineamiento en un periodo en que la Guerra Fría iba llegando a su fin.
9.Argentina no es del Tercer Mundo: salida acrítica del MPNA durante el gobierno de Carlos Menem.
Durante el gobierno del justicialista Carlos Menem, electo presidente tras las elecciones de 1989, el panorama mundial empezó a desdibujar la lógica detrás del no alineamiento, ya que uno de los bloques al cual no había que alinearse se estaba resquebrajando debido a las contrarrevoluciones de terciopelo de Europa del Este y la posterior voladura interna de la URSS en 1991.
A la primera conferencia cumbre de jefes de Estado del MPNA celebrada en Belgrado en 1989 asistieron el presidente Menem y el canciller Domingo Cavallo. En Belgrado el presidente sostuvo en su discurso que el Tercer Mundo era culpable en buena medida de su subdesarrollo y que no se debía reclamar la autoridad de los indolentes, los incapaces y los ineficientes. Finalmente agregó que la peor dependencia del Sur es la dependencia de pensar que son otros los que condicionan su propio destino (Paradiso, citado en Saavedra, 2004).
Con esta declaración de intenciones se dejó bien claro por parte de la delegación argentina su interés por ingresar más pronto que tarde en el “Primer Mundo”, asumiendo en esencia el discurso del Norte Global para con el Sur Global.
La visión argentina en Belgrado plasmada en el informe de la delegación se enfocó en que se podía mantener una estrecha cooperación con los países del Atlántico Norte a la par con una participación activa en el MPNA (Saavedra, 2004). Por otro lado, se expuso la necesidad de que los documentos del movimiento se centraran en temas específicos dejando de lado la confrontación y el “ideologismo”, todo ello con el fin de edificar un no alineamiento más constructivo.
Tan pronto como en 1991 el nuevo canciller Guido Di Tella cuando se acercaba la celebración de la conferencia ministerial de Ghana del mismo año ya dejó entrever que el nuevo gobierno no se encontraba especialmente cómodo formando parte del MPNA.
De todas maneras, se pusieron sobre la mesa algunos elementos que la delegación debía tratar en Ghana como era el asunto de los derechos humanos y el pluralismo político, medio ambiente, derechos de la mujer, valorización de la iniciativa privada en el desarrollo, IED, lucha contra la discriminación, el narcotráfico y el lavado de dinero y los procesos de integración regionales y subregionales por ser temas no demasiado tratados hasta ese momento por el MPNA. El entendimiento con el G7 y el fortalecimiento del Grupo de los 77 y de los 15 también fueron tópicos a tratar en Ghana (Saavedra, 2004).
Como era de esperar Di Tella no estuvo de acuerdo con los temas relativos a derechos humanos en el borrador redactado por los ghaneses, ya que los mismos lógicamente entendían que el cumplimiento de los derechos humanos y libertades fundamentales tan cacareados por los países desarrollados y utilizados como arma arrojadiza contra el Sur se podrían hacer valer más eficazmente si existía previamente un desarrollo económico nacional o un sistema de creencias más acorde con la noción occidental de “derecho humano”.
No obstante, esos argumentos no fueron suficientes para Argentina que actuando como abogado de las potencias atlantistas, las cuales también incumplen los derechos humanos a conveniencia, alegó que podían servir para justificar todo tipo de violaciones de los derechos humanos, los cuales a juicio de Argentina eran netamente universales y no adaptables a cada realidad nacional concreta; una posición que la realidad histórica demuestra como voluntarista e idealista a más no poder.
La delegación argentina tampoco estuvo de acuerdo en una mención que se hizo en el documento final de Ghana a la transición a un mundo más unipolar basada en la “pax americana” debido al consenso obtenido por EEUU en su intervención en la Guerra del Golfo. Al final, la preferencia revelada de Argentina era muy evidente, y no era otra que el hecho de que en su dirigencia la alineación automática con las potencias otanistas y sus socios asiáticos y oceánicos era lo que se buscaba de manera ferviente.
Debido a que la dirigencia argentina entendió que el MPNA no se adaptaba al cambio de rumbo que ellos tenían en mente tras la caída del campo socialista y que la retórica excesivamente crítica con Occidente, la ONU y su Consejo de Seguridad persistía en los documentos elaborados; tan sólo un día después de finalizar la conferencia Menem y Di Tella anunciaban que el país abandonaría el movimiento.
La salida argentina se produjo principalmente porque no parecía que hubiera gran voluntad de reforma y porque Menem y Di Tella suscribían la idea de que sin haber ya Segundo Mundo no podía existir un tercero (Clarín, citado en Saavedra, 2004), de forma que querer formar parte de ese Tercer Mundo era una actitud “masoquista” que restaba credibilidad a Argentina.
Al poco tiempo la cancillería presentó un comunicado en el que se justificaba la salida porque el MPNA no iba en concordancia con los valores argentinos, de tal forma que abandonando el no alineamiento se dejaría de vincular a Argentina con decisiones de las que disentía completamente. Di Tella (citado en Saavedra, 2004) expresó que esta posición era “políticamente constructiva y éticamente irreprochable”. En referencia a que se asumía que varios regímenes autoritarios utilizaban el MPNA en su beneficio.
Finalmente diremos que Argentina en su intento de agradar a EEUU abandonó dando un “portazo” el no alineamiento, a pesar de que en ningún momento los países atlantistas le indicaron al gobierno menemista que tomara semejante iniciativa. Con este gesto particularmente lacayo se entiende que Argentina quiso formar automáticamente parte del Primer Mundo, pero después de más de 30 años parece que esa meta tan ambiciosa no se ha cumplido, lo que demuestra que del dicho al hecho hay un trecho.
10. Argentina y Brasil: La gran oportunidad de la Comunidad de Naciones Sudamericanas.
Los antecedentes de la estrecha colaboración argentino-brasileña los encontramos ya en la etapa previa al primer peronismo. El general Perón se influenció mucho por el pensamiento del filósofo peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, el cual defendía un proceso industrialista con impulso estatal a gran escala en el mercado sudamericano aprovechando las economías de escala (Gullo, 2005).
La visión integracionista de Perón estaba sustentada también en esa literatura de autores iberoamericanos de principios del siglo XX que tendían al hispanismo por ponderar la conquista de América positivamente y no renegar de la herencia de España, algo que el general suscribió debidamente en su discurso del 12 de octubre de 1947 (citado en la bibliografía).
Para lograr la integración Perón recurrió a Brasil y a Chile sacando a la palestra un nuevo ABC (Asis, 2015), precisamente porque encontró a líderes afines en las naciones hermanas. En Brasil gobernaba Getulio Vargas y en Chile el general Carlos Ibáñez del Campo, ambos como Perón de ideas tercerposicionistas y nacionalistas.
Como se expone en (Gullo, 2005) los vínculos entre Perón y Vargas ya existían antes de 1945, pero la campaña orquestada contra Vargas en 1946 con el apoyo del embajador estadounidense en Brasil Adolf Berle, Jr. imposibilitó que se concretara la alianza entre ambos dirigentes que se presuponía de ganar Perón las elecciones presidenciales de 1946.
Durante el primer peronismo en un homenaje que hace Perón a la independencia de Brasil en 1951, el general propone la alianza argentino-brasileña como “centro de gravitación” para la integración sudamericana. Pero de manera impredecible Vargas vuelve a ser desprestigiado en otra campaña política de 1954, lo que conduce a su posterior suicidio y un año después en 1955 al derrocamiento de Perón por la “Revolución Libertadora” (Gullo, 2005).
Estos dos primeros fracasos fortalecieron la posición de fuerza del imperialismo estadounidense en la región; que utilizó como en otras épocas la famosa táctica de “divide y vencerás”, generando que los caminos de Brasil y Argentina se bifurcaran notoriamente y que la rivalidad persistiera.
A pesar de estos obstáculos los intentos de cooperar continuaron y durante la presidencia de Frondizi el gobierno argentino trató de mejorar las relaciones diplomáticas con Brasil e incluso trató de corregir, aunque sin demasiado éxito, la situación de desventaja que existía entre ambas naciones por exportar Argentina materias primas y Brasil manufacturas industriales. Frondizi mantuvo relaciones amistosas con los presidentes brasileños Kubitschek, Quadros y Goulart. Todo ello a pesar de estar maniatado por los sectores militares que no veían con buenos ojos el acercamiento argentino-brasileño.
Tras los golpes de Estado militares en Argentina y Brasil orquestados en el marco del Plan Cóndor el sueño de la integración continental volvió a paralizarse hasta el retorno de los regímenes presidenciales democráticos en Brasil y Argentina de la mano de José Sarney y Raúl Alfonsín respectivamente.
Ambos presidentes establecieron las bases de lo que luego fue el Mercosur en la Declaración de Foz de Iguazú de 1985. El Mercosur se fundó en 1991 en plena era neoliberal, de forma que durante más de una década la integración se limitó a facilitar el libre comercio de mercancías sin avanzar en otras esferas como la industrialización continental aprovechando las economías de escala.
Lula da Silva y Néstor Kirchner en los años 2000 sin duda ejercieron una labor de al menos cierta tendencia al autonomismo continental, ya que se opusieron radicalmente al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) por la cual EEUU pretendía inundar los mercados sudamericanos de sus mercancías de alto valor agregado mientras se impulsaba la reprimarización en el Sur manteniendo las relaciones desiguales y de dependencia. Este proyecto finalmente no pudo concretarse gracias a los esfuerzos mancomunados del subcontinente, aunque las élites de conducción no llegaron a desembarazarse completamente de la ideología neoliberal dominante.
Ambos líderes sudamericanos en respuesta a esta estrategia del hegemón respondieron además con la potenciación del Mercosur; que es una zona de libre comercio, unión aduanera con aranceles comunes frente a terceros, plataforma industrial y área de libre residencia. No obstante, la cooperación todavía tiene que profundizarse bastante, particularmente estableciendo un intercambio mucho más generoso de patentes y conocimiento científico- técnico.
Generando un esfuerzo industrializador conjuntamente financiado por todos los Estados miembros a través de colaboración público-privada asumiendo los Estados el liderazgo especialmente donde la iniciativa privada esté más rezagada, ello con el objetivo de superar los intercambios comerciales desiguales entre los miembros y dinamizar y complejizar considerablemente los mercados nacionales para que sean capaces de exportar todo tipo de mercancías y servicios superando la dinámica neoliberal de la reprimarización, justificada por la ideología de la división internacional del trabajo y difundida por las élites agroexportadoras y sus medios afines.
Por otro lado, el Mercosur ha de lograr establecer una plena libre circulación de personas tratando de evitar el acaparamiento de población más capacitada por los centros urbanos más desarrollados e industrializados, para ello se ha de fomentar la migración de capital humano de alta calidad de las zonas más industrializadas a las menos industrializadas a través de incentivos salariales y proyectos financiados con fondos propios o a crédito por el Mercosur y los Estados miembros.
Si el Mercosur es capaz de profundizarse puede ser el comienzo de una verdadera integración política en Iberoamérica, que aproveche la comunidad de idioma común gracias a la relativa fácil inteligibilidad y mutua comprensión del español y el portugués; así como también las semejanzas culturales, psicológicas y sociológicas de la civilización iberófona.
11. Conclusiones.
Tras este repaso de las acciones acometidas en política exterior por parte de los sucesivos gobiernos argentinos se observa que existe una línea conductora que lleva a la Argentina a la búsqueda incesante de toda su clase política de una suerte de “autonomía heterodoxa” que Puig (citado en Míguez, 2017) definiría como el intento de la élite de conducción de un país de tener el mayor rango de acción posible sin romper totalmente con la potencia hegemónica; planteando en muchos casos políticas económicas y una política exterior que se podrían catalogar como “disidentes”, en tanto que se enfocan principalmente en la defensa de los intereses propios de la nación. Esta aproximación “contrahegemónica” en Argentina tomó forma a través de la tercera posición justicialista.
No obstante, Argentina, tanto por sus acciones en el MPNA y en su política exterior en general siempre trató de mantener relaciones cordiales con EEUU a sabiendas de los sacrificios que podía acarrear un deterioro importante de las relaciones con el hegemón occidental. Por esa mayor cercanía con el bloque occidental Argentina utilizó durante bastante tiempo el MPNA para ganar apoyos en su reivindicación sobre Malvinas, siendo conocida en el movimiento como un “one issue country” (Saavedra, 2004). De forma que por ese pragmatismo tan marcado y a veces un perfil muy bajo no se llegó a implicar nunca especialmente en el no alineamiento; por este motivo jamás tuvo apoyo suficiente para presidir el movimiento y virarlo a posturas más moderadas y conciliadoras con los países atlantistas.
Durante el siglo XX Argentina trató con éxito moderado de construir esa autonomía heterodoxa que todavía hoy mantiene y gracias a ello es parte del dúo de países semiperiféricos iberoamericanos que tienen mayor margen de acción en el continente, a saber, Argentina y Brasil. Estos dos países son los que tienen la llave para edificar la integración iberoamericana y por tanto de sus élites y de sus pueblos depende el éxito o el fracaso de uno de los proyectos continentalistas de mayor envergadura que puede experimentar la humanidad en general y el mundo iberófono en particular.
Tal y como afirma el geopolitólogo brasileño Helio Jaguaribe “No tendremos ninguna capacidad de preservar nuestra identidad nacional si navegamos aislados en el mar de la historia” (Jaguaribe, citado en Gullo, 2005). Lo cual a mi juicio aplica ya no sólo a Iberoamérica, sino a la comunidad iberófona en general incluyendo por supuesto a España y Portugal.
12. Bibliografía y webgrafía.
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